Orencio Caparrós Bravo (Mayo 2014)
Llegado el final de la fiesta, casi siempre, siento la necesidad de repasar los aspectos o momentos que me han resultado más significativos. Si no tuviera vacaciones o trasnochara hasta el amanecer esta necesidad, seguramente, seríaamazona-ainhoa menor, pero la realidad es la que es.
Hay cuestiones que han sido resaltadas en múltiples ocasiones, pero no es menos cierto que cada asunto tiene matices, y admite distintas interpretaciones. La esencia de la fiesta, sin embargo, , como me comentaba el capellán emérito del Santuario de la Santa Cruz Pedro Ballester , con el que cené, entre otros, la noche del tres de mayo, es siempre la misma y por eso, decía mi amigo y compañero en la docencia, sorprende su precisión y su completitud. Ese acabado cabal y completo, es algo vivo, no fosilizado, y por tanto, puede provocar diversidad de criterios, que en nada tocan lo esencial. Son las “pequeñas cosas”, que, como en el título de la novela de Arundhti Roy, tienen su dios propio.
Me ha dolido profundamente el accidente del hijo de mis amigos Pepe y Mari Tony, accidente que parece en vías de terminar en susto grave y nada más. Este percance, como otros muchos, llevan rápidamente a la polémica. ¿Se debería prohibir correr en las cuestas de las quinielas y de la Simona? El corazón, la pasión, responde de un modo y la cabeza, la sensatez, de otro. Casi siempre la respuesta a esta pregunta viene determinada, o al menos matizada, por la edad de quien responda. Yo me pregunto, quizá con exceso de retórica, ¿Qué pensaban de la carrera, en la cuesta del castillo, las autoridades mientras bendecían el vino allá por los siglos XVIII y XIX? Nunca sabremos lo que pensaban sobre esa cuestión. Si sabemos, a tenor de lo que tenemos, que no lo prohibieron. La decisión la tienen los caballistas corredores; nadie más.
El acontecimiento más impactante, por su novedad, de este año ha sido la increíble pulverización del record de la carrera. Era razonable pensar en disminuir el tiempo en alguna centésima dado el nivel de especialización y entrenamiento, pero de ahí a lo realizado media el espacio que hay entre la realidad y la ciencia ficción. He tenido, y tengo, trato con los corredores, algunos fueron alumnos míos, y aunque de carreras caballistas no tengo nada que enseñar quiero decirles que nos han dado, a todos los caravaqueños, motivos para sentirnos un poco más orgullosos de serlo. Diego, Rubén, Juanjo y Patato, quedaréis, como la alineación de la España de la Eurocopa del 64 frente a la URSS, en la memoria de todos. De momento, como en la antigua Grecia, la competición limpia y sana, sin trampa ni cartón, crea unidad de todo el pueblo y genera un fuerte espíritu democrático. Como en la antigua Grecia podéis pasear con orgullo vuestro triunfo, ellos tenían cuatro años para hacerlo, vosotros, sólo uno, eso si no lo renováis el año próximo, cosa que está por ver..
Otro aspecto de las Fiestas de la Cruz, que valoro muy especialmente, es el esfuerzo y sacrificio que realizan las familias para realzar la puesta en escena del festejo. Reyes de los bandos moro y cristiano, madrinas, ahora amazonas, de los Caballos del Vino, se afanan en un lucimiento que lo es menos personal de lo que pudiera parecer, y en realidad se convierte en brillo para el conjunto. Este año, como el pasado, hemos estado muy cerca de Ahinoa, extraordinaria” Reina de los caballistas”, que es tanto como decir de los caravaqueños. Hemos vivido momentos inolvidables con ella y con su familia, de aquí y de Sevilla, y junto a ellos hemos sentido sus ilusiones, sus desvelos, su pasión, su alegría y su afán. Gracias Manolo y Loli.Creo, sinceramente, que este agradecimiento personal se puede hacer de un modo general a los cargos mayores e infantiles y a sus familias, que representan los puestos de honor en el festejo y con los que los caravaqueños tenemos una deuda de reconocimiento.
Me gustaría terminar refiriéndome a una cuestión que ha provocado cierta controversia. Me refiero al cartel realizado por el navarro Mikel Urmeneta de la conocida empresa kukuxumuso. Vaya por delante que no pretendo sentar cátedra en este tema, pero sí que creo conveniente establecer un par de premisas; la primera, no soy de los que piensan, por muy de moda que esté, que con la firma ya basta, para eso quedan las casas de subastas, capaces de hacer pagar doce millones de dólares por un tiburón disecado con la firma de Damien Hisrst, aceptar sin más esta cuestión, es, paradójicamente, de un pueblerino que apesta. Segundo, tampoco creo que el no ser del pueblo, y no hacer algo a lo que estamos habituados, dentro de “la tribu”, sea motivo de valoración negativa, siguiendo esos preceptos hemos visto carteles de lo más pobre del mundo, y que, por lo tanto, no han servido para su auténtica finalidad de anunciar lo que se proponían, todos sabemos de lo que hablo y no pretendo crear polémica. Una vez establecidos estos criterios lo fundamental no es si nos parece bueno o malo el trabajo realizado por Mikel, sino si es verdadero o no lo es, y, en todo caso, si sirven a la finalidad para la que se ha creado. En cuanto a la verdad o impostura en el arte, creo que uno de los mejores medidores es el poder evocador de la imagen cargada de novedad, y, en ese sentido, a poco que veamos imágenes aéreas, de la cuesta el dos de mayo, percibimos pronto la vinculación con la visión del artista en su cartel, advertimos, en suma, su verdad cargada de síntesis precisa y de mirada nueva. En cuanto a su finalidad, es decir a su capacidad de publicitar el festejo caballista de cara a su consideración como patrimonio de la humanidad, corresponde a otros, y no precisamente a los caravaqueños que somos jueces y parte, decidirlo; el tiempo dará su veredicto; personalmente tengo la esperanza de que cumpla su función. Los personajes creados por él, muy en su línea de los sanfermines, de las vacas y otros bichos vivientes, me parecen definitorios, simpáticos y actuales, como lo fueron los que en su día realizó el gran Antonio Mingote.
Los asuntos que he tratado, seguramente, merecerían artículos distintos y de más precisión, como también lo merecen la hospitalidad de muchos caravaqueños durante estos días, y de la que he sido objeto en muchas casas de amigos o conocidos. Valdría la pena tratar la renovación del festejo, la necesaria, en algunos casos ya realidad, introducción de gente más joven en los bandos moro y cristiano acuciados por una renovación perentoria, que evite su distanciamiento del nivel alcanzado porlos Caballos del Vino. La buena cobertura de los medios de comunicación, especialmente de telecaravaca.Y, por supuesto, la buena y precisa organización de un festejo, tan complejo y hermoso, también nos hace deudores de gratitud con todos los que han colaborado; pero, como casi siempre me ocurre, quizá por deformación profesional, he rebasado los límites lógicos de un artículo de opinión y no cabe más.
Gracias a quienes me lean por su paciencia. Y,! Que bote Caravaca!