Doroteo Ludeña López

Son las dos de la mañana, las canaleras de mi casa lloran, la lluvia y la nieve de Filomena cantan melodías percutidas sobre las plantas, la tierra y la acera. Las hojas de los árboles, tristes de pesar lagrimean.

Juan Antonio Fernández García, homenaje en 1994

Juan Antonio Fernández García, homenaje en 1994

El insomnio comienza a hacer mella en mí así que decido reincorporarme en la cama, abrir mi ordenador portátil e intentar ordenar recuerdos y sentimientos.

Desde que decidiera escribir un artículo que ilustre el óbito de mi antecesor, maestro y amigo, no he podido frenar la desazón. Necesito hacerlo, sacarlo de la mente e intentar dormir.

Era un libro ya escrito, sí, pero es que estos escenarios nos privan del último adiós. Del adiós que no sirve para el que se ha ido, sino para quienes nos quedamos.

Algunos antiguos alumnos compartíamos un grupo de WathsApp.

1976. Primeras mujeres en la Banda de Moratalla

– ¿Loli cómo está el maestro? La pregunta era una constante desde hacía casi una década.

– A ver si le va a pasar algo, que ya está mayor y no nos vamos a enterar.

-Tenemos que despedirle como le hubiera gustado.

Y esa desazón nos ha dejado el protagonista actual, el maldito bicho que todo acapara desde hace demasiados meses.

Chisporreteaba la llama de la lumbre mientras el duermevela hacía su conjuro, el del calor de la madera en un día frío de Reyes, en la casa de campo a la hora de la siesta. Tras la copiosa comida fue cuando sonó insignificante el mensaje de alguno de los grupos de WathsApp:

  • “Ayer me avisaron de que el maestro estaba muy malico. Ya está descansando”.

Como píldora de cafeína despertaba el cuerpo y el alma.

  • ¿Y qué hacemos, qué se puede hacer?.

Y recuerdos y emociones.

Aunque lo esperes, es lo que tiene haber compartido tantas vivencias, es lo que tiene haber compartido la música. Es lo que tiene sentirte nexo de unión, heredero de un oficio que se siente capaz de ganar no solo tu vida sino también la de los demás.

2016. Los maestros de la música

Muy poca gente en Moratalla conocía a D. Juan Antonio, pero todo cambiaba si decías “el Maestro de la Música”. La imagen de un hombre de buen corazón, pequeño, que se hacía de valer, siempre atareado, con prisa, dinámico y amante de la velocidad, sin miedo a las más cerradas curvas que le llevaban de Moratalla a Nerpio, o las que continuaban hacia Yeste, en moto o en coche.  El que corría la vaca, llevaba músicos o instrumentos de aquí para allá. El que lucía una tarde de pasodoble junto a su mujer que lo acompañaba a todos sitios y terminó ganándose el apelativo de “la maestra”. El que iba de casa en casa avisándonos de que al día siguiente había romería y se le había pasado advertirnos. El hombre que con todo el mundo en el pueblo tenía que ver. Aquel capaz de movilizar a una decena de muchachas jóvenes para que estudiaran música en un mundo de hombres de la década de los 70. Como cuenta Mª Carmen Martínez en su escrito para la publicación del 160 aniversario de la Banda de Música de Moratalla: “Cuando íbamos a tocar a algún pueblo, lo habitual era ver cómo nos contaban para después preguntar ¿De dónde es esta banda con tantas mujeres?”. “No éramos conscientes de la importancia que tenía, la igualdad jurídica no se alcanzó hasta 1975”

Un hombre dispuesto a luchar por una banda que lucir en fiestas de moros y cristianos en todo el levante español, en tiempos en los que salir del pueblo no era tan fácil ni habitual para los jóvenes. No importaba perder unos días de clase para ir a enriquecer de música Petrel, Elda, Jumilla, Sax o Villena durante un quinquenio semanal.

Un hombre que cuando las cosas se ponían un poco más complicadas juntaba a músicos de Nerpio -lo que nos ha unido irremediablemente- Moratalla y Yeste para hacer frente a un desfile de ciudades y pueblos en los que había que tocar. Y tras la banda la emprendía con su orquesta de verbena.

Era su forma de vida y de sacar a su familia adelante. Su mujer Encarna y cuatro hijos: Jesús, Encarnita, Chon y Reme que fueron todo un equipo al que se unía su hermano Paco con su trompa.

Nos deja Juan Antonio y nos deja miles de anécdotas de una persona cuya velocidad e ímpetu porque las obras sonaran, porque las cosas se hicieran, funcionaran, a veces le llevaban a discusiones que sin embargo en el tiempo se han guardado con cariño, porque siempre tuvieron esa base.

Con ese telón de fondo, desde 1966 hasta 1999 estuvo a cargo de la Banda de Música de Moratalla, dirigiendo sus ensayos en una iglesia ruinosa o en un ayuntamiento desmantelado. Con los instrumentos que podía arreglar con las gomas, alicates y papeles de su maletín marrón. Instrumentos que el propio ayuntamiento tenía para tal fin y por los que siempre estaba luchando con concejales y alcaldes para su adecuación o compra. Remesas de instrumentos que él mismo traía desde Valencia como si hubiera traído el Santo Grial, la pócima para la prosperidad del pueblo.

Su formación musical se la debía mayormente a su padre, D. Jesús Fernández López, quien había sido director de la Banda de Música de Caravaca durante los años de la República y a quien el cambio de rumbo posterior cerro las alas durante un tiempo. A su inquietud, su gusto y sus innegables aptitudes artísticas le correspondía el resto.

Mariana, actual tuba en la banda, recuerda su empeño porque tocara este instrumento ya en la década de los 90, un instrumento que aún en nuestros días suele ser pensado para hombres, argumento que juntos se encargaron de desmontar magistralmente.

Nos queda la pena de su despedida fría y desconsolada, aunque la alegría de haberle homenajeado y agasajado en vida.

En el Certamen Literario Albaricoque de Oro y Pregón de Fiestas de 1990 la Banda de Música de Moratalla bajo su batuta recibe el Premio Peña el Zaque, premio popular pionero y de mayor prestigio social del siglo XX en Moratalla. A este le sucede en 1994 y acercándose ya su jubilación el homenaje que el Ayuntamiento de Moratalla organiza en el Teatro Trieta con la participación de las bandas de Nerpio y Yeste. Aún recuerdo la fiesta posterior que organizamos los músicos que compartimos sus enseñanzas.

Tras su jubilación siguió dirigiendo la banda mientras se encontraba una solución a la enseñanza musical en el municipio. Se necesitó de una reorganización y actualización, proceso que culminaría con la creación de la Escuela Municipal de Música bajo el apoyo de quienes habían sido sus alumnos y la sociedad moratallera en general. En diciembre de 1999 realiza su última actuación pública pasando el testigo a quien hoy pretende recordarle y honrarle escribiendo con pluma enrobinada estas líneas.

Después de esto, nos acompañó a la práctica totalidad de actuaciones o conciertos así como a comidas y cenas. En numerosas ocasiones le pedíamos que dirigiera el Himno a Moratalla que ponía fin a las tradicionales fiestas y que compuso a raíz de la letra popular que escuchaba a la gente cantar en la Diana del 11 de julio.

El 26 de junio de 2004 por última vez dirigió nuestra banda. Fue el día de mi boda. Petición personal y acuerdo entre los músicos.

-“Si me lo pides tú y los músicos están de acuerdo no me puedo negar, aunque ya sabes que ya me va fallando el oído” me dijo cuando lo llamé.

Las veces que hablamos después me contó que echaba una mano a un nuevo grupo que se había formado en Caravaca, las vicisitudes de sus ensayos, sus partidas de las tardes con sus amigos, …

Su piel se fue arrugando y después de algún tiempo sin noticias suyas acudimos a hacerle una visita unos pocos amigos, advertidos por sus hijas de que posiblemente no nos reconociera. Habíamos celebrado el 160 aniversario de la banda y teníamos que ir a estar un ratico juntos, nos reconociera o no. La sorpresa fue que lo hizo, nos demostró que estaba al tanto de lo que en formación musical estaba pasando en Moratalla, se preocupó por mí, me preguntó por instrumentos, partituras y músicos en un momento de lucidez que dejó pasmadas a sus hijas.

Un año más tarde, su hijo lo subió ya en silla de ruedas a ver un pasacalle de la banda en la salida previa al encierro de la tarde. Enseguida hicimos un corro entorno a él e interpretamos en su honor pasodobles. Una alegre sorpresa que mereció besos y abrazos que entonces pudimos darle.

El Día de la Música de 2016 el pueblo de Moratalla volvió a reconocerle su trabajo poniendo su nombre a la Escuela Municipal de Música que pasaría a llamarse D. Juan Antonio Fernández García “el Maestro de la Música”

Querido maestro, que la música pitagórica de las esferas haga resonar tu alma en el universo, al menos con el ímpetu y la energía con la que la colocaste en nuestros corazones.