CARLOS MARTÍNEZ SOLER

A David Fincher, junto con otros directores (Nolan, Spielberg, Tarantino, Scorsese, Balaguero, Alberto Rodríguez….) les debo mi devoción y amor por el séptimo arte. Gracias a ellos he sufrido, me he emocionado, divertido, acongojado en una butaca de cine y, gracias a ellos, he aprendido muchos de los conocimientos sobre cinematografía que hoy en día intento inculcar humildemente a la nuevas generaciones.

En el caso de Fincher, le debemos varias de las grandes obras de nuestro tiempo: Seven, El club de la lucha, Zodiac, son buen ejemplo de ello, siendo la última mencionada, con la que su nueva creación para Netflix, Mindhunter, guarda una estrecha relación. Al igual que en la cinta sobre uno de los asesinos en serie más despiadados de los EE.UU., el asesino del Zodiaco, en Mindhunter Fincher nos vuelve a dar una clase magistral sobre la mente de un homicida, un auténtico estudio de campo donde no se pretende mostrar los matanzas pertrechadas por estos representantes del mal absoluto, sino que lo que se busca es penetrar en su mente y explicarnos las razones que les llevan a cometer sus fechorías.

Como suele ser habitual en Fincher, todo en Mindhunter está milimétricamente cuidado, el campo-fuera de campo, el encuadre, la composición de las imágenes, la fotografía, la banda sonora…, destacando por encima de todo su guion, en Mindhunter no pasamos pánico por lo que vemos, sino por lo que oímos, escuchar de propia boca de unos asesinos narrar sus atrocidades es tan potente que a Fincher solo le basta jugar con la atmósfera, los movimientos de cámara, con el silencio y con ciertos toques musicales, para atraparte, sumergirte en el discurso y sufrir, padecer…, aquello que están experimentando sus personajes.

Mindhunter tal vez no guste a los que buscan una serie policiaca de caza al asesino, pero sí que enamorará a todos los que opten por un discurso más maduro, por un relato diferente, por un viaje a los reductos más tenebrosos de la psique humana, y si hay alguien capaz de hacer eso, sin duda alguna es el bueno de Fincher, por lo que siéntense, tomen aire, guarden silencio y disfruten, la clase de Fincher acaba de empezar.