Balbina Moreno Sánchez/Logopeda CDIAT AVANZA/Asociación APCOM
Tras pasar del medio acuático (en el que nos envuelve el vientre materno) al aéreo en el momento del nacimiento, experimentamos una serie de cambios a los que hemos de habituarnos. Pero existen una serie de conductas reflejas que empleábamos en ese mundo interno y que se mantienen durante varios meses.
Uno de ellos es la succión, ésta es una función neonatal que ya se encuentra desarrollada antes del nacimiento. Ésta garantiza la supervivencia del bebé ya que el neonato al contacto con el pezón inicia de forma refleja los movimientos de succión para alimentarse. La ausencia de este reflejo al nacer es un signo muy significativo de falta de madurez. En casos de bebé prematuros puede llegar a ser indicativo de inmadurez neurológica.
Conforme nuestro bebé  crece va aprendiendo e incorporando nuevas conductas que se trasforman en hábitos  “a posteriori”. La función de succión que inicialmente es un acto reflejo, poco a poco se va convirtiéndose en un acto aprendido y condicionado.
Es aquí donde el chupete comienza a tomar a tomar protagonismo.
Es conveniente hacer una recomendación: no es aconsejable introducir el chupete durante los primeros días de vida (no antes de los 15-20 días), ya que puede interferir en la adecuada succión del pezón materno.
Posteriormente el chupete es un elemento adecuado e incluso fundamental en algunos casos ya que:

    favorece el crecimiento armónico de los huesos faciales (mandíbula y maxilar superior).
    estimula la musculatura facial.
    hay quien considera que reduce la incidencia de muerte súbita en lactantes.
    garantiza la tranquilidad del bebé (calma el llanto, ayuda a conciliar el sueño, mitiga las molestias durante la dentición,…)

Los problemas aparecen cuando se utiliza un chupete inadecuado y cuando su uso se prolonga en el tiempo.
Como ya hemos señalado, el chupete es útil durante la primera infancia, pero para ello debemos dar a nuestros hijos chupetes y/o tetinas que cumplan las siguientes recomendaciones:

    debemos escoger chupetes adecuados al tamaño del bebé (ahora se comercializan por edades).
    la tetina ha de tener una forma adecuada. Esta debe ser anatómica y no redonda. Los chupetes de tetina redonda propician un tipo de succión inadecuada similar a “lamer”. Los chupetes de tetina ortodóncica favorecen un correcto movimiento de succión lo que provoca que el chupete se le caiga.
    el aro que rodea al chupete también es un aspecto a cuidar. La forma debe ser cóncava (adaptándose a la carita del bebé), nunca le ofreceremos un chupete con forma redonda ya que son muy grandes y pueden tapar la nariz, obstaculizando la entrada de aire por las fosas nasales.

El mal uso o abuso del chupete tiene una serie de consecuencias negativas para el niño. A pesar de ello, los padres no podemos determinar cual es el momento adecuado para retirarlo. Dependerá de la situación de cada niño. Hemos de tener en cuenta el componente afectivo-emocional que éste implica, por lo que debemos de escoger un momento ideal sin que suponga un gran trauma.
No es conveniente sobrepasar los 3 años de edad para abandonar el chupete. El sobrepasar esos límites, unido al uso de chupetes inadecuados puede acarrear las siguientes consecuencias negativas:

    aumento del babeo debido a la falta de tono muscular de los músculos faciales.
    malformaciones dentarias, palatinas y maxilofaciales: suelen aparecer mala implantación dentaria, maloclusión dentaria, paladar ojival,…
    alteraciones del habla provocadas por los trastornos indicados: la dificultad más significativa será el sigmatismo (mala articulación del fonema /s/).
    aparición de otitis medias debido al paso de bacterias de la nariz y garganta al oído a través de las Trompas de Eustaquio.