Pascual García (pasgarcia62@gmail.com) 

Cuando las cosas están bien hechas da gusto gritar a los cuatro vientos la enhorabuena. Sucedió en Moratalla, el sábado pasado, 27 de noviembre, en el Teatro Trieta y con un poco de lluvia en la calle. Se inauguraba al fin ese bombón de edificio que ha estado con nosotros desde muy críos, en las funciones escolares de navidad, en las películas de los domingos, sentados en el gallinero junto a los amigos o junto a aquella novia del principio a la que solo nos atrevíamos a cogerle la mano, muertos de timidez y de un romanticismo más allá de la cursilería propia de aquellos años.

Solo falló el público, que no acudió como era de esperar artemerec en abundancia a un reclamo tan atractivo como una velada de zarzuela, con música y voces en directo, con una óptima puesta en escena, de la que pudimos disfrutar todos los que permanecíamos sentados en las rutilantes butacas. Era como encontrarse con un viejo amigo, como volver en un viaje en el tiempo a nuestra primera adolescencia.

La noche prometía, pero, por una vez al menos, dio bastante más. Nos solazamos con la zarzuela La flecha, la espada y la rosa, una suerte de antología bien acordada de La Rosa del Azafrán, La Corte de Faraón y El Huésped del Sevillano, y lo pasamos muy bien y apreciamos la altura artística de su director Christian Lindsey, y de los actores e intérpretes Juana María de Toro, José Manuel Más y Javier Rubio.

Mientras contemplaba el espectáculo ensimismado y complacido, me decía que precisamente aquello era lo que necesitaba Moratalla, en invierno o en verano, cultura y espectáculo, arte y disfrute porque un pueblo como el nuestro merece todo esto y mucho más, merece que cada fin de semana se proyecte una película en el cine y muy a menudo merecemos un buen concierto de música o una zarzuela como aquella o una obra de teatro, porque el nuestro es un pueblo hermoso que tenemos la obligación de enseñar a todo el  mundo y para eso es preciso que atraigamos al público con ofertas culturales y artísticas de buen calibre como la que se nos regaló el 27 del mes pasado de una forma gratuita para más inrri, con la calidad que este tipo de acontecimientos necesitan y que los hombres y las mujeres de Moratalla merecen.

Me gusta ser justo con mis apreciaciones y quiero felicitar desde esta columna a quienes hicieron posible esas dos horas de esparcimiento, al Ayuntamiento de Moratalla y a su corporación musical, a la compañía que puso en escena este espectáculo tan grato y a los que llenaron, aunque no del todo, el patio de butacas de nuestro legendario cine Trieta.

En el fondo todos los que estábamos allí lo vivimos como un milagro, un suceso inesperado  muy hermoso que no dejó de conmovernos durante toda la noche, porque nos daba la impresión de que los viejos espíritus del Treta, que en tantas ocasiones atrás nos habían sido favorables, se confabulaban de nuevo para concedernos la alegría de la fiesta, de la música y del teatro, vibramos con los solos de los cantantes, los dúos y las peripecias de la escena, vibramos con la música tan bien acordada y armónica de la pequeña orquesta situada en el foso, nos reímos con las bagatelas de los personajes y nos emocionamos con el argumento de cada pieza conocida.

Fue, por tanto, una noche memorable que difícilmente podremos olvidar.

Hago extensibles mis felicitaciones a quienes han hecho posible la remodelación del edificio donde tan felices hemos sido en el pasado tantos moratalleros y cuyo futuro ya estamos paladeando.