MICAELA FERNÁNDEZ

Christian Vargas Álvaro, ‘el macoco’, es el pregonero de las Fiestas de La Copa de Bullas 2021. Afincado en Barcelona y vecino del mundo está muy ligado ‘al pueblo’ al que visita cada vez que puede durante el año pero sin haber faltado ni un sólo año a la cita con las fiestas.

¿Qué sentiste cuando recibes la propuesta de ser pregonero?

Me hizo muchísima ilusión. Una vez me nombraron Fiestero del Año y fue muy especial, ahora no te digo nada. Es una gran responsabilidad, es como el que lanza el primer cohete que marca el inicio de las fiestas. Creo que es interesante coger la visión de alguien de fuera y, aunque no me he perdido unas fiestas nunca, creo que es interesante un pregón desde alguien de fuera.

¿Cuál es tu relación con La Copa de Bullas?

Yo soy de ‘los macocos’, ese es el mote de mi familia. Mi abuelo es de La Copa y ahí está toda la familia. El hecho de vivir en una gran ciudad y tener ‘pueblo’ para mí es algo muy importante. Saber que todos los veranos al acabar la escuela tenía tres meses de vida en el pueblo es una ventaja para la gente de ciudad que no puede salir con tanta libertad a la calle, jugar a la pelota, coger la bicicleta… El momento pueblo, para mí la relación es esa.

Yo nunca he fallado. Aunque esté siempre viajando acomodo todo para que mis viajes nunca coincidan con la primera semana de septiembre, incluso he llegado a dejar una expedición para poder llegar a las fiestas.

En la ciudad es más fácil que los amigos cambien, en el pueblo están los amigos de toda la vida, los de siempre, el Manolo, el Diego… los de toda la vida. Creo que ahora no tengo amistades tan largas como los que tengo en La Copa. Es algo que preservo y procuro siempre acercarme.

¿Es como un soplo de aire fresco para el resto del año?

Para mí es como llegar a casa, volver con la familia. Todo el año vas con muchas ocupaciones y, al final, volver a La Copa es como volver a casa. Monto la agenda anual en base a las fiestas de La Copa. Además, mis hermanas y yo hemos logrado transmitir que gente de fuera que nos han acompañado sientan las fiestas de La Copa como propias. Hay un montón de amigos que tampoco fallan. Para gente que es de fuera, que no ha tenido una relación familiar de un pueblo, también han aprendido a vivirlo como algo suyo personal. Este año vamos a llegar como diez personas desde Barcelona.

¿Cuál es la actividad que nadie debería perderse?

La diana es única espero que se mantenga a pesar de las restricciones.

Para mí el día bueno bueno es el viernes porque hay como un nerviosismo donde se nota que va a pasar algo. El viernes a medio día nos juntamos con los amigos, la noche de las migas, todo el mundo en la calle y la generosidad de que todo el mundo quiere que pruebes sus migas, todo el mundo quiere compartir, esa noche en sí misma ya es mágica. Y luego la diana, creo que salva de muchas enfermedades para todo el año. Es terapéutico.

¿Con qué recuerdo de niño te quedarías?

Sin duda salir con la bicicleta. Irme hasta el Chaparral y que pareciera un día entero de viaje y ahora lo haces caminando y está tan cerca. Había una libertad inolvidable. Incluso la seguridad de que todo el mundo te conozca y que diga sí, eres el nieto de Alfonso, ese punto de referencia de que todo el mundo te conoce, eso siempre me ha gustado mucho. En la ciudad todos somos anónimos y allí estoy envuelto de un rollo familiar donde todos te conocen.

A pocas horas de regresar a España tras un periodo en Perú, ¿cómo ha sido tu estancia allí?

Tenemos un comedor social para niños huérfanos y abandonados y desde hace diez años les estamos dando educación y comida. Ahora estamos haciendo un relevo generacional, los que empezaron con nosotros se están haciendo cargo del comedor. Hacemos que se eduquen y se formen. Además nos han acompañado diez profesionales de la odontología para hacer campañas dentales y ofrecer odontología a personas que viven aisladas en comunidades indígenas. Hemos tenido que viajar durante más de seis horas en canoa hasta llegar en medio de la selva donde no hay intereses por construir carreteras. Las comunidades indígenas son muy reacias con los ‘colonos’ como ellos nos llaman pero es muy interesante poder llegar a estos sitios. También otorgamos dos becas para aquellos niños que tienen posibilidad de seguir estudiando. Es muy gratificante.

Un deseo para los vecinos de La Copa.

Que todo el mundo disfrute. Que vivan ese efecto terapéutico de las fiestas que todos nos merecemos después de estos meses de restricciones. Que disfrutemos de estos días de fraternidad. Y luego el gran trabajo que hace la Comisión de Fiestas, siempre volcados en las fiestas de forma desinteresada pero siempre pendientes de todo.

¿Te ves en un futuro viviendo en La Copa?

Lo tengo claro, todos los saben. Yo iré a vivir a La Copa. No sé si haré alternancias en el tiempo con otros lugares, pero en La Copa me veo.