FÉLIX MARTINEZ/ASOCIACIÓN ESPACIO DE ALCOBA

El título no deja en exceso a la imaginación, eso es cierto. Esta imaginación, este velo de Maya de la anecdótico se puede suplir con el contenido del este artículo. Tras unas cuantas semanas poniéndonos un poco más serios, viendo unas determinadas aristas de la filosofía, hoy quisiera sacar alguna carcajada. Aunque sea a modo de incredulidad. Para ello vamos a presentar a una serie de pensadores, podríamos decir que los primeros pensadores canónicos de la historia de la filosofía. Con cada uno de ellos veremos sus finales, sus muertes, quedando estas envueltas entre la verdad, lo anecdótico y la leyenda. No nos demoremos más y comencemos por el principio.

Tales de Mileto: es considerado como el primer filósofo propiamente dicho de la historia. Sobre su muerte encontramos dos fuentes. La primera de ellas nos dice que murió de sed. Un día de sol infernal en la Jonia del siglo VI a. C. fue el señor Tales a ver una carrera de cuadrigas. Fue recién comido y bajo un sol de justicia, cuentan que murió deshidratado por tal de no perderse la carrera. Por otro lado, se nos cuenta que una anciana lo engañó para que saliera a ver las estrellas, la “señora” había cavado un hoyo y mientras Tales estaba observando el cielo, se cayó en el hoyo y se rompió la crisma.

Pitágoras: poco se sabe sobre la biografía de este señor, aunque todos conozcamos sus teoremas –más o menos-. Cuenta la leyenda que murió por no pisar un campo de habas mientras huía de la persecución por parte de las fuerzas de Siracusa. Ésta había declarado la guerra a os habitantes de Agrigento y, claro, Pitágoras y los suyos –los pitagóricos- se equivocaron a la hora de elegir bando. Los pitagóricos creían en la reencarnación de las almas y consideraban –no me pregunten por qué- que en un primer momento el alma entraba en las habas para, posteriormente, ir avanzo o evolucionando.

Aristóteles: todo el mundo conoce a Aristóteles, de hecho, durante siglos han tenido a bien en llamarlo “El Filósofo”, así, en mayúsculas y todo. Esta muerte es un tanto distinta que las anteriores. Aristóteles fue condenado por la ciudad de Atenas –él era meteco- y para que Atenas no cometiera otro atentado contra la filosofía (bonus track: Atenas condenó a Sócrates a beber la famosa cicuta), se refugió en la Isla de Calcis. Allí el viejo filósofo se preparó un veneno a base de uva lupina y se suicidó. Muerte por otro lado muy parecida a la Sócrates.

Heráclito de Éfeso, conocido como “El Oscuro”. Murió a comienzos del siglo V a.C. a causa de un exceso de líquido en el cuerpo, más concretamente de orina. Posiblemente debido a la inflamación de la próstata. Se cuenta que como no encontraba ninguna solución Heráclito razonó que debía encontrar la manera de calentar su cuerpo para deshacerse del agua que le sobraba. En este punto los relatos acerca de su muerte difieren. Una de las versiones dice que murió enterrado en el estiércol de un establo para que el calor absorbiera las humedades. Otra versión dice que se puso al sol y ordenó a sus siervos que lo cubriesen y emplastasen con estiércol. Una última versión relata que, no pudiendo quitarse el estiércol, permaneció inmóvil y fue devorado por unos perros.

Estos son solo algunos ejemplos. Les invito a que indaguen sobre la búsqueda de otros grandes autores como Francis Bacon, Descartes o Diógenes de Sínope. Les aseguro que en especial la historia completa de la vida de este último filósofo no tiene desperdicio alguno.