FRANCISCO SANDOVAL

EUROPAN es un concurso para jóvenes arquitectos europeos que se viene realizando desde 1988. En él se propone la actuación a nivel urbano en algún emplazamiento de Europa con el objetivo de mejorarlo. En la primera edición se reflexionaba acerca de la evolución de los modos de vida, de su afección a la arquitectura de la vivienda.

Plano Original Europan

Plano Original Europan

En su segunda edición se hizo hincapié en la recomposición urbana, de forma que se interpretaba un vacío en la ciudad como una oportunidad para regenerar vida en ella. Y así las cosas, en 1991 los arquitectos madrileños, Luis de Pereda y Elena Sequeros, ganan un primer premio por su proyecto en un solar de Caravaca de la Cruz. Dicho espacio es el que delimitan las calles Vidrieras, Canalejas, Nueva y el callejón de Frías. Es un espacio urbano al que confluyen varias edificaciones, un lugar de geometría complicada.
La actuación que valió tan prestigioso premio proponía abrir el lugar con dos calles en su parte occidental (izquierda en la imagen), una banda de nuevas viviendas y la división del espacio público en dos: una plaza que se abría con una visual directa hacia la casa Musso-Muñoz Melgarejo (actual Museo de los Caballos del Vino), a través de unas escaleras que salvaban el desnivel con la calle Nueva. Y por otro lado, una zona arbolada que se elevaba en una plataforma en la parte más alta del solar, desde la cual contemplar una magnífica vista de la Basílica de la Vera Cruz.
Resulta interesante la forma en que el proyecto inserta las nuevas viviendas. Se trata de una banda de marcado ángulo recto, en contraposición con su entorno donde las viviendas tradicionales generan una amalgama irregular y orgánica con ángulos de lo más variados. La fachada principal mira hacia el espacio público creado, al norte, mientras que al sur genera un pasillo de servicio que dialoga con lo preexistente, es decir, estos arquitectos entendieron muy bien que toda la fachada posterior de las edificaciones de la calle Canalejas, además de estar sin tratar adecuadamente, alberga los servicios de aseo, limpieza y mantenimiento de la casa. Por tanto, esa “cara trasera” quedaba en la intimidad amparada por el nuevo bloque de viviendas, y serían éstas las que ofrecerían una nueva fachada al espacio público.
En la Escuela de Arquitectura nos han recordado muchas veces la importancia de trabajar un proyecto más allá de la planta, de ver qué sucede con la sección, con las fachadas, y este es un buen ejemplo de ello. Este proyecto fue una tarea de conciliar el vacío urbano con el tejido del casco antiguo, de mostrar qué se puede hacer con la otra cara de esas viviendas que lucen sus señoriales fachadas a las calles de la carrera tradicional.
No obstante, y dado que conozco bien el lugar, echo de menos en el proyecto conservar la esencia de huerto. Una vez me reconoció una profesora de la universidad: “Caravaca tiene un casco antiguo salpicado de huertos, eso es algo característico digno de valorar”. Es por eso que parece más adecuado que aquí la vegetación colonice, más que relegarla a un cuadrante.
Este proyecto nunca se llegó a materializar. Cosas de la vida. El tiempo sigue pasando en este rincón caravaqueño, a donde también pueden llegar las ideas y tendencias que revolotean por el panorama europeo.