ISABEL MARÍA ESPÍN
“La gente debe ser entrenada para desear, para querer nuevas cosas incluso antes de que las viejas hayan sido enteramente consumidas. Los deseoConsumidors del hombre deben eclipsar sus necesidades.” escribió y propagó Paul Mazer, un importante banquero de Wall Street. El consumismo ha llegado a convertirse en un dogma de cualquiera sociedad democrática moderna en Occidente. Junto al paradigma de que formamos parte de la civilización “más evolucionada” también encuentra hueco esta gran idea de que tenemos que comprar productos que nos hagan la vida más fácil y feliz. ¿Pero por qué? Para conseguir, así, una serie de valores que van asociados con poder e independencia principalmente. Objetos que en un principio pueden ser vistos como irrelevantes se convierten en poderosos símbolos emocionales porque nos han enseñado que sean interpretados de ese modo. ¡Nos han creado una mentalidad colectiva de la que no podemos escapar!
Actualmente el ciudadano ya no es importante en su país como ciudadano, sino como consumidor. ¿Para qué preocuparse de un grupo tan irracional que es fácilmente manejable por una mano invisible controladora de los deseos? Porque nos han enseñado que no se puede ser socialmente aceptado sin tener una serie de requisitos y estos se consiguen comprando. ¿Cuán poderosa será la sociedad del consumismo dentro de unos años si ya desde hace unos cuantas (muchas) décadas no somos capaces de realizar una acción diferente de gastar? Soñamos tener un gran trabajo y el canon perfecto de este es ganar mucho dinero. ¿Y para qué queremos tanto dinero? Para comprar lo más superfluo del mercado y poder mostrárselo a todo el mundo y así cuando estos lo vean puedan exclamar: “Porque él lo vale”.
¿Realizar un análisis de la sociedad no os lleva a replantaros si de verdad vivimos en un mundo libre donde cada uno toma sus propias decisiones o si en cambio, estamos sometidos a un Gran Hermano al que adoramos por hacer nuestra vida más feliz?