PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Nos vamos a referir, en esta ocasión, al celebérrimo dúo denominado “Silva y Villalba”, practicante de la música colombiana y con alto grado de dominio del mercado, allá por las “décadas doradas”, es decir los años ’60 y ’70 del pasado siglo XX. Es verdad que su mayor éxito lo lograron en su propio país de origen, Colombia, pero no tardó en extenderse a otros estados vecinos: Venezuela, Canadá, Brasil, EE.UU. y otros muchos países. El dúo lo fundaron los intérpretes de música tradicional Rodrigo Silva Ramos (14-11-1945, Neiva-Huila-Colombia/08-01-2018, Ibagué-Cordillera Central de los Andes-Colombia) y Álvaro Villalba Castro (21-10-1931, El Espinal-Tolima-Colombia/17-06-2021, Ibagué-Cordillera Central de los Andes-Colombia). Fallecidos, el primero, con 72 y Villalba con 89 años. Obviamente, desde que murió el primero, dejó de existir el dúo y, ahora, el reciente óbito de Villalba, nos ha concedido razones para recordarles. En cualquier caso, su ininterrumpido periodo de actividad se extendió desde 1966 hasta 2018.

En su país estaban considerados como uno de los grupos de música tradicional más importantes de Colombia, solamente comparables al dúo conocido como “Garzón y Collazos”, a quienes podríamos calificar como sus antecesores y maestros, así como el grupo “Los Tolimenses”, únicos colectivos artísticos del nivel de “Silva y Villalba”. Tal fue su proyección en Colombia que llegaron a conocerse como “Los príncipes de la canción colombiana”, quienes, además, llevaban la vocación musical grabada desde su misma cuna. Antes de cumplir 20 años, Álvaro formó dúo con Edberto Guzmán, en el Colegio San Simón de Ibagué, con la denominación de Guzmán y Villalba. Simultáneamente, Rodrigo formaba otro dúo con Henry Faccini: “Silva y Faccini”. Finalmente, surgió el encuentro entre “Silva y Villalba”, quienes unieron sus magníficas voces y su amplio talento musical durante más de medio siglo, llegando a convertirse, estos gigantes colombianos, en un referente importante de la prestigiosa música andina. El fallecimiento de Álvaro Villalba ha supuesto para el dúo su traslado a la inmortalidad, lo que a muchos seguidores cercanos a la pareja de artistas les ha servido para recordar cuando, en el sepelio del primero de los dos fallecidos, Villalba comentó que “Ahora sólo soy la mitad”. Tenía la salud tan afectada que, según las personas más cercanas al artista, ese sepelio le sirvió para, de alguna manera, presenciar, también, su propio entierro.

Actuaciones en festivales, éxitos continuados, reconocimientos y galardones, han jalonado una vida repleta de trabajo recompensado con ese respeto logrado en numerosos países. Prestigiados por su maestría y valorados por saberse ganar la amistad, confianza y respeto de muchos grandes del arte del pentagrama. Buena gente, grandes artistas, intérpretes de verdadera “finura” y magos del escenario, espacio que dominaban con una soltura extraordinaria. Muchos años de gloria que han dejado una estela imborrable, aunque aquí, en nuestro país, existan muchas personas que no han llegado a conocerles ni a saber de su existencia, razón por la que nos complace traerles a las páginas de “El Noroeste”, como homenaje a su brillante trayectoria artística y como reconocimiento al repertorio que nos dejan inmortalizado a través de la técnica de las discográficas. Pues más de 500 canciones grabadas y superados los 300 reconocimientos, no son marcas alcanzadas por todos los artistas, seguro que no.