José Antonio Melgares Guerrero
Cronista Oficial de la región de Murcia, de Caravaca
de la Vera Cruz.

Perteneciente a una familia Grupo Artístico de la Santísima y Vera Cruzde formación y comportamiento tradicional según los esquemas sociales imperantes hasta la llegada de la Democracia, Carmen Alcayna Martínez-Carrasco vino al mundo durante el verano de 1927, como segundo fruto del matrimonio integrado por Gabriel Alcayna Navarro y Dolores Martínez-Carrasco Blanc, quienes también engendraron a su hermano Manuel, mayor que ella cuatro años. La familia siempre vivió en el número 44 de la C. Mayor, en casona de aspecto señorial que aún conservan sus herederos.
Su formación estuvo al cuidado de las Monjas de la Consolación, siendo alumna de Sr. María (como su hermano lo fue de Sr. Evarista), hasta que durante la guerra civil cerró aquel centro. Desde entonces acudió a las clases que impartían dos de las monjas del colegio (Dª. Pilar y Dª. Luisa), secularizadas obligatoriamente y refugiadas en casa de Huevo Frito en la C. del pintor Rafael Tejeo, donde también impartía clases el maestro Pepe, hijo de la maestra Dª. Lucía. Posteriormente asistió a la escuela pública de Dª. Ascensión, en la C. del Poeta Ibáñez, donde trabajaban, entre otras, la citada Dª. Ascensión Rosell y Dª. Manuela Espinosa. De nuevo en Las Monjas tras la conclusión de la guerra, se ocupó en aprender las técnicas del bordado, a tocar el piano y a hacer labores de ganchillo, fribolité y bolillos, junto a las madres Rosario y Teresa, haciéndose su propio ajuar hasta la edad de 18 años en que se abandonaba el colegio y, las mujeres de las clases sociales acomodadas se entregaban a las labores del hogar junto a sus madres y hermanas.
Tras el fallecimiento repentino del padre, Carmen ayudó a su madre en la administración y cuidado de la casa, mientras Manuel, su hermano, marchó a Hellín a regentar la tabacalera propiedad de su tío Félix Martínez-Carrasco Blanc, fallecido durante la contienda. Recuerda de aquel tiempo a sus leales criadas Pura y Encarnación, así como a tras posteriores en el tiempo: María, Cruz, Adela, Adelina y Natalia.
La familia vivía de las rentas que producían propiedades rústicas propias en El Caravacón, Las Nogueras, Los Viñales y La Estación; y del alquiler que producía la actual Casa de la Cruz (en la C. de las Monjas), alquilada entonces al Ayuntamiento para la ubicación de escuelas, y por el que pagaba la institución a sus dueños 12.000 pts al año.
A aquel lugar acudía la familia durante las tardes de toros para ver pasar a la gente hacia la plaza del Egido, y durante las fiestas de la Cruz y la Semana Santa, cuando la procesión de bajada de la Patrona, y la del Viernes Santo seguían itinerarios diferentes a los de hoy.
Carmen recuperó a su hermano Manuel cuando éste se vino de Hellín en el momento de la apertura de la primera oficina de la Caja de Ahorros del Sureste de España, el 12 de octubre de 1951, lo que se hizo en la C. de las Monjas y bajos del domicilio del abogado Luís Martínez-Carrasco Blanc, quien fue su primer director. Junto a Manuel Alcayna formaron la primera plantilla de la citada Caja Manuel López (Manolico el de las Rosellas), y los hermanos Miguel y Jesús Arnedo. (Como recordará el lector entrado en años, aquella entidad trasladó luego su ubicación a la Pl. del Arco y final y definitivamente a la Gran Vía donde aún se encuentra aunque con otro nombre).
Contrajo matrimonio Carmen en el mes de septiembre de 1963, con Manuel Sánchez Guerrero, empleado de BANESTO, quien trabajaba como cajero y apoderado en la oficina central regional de aquella entidad, ubicada en la C. Trapería de Murcia, ciudad en la que el nuevo matrimonio fijó su residencia, primero en la C. Rambla y luego en la Pl. Circular donde aquel se jubiló y falleció en 1985.
Su hermano, que había contraído matrimonio en 1956 con la bullera Maravillas Fernández Collados, dejó la oficina de la caja de ahorros de Caravaca para marchar a Murcia, en 1976. Allí trabajó en diversas sucursales de las calles Primo de Rivera, Salzillo y Puente Tocinos, donde sufrió un infarto de miocardio que le obligó a jubilarse anticipadamente, falleciendo en 2001 en la capital de la Región, con 78 años.
Carmen, vitalista y alegre por naturaleza, vive el otoño de su vida rodeada del cariño y atenciones de los suyos. Está al tanto puntualmente de cuanto sucede en Caravaca y visita la ciudad y su antigua casa con asiduidad, lo que le provoca recuerdos y vivencias habidas en su interior y también entre la vecindad. Recuerda su pertenencia al grupo artístico de la Stma. y Vera Cruz que en los años cincuenta dirigía el abogado D. Cristóbal Rodríguez, del que también formaba parte Mercedes Muñoz Marsilla, Anita Morenilla, Marisa Nevado, Gloria Torné, Maruja Martínez, María del Mar Reinlein, Dolores de Mata y Tere Zamora; junto a varones como Pepito López Rodríguez, Antonio Marín Fuentes, Juan Miguel Guerrero, Matías Albarracín, Pedro el Caillo y Álvaro Moreno entre otros (de lo que da cuenta la revista de Fiestas de la Stma. Cruz de 1955). Aquella Compañía de aficionados representó Las de Caín, de los hermanos Álvarez Quintero, encarnando Carmen el papel de Elvira Horcajo de Caín, y su hermano el de Guardabosques. La citada obra y otras más, se montaban y ponían en escena en funciones benéficas celebradas en El Tuhillier o en el Cinema, a beneficio de las Fiesta del la Cruz.
También recuerda Carmen, con alegría y nostalgia a la vez, a amigas de la infancia como Dolores Mata, Esperanza Reinón y, sobre todo a Isabel Vila, su vecina, con quien visitó muchas veces, en arriesgados juegos infantiles, los tejados de edificios como la Compañía y el convento de las monjas Carmelitas Descalzas cuando, en guerra, fue incautado por la UGT.
Así mismo recuerda su afición a los toros, compartida con su marido, y la anécdota de hacerse cargo de la recaudación de la taquilla de la plaza, tras las corridas celebradas en el coso de la Condomina murciana, para ingresarla al día siguiente, en la cuenta correspondiente de BANESTO.
Su alegría contagiosa, su sonrisa franca, su natural bondad, su trato afable y su prodigiosa memoria, rica en anécdotas, hacen de ella, en el atardecer de la vida, una persona con quien transcurre el tiempo sin darte cuenta del paso de las horas.