MARTA LÓPEZ PÉREZ. Enfermera/ Centro de Día Mayrena-APCOM

Enfermedad, deficiencia, dependencia, insuficiencia, son términos que describen la discapacidad como una condición en la que la persona no puede cumplir los requisitos impuestos por la sociedad. La discapacidad ha sido interpretada como una afección que puede tener repercusiones fisiológicas, lo que puede causar dificultades en el desarrollo de las actividades de la vida diaria.

Se ha asociado que si la afección fisiológica no puede curarse, las consecuencias a nivel social tampoco. Debido a esto, la sociedad tiende a rechazar la integración de las personas discapacitadas y  a tratarlas como dependientes y excluirlas.

Pero, ¿Y si no fueran los/as discapacitados/as los/as que son incapaces de adaptarse a la convivencia colectiva, sino la propia sociedad la que es incapaz de adaptarse a ellos/as? ¿Y si se trata de que el entorno es el que influye en el discapacitado/a con sus barrera prácticas y culturales?

Hemos de abandonar este concepto de discapacidad y entenderla como una experiencia de vida en la que, quienes la viven, experimentan un amplio conjunto de restricciones que les vienen impuestas por su entorno material, cultural y social. Ese entorno afecta a tres esferas de la vida de las personas con discapacidad: sus interacciones cotidianas, su identidad social y su posición en la estructura general de la sociedad.

Se trata de reconocer la existencia de un colectivo con pleno derecho a una vida en igualdad de condiciones, al reconocimiento como tal colectivo y a la creación de un entorno sin barreras, tanto a nivel práctico como en términos culturales.

Según el artículo 3 de la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad,  las personas con discapacidad tiene“derecho a vivir de forma independiente y a ser incluidas en la comunidad […] con opciones iguales a las de las demás”. También a “elegir su lugar de residencia y dónde y con quién vivir”, para no verse “obligadas a vivir con arreglo a un sistema de vida específico”. También a tener acceso “a una variedad de servicios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo de la comunidad, incluida la asistencia personal que sea necesaria para facilitar su existencia y su inclusión en la comunidad y para evitar su aislamiento o separación de ésta”.

Por ello, desde el Centro de Día Mayrena y Vivienda de APCOM se realizan múltiples actividades para promover la máxima independencia posible en este colectivo. Se ofrece a los usuarios la posibilidad de decidir qué actividades realizar y potenciar su autonomía en los aspectos físico, psíquico y social.

También existen Servicios de Apoyo a la Vida Independiente (SAVI) en los que se ayuda a las personas con discapacidad intelectual o de desarrollo a fomentar su  seguridad y confianza y, en definitiva, su independencia. Además, se considera de vital importancia potenciar las relaciones sociales de este colectivo con sus compañeros y familia, priorizando el respeto mutuo y la empatía.

“No tengo una discapacidad, tengo una habilidad diferente”, Robert M. Hensel.