JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Hace 27 años, en los primeros días de la primavera de 1989, se inauguró en el “Patio de los Ayuntamientos” de la Asamblea Regional, una exposición que llevó por título “Caravaca por su Región”, en la que se mostró al pueblo murciano, desde Cartagena, una amplia muestra del complejo entramado de las fiestas de la Vera Cruz. Desde “los Gigantes” y el “Tío de la Pita” hasta el “Trueno Gordo”, se expuso a la contemplación de los interesados parte muy importante del patrimonio festero local. Era Presidente de la Asamblea Miguel Navarro y Vicepresidente Segundo y valedor del acontecimiento el diputado caravaqueño Carlos Llamazares Romera. Ocupaba la alcaldía local Antonio García Martínez-Reina y presidía la Cofradía de la Vera Cruz como hermano mayor de la misma José Nevado Medina.

JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Hace 27 años, en los primeros días de la primavera de 1989, se inauguró en el “Patio de los Ayuntamientos” de la Asamblea Regional, una exposición que llevó por título “Caravaca por su Región”, en la que se mostró al pueblo murciano, desde Cartagena, una amplia muestra del complejo entramado de las fiestas de la Vera Cruz. Desde “los Gigantes” y el “Tío de la Pita” hasta el “Trueno Gordo”, se expuso a la contemplación de los interesados parte muy importante del patrimonio festero local. Era Presidente de la Asamblea Miguel Navarro y Vicepresidente Segundo y valedor del acontecimiento el diputado caravaqueño Carlos Llamazares Romera. Ocupaba la alcaldía local Antonio García Martínez-Reina y presidía la Cofradía de la Vera Cruz como hermano mayor de la misma José Nevado Medina.

El título de aquella exposición, celebrada hace ya casi seis lustros, fue la epifanía de las Fiestas de la Cruz ante el mundo, y poco tiempo después lograron la consideración “de Interés Turístico Internacional”. Aquella denominación ha dado pie al cronista al título de este texto, que escribo con una mano en el ordenador y la otra en el corazón, en vísperas de un nuevo DÍA DE LA REGIÓN, que se celebra, como siempre, el nueve de junio.

Aquella muestra fue un obsequio de la Ciudad de la Cruz a las gentes del resto de la Comunidad Autónoma pero nos permitió reflexionar sobre lo que Caravaca, y los demás lugares que formamos la Comarca Noroeste de la Región hemos hecho a lo largo de la Historia por el reino, provincia o región (que de todas formas se ha llamado). Nuestro territorio perdió su riquísimo patrimonio forestal a lo largo de los siglos regalando madera para construir edificios en la capital y en el resto de los lugares de la superficie regional. (Recuérdese que sólo en el S. XVIII se levantaron o se ampliaron con los pinos de los montes del Noroeste Regional el Puente Nuevo sobre el río Segura en la capital, la fachada de la Catedral Diocesana, el Palacio Episcopal, la iglesia capitalina de S. Juan de Dios y el convento de la Encarnación de Mula, entre otros). El jabón que se fabricaba y se vendía para el abasto de los cartageneros en 1786, se hacía con cenizas de las lentiscas y carrascas de los montes de Caravaca y, por supuesto (a pesar de las afirmaciones del historiador Güy Lemeunier sobre la procedencia pirenaica de la madera que el Arsenal de Cartagena necesitaba para la continuada construcción de barcos), la Intendencia General de Marina de la Ciudad Portuaria, ordenó la tala de árboles en los montes de Caravaca y Moratalla hasta que quedaron esquilmados y rapadas sus testas, cambiado el horizonte verde secular del Noroeste, por la árida silueta desforestada que aún hoy ofrece.

Caravaca, y Cehegín sobre todo, han cedido generosamente la piedra de sus canteras para la construcción de edificios civiles y religiosos que hoy mostramos los murcianos orgullosos al turismo que nos visita. Así mismo el Noroeste ha hecho gala de su generosidad secular cediendo el agua de sus fuentes y manantiales para utilizarlas en el regadío y abastecimiento de las tierras y la población del resto de la Región. Podría argumentar el lector que son la geografía y el clima de la comarca los que proporcionan el líquido elemento, pero nunca se nos ha ocurrido a los de aquí quedárnoslo en embalses o pantanos. Piénsese qué habría sido del abastecimiento de agua potable a toda la Región sin la aportación acuífera moratallera del Taibilla.

Caravaca ha surtido de carne la despensa murciana, a base de los corderos criados en los agradecidos y feraces secanos de sus campos. A ello hay que añadir que esta es la cuna de la “Oveja Segureña”, cuyo rendimiento en carne y lana se comprobó en su día; y que la caza de sus montes y cotos ha proporcionado no sólo posibilidades deportivas sino un complemento de calidad y sabor a la despensa y cocina de particulares y profesionales de lo gastronómico. A la carne hay que añadir el arroz, criado en la fértil Vega Media del Segura, con propia denominación de origen “Calasparra”, y otros manjares que en las “tierras altas” del Noreste se ofrecen y que son de gran interés para el resto de las gentes de la Región, quienes aprovechan para venir a disfrutar de la Naturaleza en estado puro que ofrecen nuestras latitudes, donde se encuentran las cumbres más altas de la Región. Y para regar los manjares comentados, vinos de Bullas con propia denominación de origen.

En cuanto al patrimonio cultural, el casi intacto tejido monumental del Noroeste está a disposición del resto de los murcianos. Mientras en otros sitios y fruto de un mal entendido progresismo, en los años sesenta del pasado siglo se atentó hasta casi acabar con buena parte del mismo, aquí éramos tan pobres entonces que ni para derruir los restos del pasado teníamos medios. Pero nuestra digna pobreza, aumentada por el aislamiento secular a que nos vimos sometidos por los malos caminos que hasta aquí conducían (hasta la apertura de la actual autovía puesta en servicio a comienzos del presente siglo), hizo posible que conserváramos, con mimo, lo que hoy mostramos, orgullosos al resto de la Región, de la Nación y del Mundo. De igual manera conservamos el patrimonio etnográfico y festero con apenas incursiones espúrias llegadas de fuera. Conservamos, orgullosos, y compartimos con el resto de las gentes de la Comunidad Autónoma, fiestas de Interés Turístico Nacional como la de “las Cuadrillas” de Barranda, e internacional como las de la Vera Cruz; estando a la espera de que la UNESCO reconozca como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad los “Caballos del Vino” de Caravaca y las Tamboradas de Moratalla.

Me podría extender más sobre lo que Caravaca, y el resto de la Comarca ha aportado a la Región, y también a la Nación en nuestros días, sobre todo en hombres de armas, de ciencia, de la religión y tantos otros que auparon el nombre de Murcia entre las demás tierras de España, así como de la cantidad de impuestos económicos con que tradicionalmente venimos colaborando en la construcción de nuestra Región, y de la hospitalidad de sus gentes, quienes jamás defraudaron ni defraudan a quienes por aquí llegan de paso, o con ánimo de echar raíces.

Ante la celebración de un nuevo “Día de la Región”, las gentes del Noroeste, en su inmensa mayoría, nos sentimos orgullosas de formar parte de una Comunidad Autónoma a la que, entre todos tenemos que situar, pues por derecho propio le pertenece, en el lugar que merece entre las demás tierras de España. Y aunque la fiesta del “Día de la Región” sigue pasando desapercibida para la mayoría de la población, desde sus comienzos hasta el presente, bien podría servir este año, y en adelante, para mirarnos en nuestro propio espejo y encarar el futuro con la confianza que merece el futuro de nuestros hijos.