CARLOS MARTÍNEZ SOLER
Cuando a uno se le acaban las series a las que estaba deseando hincarle el diente, se presenta ante él un panorama desolador, pues más pronto que tarde nos ponemos en búsqueda de una nueva presa que echarnos a la boca. Los que devoramos series no tenemos fin, y un día sin consumir estos pequeños relatos, supone una auténtico vacío en nuestra vidas.


El otro día yo me encontraba en esta situación y me vino a la cabeza un título que visionar, Fortitude, obra recomendada por un amigo, pero a la que yo había dado largas pues nada en ella me llamaba la atención, ni su sinopsis, ni el tráiler…., pero bueno ya sabemos lo que hace la desesperación, por lo que me armé de valor y decidí darle una oportunidad. Por ahora (solo llevo 2 capítulos), no hay nada en Fortitude que me entusiasme en extremo, ni que me aburra hasta la extenuación, yo diría que todo es correcto, por eso, terminados sus 2 primeros episodios, la serie me ha dejado frío, no ha llegado a cautivarme, pero tampoco adolece de nada que sea merecedor de abandonarla.
Su punto de partida me recuerda al de The thing (La cosa), salvando las distancias claro está, pues aquí también nos encontramos en un paraje desértico, helado, donde los atisbos de civilización son mínimos y en el que la principal amenaza son los osos polares. En toda su existencia nada ha perturbado la tranquilidad de este gélido pueblo, pero como no podía ser de otro modo, algo ocurrirá (aparece muerto en extrañas condiciones una de la figuras más emblemáticas de esta comunidad) para sacar a sus habitantes de su pequeño letargo.
Fortitude como he dicho es correcta, da pasitos cortos, seguros, pero por ahora no arriesga en nada, parece viajar en modo crucero, sintiéndose al mismo tiempo un relato muy americano, británico y nórdico, su elenco de actores así lo demuestran, pero tal vez esta indefinición sea la que le impida explotar de verdad, sacarle partido a una historia que sin ser novedosa, resulta atractiva, y a la que por ahora solo Stanley Tucci, ese actor que siempre roza el sobresaliente, es capaz de encender un fuego que nos haga salir de esta frialdad absoluta.