José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la región de Murcia.

Pocos fueron los proyectos que se resistieron al tesón y a la inquieta mente de Mariano García-Esteller, si bien es cierto que nunca éstos fueron de gran envergadura ni de coste inasumible por instituciones o particuares. Su actividad, siempre con Caravaca al fondo de su mente y de su corazón, continuamente estuvo al servicio de la sociedad local. Además de los ya citados en texto anterior, recordaré otros como el inventario y catalogación del ajuar de la Stma Cruz (antes del montaje del actual museo), la redacción y documentación del desarrollo de la ceremonia del “Conjuro” (hoy “bendición anual de la Naturaleza), para evitar cambios y confusiones en el futuro, y la iluminación de la hornacina que alberga el pequeño grupo escultórico de la “Virgen de las Angustias” en la popularmente conocida “Casa de la Virgen” , entre otros.

Su proyecto inacabado, de completar el sentido con que en 1617 se construyó la Ermita de la Reja, en la cima del Calvario caravaqueño, por sus mecenas el hidalgo y regidor local D. Francisco Muso Muñoz de Otálora y su esposa Dª. Catalina López, cual fue la veneración en su interior de una imagen de Cristo Crucificado, no es imposible, sino más bien sencillo de llevar a cabo: Sólo bastaría la voluntad de la Cofradía del Silencio (propietaria del inmueble), de la Agrupación de Cofradía de Semana Santa, o del propio Ayuntamiento local,  y el dinero que costara hacer una fotografía ampliada de la imagen del Sto. Cristo del Consuelo, hoy en Cieza, el cual estuvo otrora situado en la ermita.

Mariano contó con la negativa de los responsables de la imagen de Cieza, por su interés en fotografiarla como estuvo en Caravaca, sin el “tonelete” o “paño de pureza” con el que actualmente se le venera. Al parecer, eso se considera allí como una falta de respeto al Patrón de la localidad, siempre ataviado con ese elemento. Pero ese obstáculo no es insalvable.

La imagen, y sus réplicas de Cieza y Murcia, se atribuyeron durante décadas al escultor granadino afincado en Murcia, Cristóbal de Salazar, si bien la moderna investigación lo hace a Juan de Rigusteza (aunque para muchos  es una pieza anónima). Se trata de tres crucificados idénticos que el escultor hizo para la Región: el de Cieza (destruido en la guerra civil), el de Caravaca, si duda encargado por el constructor de la ermita, tras su conclusión en 1617; y un tercero, hoy en la sacristía de la iglesia parroquial de S. Miguel de Murcia.

Bastaría, pues, fotografiar la imagen existente en el citado templo murciano, que carece de aditamentos añadidos al original, cuya autorización para hacerlo no tendría grandes dificultades, con lo que el proyecto, a todas luces digno de elogio, podría hacerse realidad. De esa forma, la Ermita de la Reja podría lucir en su interior una fotografía del Cristo de la Buena Muerte allí colocado durante trescientos años y hoy en Cieza, venerado bajo la advocación del “Consuelo”. En nada distorsionaría, más bien al contrario, el inmueble, restaurado en vísperas del pasado “Jubilar 2003” (por la desaparecida “Sociedad Caravaca Jubilar). Más complicado sería, aunque no imposible, lograr del templo capitalino citado, la cesión de la imagen, y su colocación en el lugar que ocupó su hermana gemela. Todo ello pasa, sin duda, por la conservación en perfecto estado del lugar, tanto interior como exteriormente. Imagino la sonrisa de agradecimiento de Mariano, si algún día viera cumplida su ilusión postrera.