PAQUI VALERA

Triste, o afortunadamente, según para quién, el verano está llegando a su inevitable fin y así como la muerte, la reincorporación al mundo laboral es inminente, encontrándose presente en la mente de los tan dispares españoles. Y de nuevo, otro septiembre más se cumple el reciente refrán (no solo iban a contribuir a la tradición popular nuestros respetados mayores, llegó nuestro turno): los jóvenes se forman académica e intelectualmente en España para ser exportados, como si de productos manufacturados se tratase (¡gracias Adam Smith y gracias capitalismo!), a la venerada Alemania, contribuyendo al desarrollo del cuarto Reich, en el que parece que nos hallamos inmersos.
Son los reyes del viejo continente, qué duda cabe. Y el futuro que presentan es tan, tan utópico que incluso parece certero. Ya me percato de que los alemanes son capaces de desafiar, incluso, a la muerte. No importa que fuesen los grandes derrotados de los indudables símbolos de la barbarie humana del siglo XX: las dos guerras mundiales. Ellos continúan su impoluto recorrido hacia el dominio de Europa. ¡Qué pena que el idioma oficial de la Unión Europea todavía sea el francés! No obstante, se las ingeniarán para que esto cambie tarde o temprano, tiempo al tiempo.
Por el contrario, si la suerte todavía no ha llamado a nuestra puerta, y no nos hemos conseguido labrar un futuro por las frías tierras alemanas, o aún nous sommes en train d’étudier para ser los mejores y más destacados productos destinados a la exportación, podemos decantarnos por hacer un viaje a la alternativa Alemania. Porque sí, la hay. Alemania tiene un pequeño margen de error, puede que milimétrico, que permite vituperar la imagen perfecta que se nos muestra de ella.
Resulta que en la aguerrida ciudad de Berlín viven unos 4000 indigentes, según datos del Senado. Lejos de la vida convencional y perfecta que parece predominar, también se halla una oscura Alemania que Carsten Voss, un hombre que tuvo que recurrir a la indigencia y que actualmente ha retomado la vida de ciudadano medio, ofrece visitar a aquellos turistas que se encuentran ávidos de despotricar a la utópica, permítase que  diga falsa perfección, Germany. Y lo digo en inglés porque de momento es el idioma no materno que domino, el alemán lo dejo para más tarde, cuando se convierta la amiga Alemania en la primera potencia mundial y demás. De todos modos, supongo que previamente aprenderé chino.
Parece que aunque la novela picaresca, el celebérrimo Lazarillo de Tormes, apareciese en España, siendo la novela fetiche del vulgo ibérico, en otros países tampoco faltan “sintecho” que constaten la paupérrima, aunque encubierta, situación que presentan. ¿Deberíamos sentirnos culpables al encontrar numerosos trabajos en Alemania mientras hay 4000 indigentes en Berlín, su capital? Con lo egoístas que solemos ser, dormiremos con la conciencia muy tranquila. Como decía nuestro barroco Góngora, “ande yo caliente, ríase la gente”. ¡Lástima que en esa época se estuviese desarrollando el Siglo de Oro y  en esta la mayor de las decadencias! C’est la vie.
Los  alemanes van a tener que comenzar a comportarse como trémulos cobardes, pues está saliendo a la luz uno de sus, espero que muchos, talones de Aquiles. Y digo muchos porque siempre me han fascinado las Pinturas Negras de Goya, lo tenebroso, lo críptico de ellas y bajo mi humilde opinión (lo de ser pedante está muy mal visto)  Alemania se asemeja mucho a  estas catorce obras murales de nuestro querido, permítaseme la redundancia, Francisco de Goya. Se cumple el dicho de que todo, sin excepción, presenta algún que otro  lado oscuro.
 ¡Jóvenes españoles, si seguimos así, nuestra querida EspañaJÁ se convertirá en un pueblo fantasma que en un siglo aproximadamente habrá perecido, y además  habrá una ocupación desmedida de puentes en Berlín! Ya que nació aquí la novela picaresca, a pesar de que aún no hemos sido capaces de determinar quién fue su autor, sigue acuñado el término anónimo, si tenemos que ocupar puentes, que sean los españoles. Mientras que prefiramos seguir contribuyendo al desarrollo del cuarto Reich alemán, solo me queda desear un bon voyage, de corazón o no, qué más da, sigue sonando a bon voyage.