ALEX HERNÁNDEZ

Ana Elena no deja indiferente a nadie. Artista inabarcable, su incontinencia creativa se manifiesta en multitud de disciplinas, que invade para deleite de algunos y escándalo de otros. En Traumatic Cabaret, su último espectáculo, canta e improvisa con un público que se expone a una sesión de erotismo oscuro a la par que inocente, que toma forma enCrazy Feminazy letras llenas de humor con las que compone una radiografía descarada de la sexualidad femenina.

 

De sencillez musical y obviedad melódica, sus canciones son un soporte para historias protagonizadas por caracteres opuestos: mujeres suicidas, niñas inocentes, penes microscópicos o penes estupendos. Pero para Ana Elena la provocación, es un concepto relativo. «Yo no tengo nada estudiado, no quiero vender nada prefabricado y con objeto de escandalizar porque sí, no soy Lady Gaga. El sexo está en todas partes. Provocar por provocar no tiene sentido y sólo asusta a las viejas. Yo no utilizo el sexo para eso, lo utilizo para redefinirlo, para darle su verdadero valor, y para que nos demos cuenta de la hipersexualización tan absurda a la que estamos llegando en esta sociedad de consumo. En la publicidad, en los medios, en el arte, el sexo lo inunda todo, y casi siempre se utiliza para vendernos algo».

Se muestra ingenua y virginal en un compás, y al siguiente cruel y manipuladora, en un contoneo por múltiples registros con los que dibuja caricaturas que aparecen y desaparecen al ritmo de su particular percepción del amor y el sexo. Pero sus divertidas letras en las que desmonta estereotipos, no responden a toda su personalidad artística. Ana Elena estudió bellas artes, y de pequeña inventaba historietas sobre sus conocidos, a los que caricaturizaba en dibujos. En la facultad empezó haciendo cómics, y finalmente cogió la especialidad de pintura. Hoy hace cuadros que construyen una imaginería terrorífica, en los que inocentes y dulces figuras femeninas se enfrentan con violencia a su sexualidad, mientras que la editorial Melusina acaba de publicar su primer libro de relatos, Hago pompas con saliva. Esta chica de 34 años que se crió en Calasparra toca todos los palos. «La inspiración viene sola, continuamente estamos absorbiendo información del mundo que nos rodea, bien con la lectura, la observación, las experiencias que te cuenta la gente, incluso el cine o la televisión. Escribir en soledad y en silencio me da paz, me devuelve el contacto conmigo misma y con mis sentimientos que a veces pierdo con tanto ajetreo. También me gusta dibujar mientras escucho música».

Ella en sí misma es a menudo soporte de sus propias creaciones sobre los extremos de la feminidad, y tan pronto se presenta ataviada con un disfraz de caperucita, como con un atuendo de estrella de cabaret en fotos con muy pocas dosis de pudor. En su collage de simbología de horror y sexo, a menudo se encuentra la esvástica nazi, decorada con atributos de lo más insospechado. «Es un símbolo que estremece, porque se asocia al terror, al genocidio, a la crueldad del hombre y a la intolerancia. Yo simplemente me he apropiado de ella en algunas ocasiones para darle otro giro de tuerca, y presentarla también como un símbolo del erotismo del poder. En el caso de la esvástica formada con pintalabios, es una especie de logo-broma que alude a las feminazis (así es como llaman a las feministas radicales). En otras ocasiones, la disfrazo de piernecitas de muñeca, convirtiéndola en algo tierno, infantil, despojándola así de su significado macabro».

Ahora vive en Valencia, pero su gente cercana de Calasparra está más que acostumbrada a su incisiva y lúcida expresión artística carente de pudor. «Al principio fue complicado, pero más tarde no. Tanto mis padres como sus amigos se han vuelto muy receptivos y modernos ante lo que se sale de lo clásico. Internet también te acerca a nuevas maneras de ver el mundo, así que el vivir en un pueblo no tiene por qué convertirte en un cateto o un retrógrado». Y no descarta volver al pueblo murciano con un show preparado. “«o nunca he tocado en Calasparra, pero me hubiera gustado talonear a los Pecos o a Manolo Escobar cuando vinieron en las fiestas de verano», comenta riendo.

Ana Elena sigue presentando “Traumatic Cabaret” junto a su querido acompañante Monsieur Poules, acaba de presentar libro y está preparando un nuevo disco. Su discurso es erótico y atrevido, pero ella insiste en relativizar lo que todos insisten en llamar provocación. «El sexo es un instinto primario, al igual que la agresividad, o la violencia. Fíjate la que se ha armado con “A Serbian Film”. Eso sí es provocación, no mis esvásticas de piernecitas con calcetines».