CHARO BÉJAR PUERTA

Dice Mario Benedetti: “Nos enseñaron desde niños cómo se forma un cuerpo, sus órganos, sus huesos, sus funciones, sus sitios, pero nunca supimos de qué estaba hecha el alma”. No sé si algún día sabremos de qué está hecha el alma, pero sí es esencial dejarla crecer y saber reconocer que hay otras almas además de la nuestra. Cosas que tampoco supimos nunca y el sistema educativo olvidó contarnos.

Hace unos cuantos años, cuando éramos pequeñitos, todos teníamos a nuestro alrededor una inmensa nube de creatividad, curiosidad, imaginación, emociones, movimiento… En fin: una amplia diversidad de capacidades listas para ser desarrolladas. Educación hubiera sido hacer crecer y brillar esa nube tan bonita que teníamos de pequeños. E intentar hacer lo mismo con las de alrededor. A pesar de ello, nuestra educación ha tratado de apagarla y darle una forma concreta. Todas iguales. Es por ello que se merece el nombre de educastración.
Gracias a esa educastración, toda nuestra diversidad de capacidades ha quedado reducida (como si fuese posible) a una escala numérica del 0 al 10. Nuestras ganas de aprender, a una obediencia ciega. Nuestras ganas de movernos, a pasar sentados seis horas en una misma silla y en una misma clase. La diversidad de perfiles, a un sistema estandarizado en el que solo encajan unos pocos. Nuestra curiosidad ha sido completamente aniquilada. Dejadme que os diga que el fracaso está servido.
Y no digo fracaso porque seamos incapaces de afrontar el sistema, cosa que hacemos. Digo fracaso porque fracasar no es ser el último de la clase. Tú, que sacas sobresalientes, eres tan responsable y sabes tantísimas cosas, puede que seas un fracasado. Sí. Al igual que yo, al igual que la mayoría de nosotros. Porque ser inteligente no es simplemente tener habilidades lingüísticas o matemáticas, como insinúa el sistema educativo. ¿Qué hay de la inteligencia práctica, musical, creativa o, para mí la más necesaria, inteligencia emocional?
Inteligencia emocional, sensatez, sentido común, llamadlo como queráis. Y llamadme a mí también como queráis, pero creo firmemente que no sirve de nada que nos enseñen qué es la bioquímica, la economía o la pintura del siglo XV si antes no nos han enseñado cómo ser sensatos. Si alguna vez has pensado que alguien era un necio por sacar un dos, que eras la persona más inteligente y superior de todas por sacar dieces, que alguien se salía del camino correcto por no estudiar una carrera; enhorabuena: eres un fracasado. Pero tranquilo, estoy segura de que sabes sobre muchísimas cosas.

Charo Béjar Puerta, autora del artículo

Charo Béjar Puerta, autora del artículo