JAIME PARRA

Ya se conocen los nombres de los diez finalistas de cada categoría de los premios Educa Abanca a los mejores docentes de España, entre los que se encuentra la maestra de Infantil Cristina Lorenzo Martínez.

Fueron los padres de sus alumnos de la Escuela Infantil El Castellar quienes propusieron por segundo año consecutivo el nombre de la maestra de sus hijos para estos premios que se conocen como los Goya de la Educación.

Escuchándola hablar a la hora del recreo en su nuevo colegio, el Virgen de la Maravillas de Cehegín, entiendes el porqué. Cristina, que se define como “maestra a pie de calle”, señala, en relación a cómo se sintió al saberse finalista, que “los docentes somos su figura de referencia, sobre todo en Infantil. Pero que también vean los padres esa implicación, que valoren tu trabajo es muy bonito”.

Esta segunda candidatura, al ser en año de pandemia, la considera aún más gratificante que la primera. “Dar clase de manera telemática a niños de cinco años es complejo”. A pesar de que su primer pensamiento fue que el coronavirus se había “cargado” la Educación Infantil, pronto Cristina encontró la manera de entrar en sus casas.

Primero, se trataba de encontrar métodos de comunicación con las familias, por lo que en primer lugar echó mano de su blog educativo www.sitajuver.blogspot.comque creó hace doce años. A continuación usó ClassDojo y más tarde Zoom para el que decoró su habitación con un fondo de Barrio Sésamo, ya que el curso pasado sobre esta serie televisiva versaba el proyecto de la clase. “Hacía actividades a las que estaban acostumbrados en clase. Es un error dar cosas nuevas”. Asimismo se sirvió de la aplicación iVoox para grabarse contando cuentos y enviárselos a sus alumnos.

Como no todos podían conectarse en horario de 9:00 a 14:00 horas, organizó con las familias dos turnos: mañana y tarde, con lo que consiguió que la asistencia virtual a sus clases fueran del 80-90%. A los que no disponían de medios para comunicarse telemáticamente, les imprimía los trabajos y, cuando salía a la compra, se los dejaba en el buzón de sus casas.

“Quería sentirme lo más cercana posible a ellos, yo también los necesitaba. Fue raro pero aprendimos un montón de cosas. Yo les decía “sois los primeros en dar clases en el ordenador, “sois los primeros…” para que no viesen lo negativo dentro de lo raro”.

La estrella del confinamiento fue el bingo; un recurso educativo, explica Cristina, con la ventaja de que los alumnos se motivan y entretienen sin saber que están aprendiendo. El sábado era día de bingo y aperitivo con los alumnos y sus familias, una actividad que tuvo tanto éxito que algunas noches repetía pero solo con las familias.

“Es un grupo en el que hay mucha piña, los padres se llevan bien, y eso es muy importante. Además, hay un buen clima con los docentes”.

Antes de acabar el curso, y dado que no habría fiesta de despedida, Cristina se las ingenió para hacer veintitrés cofres, uno por alumno, con sus monedas dentro, cuaderno de bitácoras… y, vestida de pirata, se presentó en sus casas para darles un premio por su buen comportamiento.

Tras ocho años en El Castellar, vive una nueva experiencia en el Virgen de las Maravillas: “pienso que en nuestro trabajo deberíamos cambiar cada x tiempo porque ves otras maneras de trabajar te enriqueces como docente”.

A buen seguro que, sea corta o larga, su etapa en Cehegín en este nuevo destino volverá a dejar una huella imborrable en sus alumnos, que se encuentran en una edad (Cristina está convencida) decisiva en la educación.

El 10 de enero un jurado decidirá si Cristina Lorenzo Martínez es elegida como mejor maestra de España, sus alumnos de Bullas no tienen ninguna duda.