PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

En los ambientes musicales no ganamos para sobresaltos y, si hacemos el ánimo, los tanatorios se convierten en nuestro lugar de asidua reunión para lamentar, compartir ratos tristes, testimoniar sentimientos, asumir grandes e irreparables pérdidas y, tal como procede en esos lugares, unirnos a los más allegados para apoyarles en tan luctuosos momentos. En esta ocasión, la tristeza nos llega por la pérdida de una mujer de enorme altura musical a la que se ha dado en llamar “fiera del soul contemporáneo”. “diva del soul”, “intérprete sacada de otra época” y otros calificativos contundentes, pero, igualmente, cariñosos y animados a encumbrarle al alto pedestal que, sin duda, le corresponde.


“The Dap-Kings”, su banda de siempre, y su familia, en el lecho de muerte
No ocultamos lo mucho que nos fastidia escribir sobre una mujer que nació el mismo año que quien esto firma, porque, desde luego, impresiona, condiciona y genera ese repelús irremediable que producen estas adversas situaciones, porque abandonar la vida con solamente 60 años es toda una “jugada” del destino y la siempre mala fortuna de que un cáncer, de páncreas en este caso, llame a tu puerta, te arrebate la salud y te envíe “al otro barrio”, como le sucedió a ella, el pasado viernes, tras mantener una lucha pundonorosa y larga (desde 2013, cuando le diagnosticaron la enfermedad) contra esa adversidad clínica que le ha ganado la batalla y que le ha mantenido alejada de la música durante sus tres últimos años de existencia, al tener que suspender numerosos conciertos por prescripción facultativa. ¡¡¡Qué pena!!!. Sus últimos momentos los vivió en un hospital de Cooperstown, en Nueva York, en compañía de sus familiares, así como de los integrantes de “The Dap-Kings”, su banda de siempre.
Una de las voces más brillantes del género
Ella ha sido una auténtica dama del soul de nuestro tiempo y se le ha considerado como una de las voces más brillantes del género. Sharon Lafaye Jones (04-05-1956, Georgia-North Augusta-Carolina del Sur-Estados Unidos/18-11-2016, Cooperstown-Nueva York-Estados Unidos), conocida artísticamente como Sharon Jones, añadió al soul la práctica del funk. Procedía del seno de una familia humilde a la que se llegó a calificar de pobre y en la que su madre tuvo que criar a seis hijos, así como a los cuatro que alumbró su hermana fallecida, aspectos que, unidos a la escasez económica y de medios, desestructuraron el funcionamiento familiar. Fiel exponente del género que la identifica, se distinguió por conocer muy bien sus raíces musicales y practicarlas con intenso sentimiento, acompañada por un sonido vitalista, intenso, eufórico y profundo. Se sintió influenciada por el glorioso arte de la inconfundible Aretha Franklin y el inolvidable Otis Redding, pilares en los que basó el desarrollo de su brillante carrera profesional que inició muy tardíamente, ya que fue descubierta con algo más de 40 años de edad, pero, pese a lo escaso de su recorrido, supo ganarse la atención y el respeto de todo el mundo por la fuerza interpretativa que poseía, su potente timbre de voz, carisma, profundidad, la concepción del género en el que se encuadró y la calidad incuestionable de sus poquitos álbumes, todos ellos llenos de “canciones de oro”. Siempre creyó en sus posibilidades, sobre todo cuando tuvo la oportunidad de ver a James Brown, al que su madre conocía personalmente, bailando y cantando en una calle de Augusta, cuando todavía no era famoso, en plena década de los años ’60, siendo muy jovencita en aquellos instantes, pero sirviéndole la escena para, luego, seguir luchando, confiada en que tendría su momento, su hora, su día y su espacio.
Daptone Records, su sello discográfico, pierde a una de sus estrellas emblemáticas y más cotizadas
Desde que debutara oficialmente, acabando el pasado siglo, se convirtió en la auténtica recuperadora y revitalizadora de un género que había perdido fuerza, ocupándose de rescatar un soul vivo, seguro, fuerte, puro y atractivo como nunca, línea que mantuvo hasta que le sorprendió la enfermedad que le ha costado la vida. Su sello discográfico, Daptone Records, ha mantenido una intensa actividad en el diseño y desarrollo de todas las exequias fúnebres de la artista, comunicados oficiales y demás parafernalia propia de la divulgación de un luctuoso acontecimiento como el que nos ocupa, sobre todo porque, para la compañía de discos, era una de sus estrellas emblemáticas y más cotizadas del momento, incluso se ha permitido animar a los seguidores de la artista a que, en vez de enviarle flores, realizaran donaciones a ONG’s, porque sería una acción más efectiva, solidaria y, seguro, en consonancia con los deseos de la dueña de esa gran voz desaparecida.
Afrontando la adversidad en un barrio de Brooklyn
La vida de Sharon Jones estuvo siempre preferentemente ligada a Nueva York, lugar en el que se instaló, con su madre, ya desde adolescente. Allí, conoció, en el barrio de Bedford-Stuyvesant, en Brooklyn, en un ambiente de población afroamericana, los entresijos esenciales del ambiente musical y sus deseos de triunfo: escasez de oportunidades, lucha constante por sentirse útil a una sociedad que le daba la espalda, discriminación racial y todas esas adversidades que “se brindan” a quienes, venidos desde abajo, quieren abrirse paso, con su trabajo honrado, en el mundo de la música y, por ende, de la fama. Tanto es así que para salir adelante tuvo que iniciarse participando con asiduidad en el coro góspel de su correspondiente parroquia y ofreciendo trabajos como vocalista de sesión (esporádicos contratos con bandas para momentos determinados) a lo largo de la década de los años ’70, lo que originó el que casi llegase a conformarse con que su carrera quedase ahí, pero su ímpetu, su fuerza, su persistencia y su confianza en sí misma dieron mucho más de sí, aunque tuviera que alternar su vocación musical con el trabajo que desarrolló en la cárcel de Rikers Island, donde consiguió trabajo como funcionaria de prisiones y, posteriormente, como vigilante de seguridad en sucursales bancarias.
“I learned the hard way” supuso su consolidación en España
Escasa de estatura, pero con gran talla en su energía, entró en los estudios de grabación, para publicar su primer disco, en 2002. Huyó de ser una copia de sus artistas influyentes y ya lo consiguió con “Dap Dippin’ with Sharon Jones and The Dap-Kings”, donde demostró su marcado genio interpretativo. “100 days, 100 nights” se publicó en 2007 y representaba su tercer álbum que le llevaría por todo el mundo, tanto en materia de fama como de triunfo “en vivo”, gracias a una prestigiosa gira de conciertos que, por añadidura, le posibilitaron su participación en algunos de los más relevantes festivales de jazz del planeta, aunque, en nuestro país, su triunfo se materializó con mayor intensidad gracias a “I learned the hard way”, publicado en 2010, con reminiscencias de la música más bailable y el siempre contagioso “Sonido de Filadelfia”, algo parecido a lo que ocurriría con “Give the people what they want”, otra joya de esta artista que ya descansa en paz y permanecerá para siempre en la memoria de los buenos aficionados a la música contemporánea, en general, y el soul, en particular. Buenos días.