Miguel de Paco Moya/Médico internistaHospital Comarcal del Noroeste. Caravaca de la Cruz. Murcia.

El pasado 22 de febrero de 2021 falleció mi amigo Blas.

Blas Luis González Pina nació en Murcia, en plena huerta, y su corazón era huertano, noble y generoso.

Blas era médico internista de profesión pero era mucho más que eso, era una persona siempre dispuesta a ayudar a los demás, en cualquier situación. Así lo demuestran sus innumerables amigos, muchos de los cuales comenzaron siendo pacientes o familiares de estos y acabaron absorbidos por la personalidad afable, generosa y entregada de Blas.

Hace ya muchos años, en 1992, recaló en Caravaca por motivos profesionales, y ahí fue cuando lo conocí yo, un nuevo compañero en el Servicio de Medicina Interna del Hospital de Caravaca. Nuestro Servicio, inicialmente muy pequeño, creció notablemente con el paso de los años y Blas siempre fue el principal elemento de acogida, para  integrar y dar cohesión a los nuevos profesionales que iban llegando.

Lo que comenzó siendo una relación profesional pronto se fortaleció y comenzó a fraguarse nuestra amistad. Con Blas era fácil llevarse bien, era buen profesional, trabajador incansable, siempre dispuesto a echar una mano donde hiciera falta, siempre dispuesto a resolver problemas. Tenía además don de gentes, era una persona polifacética, de conversación fundamentada y agradable, con múltiples aficiones entre las que destacaba la informática,  en la que ya era experto cuando casi nadie sabía nada de ella, amante de la fotografía, amante de la tierra y de la naturaleza; amante sobre todo de las personas y por encima de todo de su familia y de sus amigos.

Años después Blas se hizo caravaqueño de pleno derecho, y la ciudad lo acogió rápida y felizmente como a un hijo más. Tal y como era él, irrumpió de lleno en la vida de Caravaca, en las fiestas, en la Asociación Contra el Cáncer, en todo tipo de actos públicos y privados, y añadió muchos amigos más a su interminable lista.

A los largo de tantos años he compartido con Blas momentos de todo tipo, momentos profesionales: duros, intensos, felices y gratificantes; también momentos personales: largas charlas, viajes, comidas y convivencias familiares, y los momentos difíciles que en la vida se nos van presentando a todos.

Hoy, con orgullo, puedo decir que Blas y yo éramos AMIGOS, así con mayúsculas.

Su pérdida nos deja a todos tristes y desolados, a sus pacientes, a todos sus compañeros, a sus amigos y especialmente a su esposa, hijos, hermanas y resto de familiares.

Se ha ido muy pronto, en plenitud personal y profesional, con muchas cosas todavía por hacer. La vida es así de dura e inexorable, no entiende de razones ni de emociones. Con su marcha deja un vacío en nuestras vidas que no podrá ser ocupado por nada ni por nadie, aunque el tiempo mitigará el dolor y con él se impondrá el recuerdo de las muchas cosas buenas que compartimos.

Descansa en paz amigo Blas. Nosotros te recordaremos siempre con el orgullo y la alegría de haber compartido la vida contigo.