ENRIQUE SOLER

No pudiste ver la nueva primavera y en el ocaso del invierno te marcharse en silencio, sin hacer ruido, pero dejaste tu impronta grabada en tantas generaciones que será imposible olvidarte.

Eusebio Cantero fue un profesor que marcó una época, de aquellos que dejaban huella. Generación tras generación forjó en principios y valores, tan necesarios en nuestros días, a los adultos de hoy. Orgulloso de haber sido su alumno, durante mi paso por la Santa Cruz.

Un hombre bueno, generoso y siempre dispuesto a cualquier tarea que se le encomendará. Habilidoso en la pintura, cuidadoso y metódico, siempre estuvo preocupado por la innovación educativa, por los mapas de conceptos de cada tema -lo recuerdo bien- algo extrañísimo en aquellos años y tan presente en la educación de hoy en día. A

unque su cuerpo descansa ya en la tierra su Alma vuela libre por muchos rincones. Será templaria con penacho de plumas y lanza en ristre acompañando a la patrona de la ciudad.

Un farol con luz perpetua del silencio en la madrugada del Jueves Santo, acompañando al Cristo de los Voluntarios. Una exposición de Goya o Velázquez o un paseo por los jardines de Aranjuez. O quizás, cuando el verano llegue a su octava, pasearás por el Puerto de Mazarrón como tantos veranos hacías, recordando tus inicios como maestro.

Su compañera de viaje, Emi lo definió como «un compañero de vida me ha dejado, era un hombre sencillo y bueno amigo de sus amigos y que jamás hizo daño a nadie, un enamorado de su familia que disfrutaba viéndonos disfrutar a los demás, descansa es paz, compañero de vida, hasta la Eternidad, que nos volveremos a encontrar se que vas a estar siempre con nosotros te queremos y nunca te olvidaremos».

Que se abran las nubes del cielo, que hoy imparte clases de matemáticas y ciencias naturales Eusebio Cantero.

Un abrazo a toda la familia.