Pedro Antonio Hurtado García

Intérprete de enorme discreción, sencillez y humildad. Sus valores artísticos eran sobrados para codearse con los mejores, representando su trayectoria la figura esencial y clave de la más popular cultura aragonesa. Mantenía una gran relación, tanto artística como de sólida amistad, con José Antonio Labordeta, su adorado y admirado profesor, así como Eduardo Paz, miembro de “La Bullonera” y otros grandes, paisanos y procedentes de más allá de esas fronteras aragonesas que vieron nacer al finado. Joaquín Carbonell Martí (12-08-1947, Alloza-Teruel-España/12-09-2020, Hospital Clínico-Zaragoza-España), periodista, poeta, narrador, músico y cantautor, víctima del traidor coronavirus, justo al mes de haber cumplido los 73 años y tras dos meses ingresado en el zaragozano “Hospital Clínico”, donde ocupó las instalaciones de la UCI durante 47 días. “Gozaba de muy buena salud, mantenía excelente forma física y se mantuvo alejado del tabaco desde hacía más de 30 años”, declaraba su hijo, Nicolás, al conocerse la luctuosa noticia. El músico comenzaría, antes del confinamiento, una gira completa para celebrar, con ella, sus 50 años sobre las plataformas escénicas. Su identificación artística era la de Joaquín Carbonell.

Medio siglo artístico.- Se cobijó como integrante, hace unos años, en el grupo “Los Tres Norteamericanos”, junto a Gran Bob y David Giménez. Celebró en el Teatro Principal, de Zaragoza, en la noche del pasado 2 de diciembre último, sus 50 años en la brecha musical, una velada memorable, emocionante, entrañable e inolvidable, encuentro que sirvió para alumbrar un libro-cedé, grabado en directo, con sus grandes canciones y acompañado de sus insuperables y evocadores textos. Fue en 1969, siendo estudiante en Teruel, cuando se encaramó al escenario del “Teatro Marín” para tomar parte, junto a su referente, José Antonio Labordeta, en un benéfico festival que, pese a no ser la primera vez que le ponía al público frente a él, en el patio de butacas, sí se convertía en el primigenio momento en el que los asistentes abonaban una localidad para ver actuar al turolense.

Amplia obra.- De sus obras escritas podemos citar “El artista”, “Querido Labordeta” o “Un tango para Federico”. Pero también existen libros como “Pongamos que hablo de Joaquín”, dedicado al cantautor de Úbeda, Joaquín Sabina; “Aragón a la brasa”, coescrito con Roberto Miranda y otros muchos. Estudioso, compositor, trabajador incansable y amante de su tierra, era querido en todos los ambientes de su aragonesa región y muy considerado en los espacios culturales y musicales de toda nuestra “piel de toro”. No hacía muchos meses que había comenzado sus memorias, albergando, además, la firme intención de desarrollar un documental sobre el colegio “San Pablo”, de Teruel, con el operador de cámara José Carlos Ruiz Cantarero.

Reiteradamente galardonado.- Joaquín Carbonell fue reconocido con numerosos premios y galardones, pero vamos a destacar, especialmente, la “Medalla al Mérito Cultural de Aragón”, que vino a recibir el pasado año 2019. Adicionalmente, le fue concedido el “Premio Sol Mayor”, en 2005, reconocimiento basado en su aportación y vinculación en la divulgación de la música del Bajo Aragón, distinción concedida por la “Unión Musical de Nuestra Señora de los Pueyos”, de Alcañiz, en la provincia de Teruel. Pero recibió otras muchas distinciones, siempre merecidas y ganadas con no poco esfuerzo.

No se veía “artista”.- Su humildad le llevó a considerarse, en palabras suyas, “un intruso en este oficio tan disparatado del arte”. Nunca quiso autodenominarse “artista”, pese a superar a muchos de los que admiró siendo niño, en los momentos en los que soñaba con transitar por las tablas de los mejores recintos culturales.

Plaza en su pueblo.- Era su padre un maestro republicano represaliado por el franquismo y catalana su madre. En los “Salesianos de Sarriá”, en Barcelona, estudió interno durante cuatro años. A los 15, abandonó los estudios para convertirse en botones, en el “Hotel Subur”, de Sitges. Fortaleció su dedicación a la hostelería en diversas localidades costeras del litoral catalán para conseguir ingresos. Sin embargo, en invierno, ante la baja actividad reinante en la zona, se volvía con su familia para trabajar en el molino de aceite que regentaban en Alloza, su localidad natal en la que una plaza pública, inaugurada el 15 de septiembre de 2012, luce su nombre.

Estudios retomados.- En 1966 volvió a Teruel y reconsideró sus estudios practicados en el “Instituto Nacional de Bachillerato Ibáñez Martín”, entre 1967 y 1969. Allí, fueron sus profesores José Antonio Labordeta, el conocido dramaturgo valenciano José Sanchís Sinisterra y Eloy Fernández Clemente, fundador y director de la revista “Andalán”. ​ En el “Diario Lucha” firmaba una página dedicada a la música pop, periódico que, ahora, se denomina “Diario de Teruel”. En el “Colegio Residencia San Pablo” y en el “Instituto de Teruel”, coincidió, como compañeros de estudios y alumnos, respectivamente, con el ex-presidente de Endesa, Manuel Pizarro; con Cesáreo Hernández, quien le acompañaría en sus inicios musicales, así como con el conocido comunicador, muy distante en lo ideológico, Federico Jiménez Losantos. A ese ambiente se le atribuye el nacimiento, con el apoyo de José Antonio Labordeta, del movimiento “Nueva Canción Aragonesa”, que integra a componentes de “La Bullonera”, Tomás Bosque y el propio Joaquín Carbonell, quienes, en esos instantes, ya se iniciaban como compositores. En el instituto, Carbonell consiguió el primer premio de la canción, sin ni siquiera dominar la guitarra, con el celebérrimo tema de Elvis Presley titulado “Crying in the chapel” (“Llorando en la capilla”), en una versión española creada y montada por Francisco Heredero. ​

Más actividades.- Resumimos señalando que participó en numerosos encuentros musicales; brindó su espíritu benéfico para causas sociales; su primer disco se publica en 1976, bajo el título de “Con la ayuda de todos”; se presentó en la totalidad de municipios, pedanías y rincones aragoneses, dándose a conocer en todas las capitales de provincia españolas y numeras localidades, con su atractivo repertorio. Grabó, incluso, más de centenar y medio de canciones que se aglutinan en 15 álbumes, amén de editar diversas novelas, algún ensayo, poemas y tres biografías. Dedicó dos de sus discos al cantautor francés Georges Brassens. Como periodista, dirigió y presentó diversos programas en TVE, en su delegación de Aragón. Alternó la música con su condición de poeta y narrador; colaborador diario en “El Periódico de Aragón”, ofreciendo un espacio de entrevistas y crítica televisiva: “Antena paranoica”. Parió canciones relacionadas con el “Real Zaragoza C.F.”: Zaragol, “Corazón de león”, ocupándose, igualmente, del himno oficial de la celebración de los tres cuartos de siglo de existencia de la institución deportiva. Compuso y grabó, junto a artistas afines, el tema titulado “Canción para Dimitris”.

Inquieto y capaz.- Participación en festivales, colectivos, causas sociales justas​, giras por Sudamérica, especialmente Argentina, otras actividades, inquietud y capacidad de trabajo, jalonan una vida repleta de creatividad que hace más grande y respetado al que nunca quiso considerarse “artista”. Descanse en paz este maño que nos deja un legado musical y literario verdaderamente enriquecedor. Buenos días.