Pilar García/Presidenta de Somos Región

Hace unos años un diputado regional me sorprendió afirmando que la culpa del estado del Mar Menor era nuestra. Sí, nuestra porque queremos tener una casa en la playa para pasar los meses de calor intenso; y nuestra porque nos empeñamos en comer verdura fuera de temporada. Lo que viene a ser lo mismo, el urbanismo desaforado, voraz, y desordenado ha sido desencadenado por nuestras ansias de chapotear en las aguas de la laguna; y la agricultura intensiva no es más que el resultado de nuestra manía diaria de hacer tres comidas.

Muy lejos queda el Plan de Ordenación Urbana desarrollado por Antonio Bonet junto a José Puig en 1961, y que dejaba intacto gran parte del territorio. El entorno del Mar Menor se ha convertido finalmente en un icono del desarrollismo litoral español que satisface las demandas del turismo de masas.

Aún más lejos vemos la presentación del proyecto del trasvase Tajo Segura en 1932, durante la Segunda República, pero que fue finalmente inaugurado en 1979, siendo ministro de Obras Públicas Joaquín Garrigues Walker, diputado por la provincia de Murcia; y que venía a paliar el déficit hídrico de nuestra Región con un recurso de calidad.

Este verano hemos vivido la crisis del Trasvase, con la amenaza de cierre en un contexto de inexistencia de un Plan Hidrológico Nacional que garantice qué grifo vamos a abrir a cambio. Hemos cerrado, supuestamente de manera temporal, la conexión ferroviaria con el resto de España y ahora la línea de cercanías entre Murcia y Águilas. Viajamos a Salamanca a la reunión de representantes de las Comunidades Autónomas con el Gobierno central, de la que no sacamos más beneficio que el disfrute de la gastronomía castellanoleonesa. Y acabamos la fiesta con un nuevo episodio de anoxia en el Mar Menor.

Asistimos impertérritos a un espectáculo lamentable de despeje de balones, en un intento desesperado por deformar la realidad buscando al máximo culpable, sin la más mínima preocupación por la búsqueda de soluciones. El Gobierno Regional se ha esforzado en la construcción de un relato que le beneficie en términos electorales, y que nos les fuerce a reconocer que hace mucho tiempo que la decisión está tomada y no van a cambiar un milímetro su hoja de ruta.

Y sí, nosotros somos los culpables. Pero no por comer ni veranear, ni mucho menos. Somos culpables porque a pesar de que sólo unos pocos ganan y todos los demás perdemos, lo consentimos, no les exigimos responsabilidades, y en el futuro, quien sabe,si vuelven a votarlos.