Juan Gutiérrez García

El 10 de abril de 2016, Mula vivió un día inolvidable con el Abrazo al Castillo. Más que reivindicativo, aquel fue un día lleno de Ilusión, alegría, esperanza. Una mañana emocionante cargada de sentimientos y orgullo del sentir muleño. El Abrazo al Castillo fue una gesta impresionante que será recordada por siempre por muchos de los que allí estuvimos. En el futuro, esta epopeya muleña formará parte de los anales de nuestra historia. Será recordado por generaciones venideras como el logro más grande que jamás pueblo alguno hizo por recuperar su castillo.

Cierto que no se puede comparar con episodios pretéritos que jalonan la rica historia de esta villa. Como la reconquista del Infante Alfonso en 1244; la resistencia numantina que mantuvieron los muleños durante los seis años de asedio sometido por las tropas aragonesas a principios del siglo XIV; o cuando los muleños hicieron hincar la rodilla al todopoderoso primer marqués de los Vélez, hace justo 500 años, obligándole a jurar en un altar improvisado en la puerta de Yéchar que respetaría sus costumbres y privilegios a cambio de ser reconocido como señor de la villa. Ni a tantas y tantas hazañas que forjaron nuestros antepasados, no, no se puede comparar, pero el Abrazo al Castillo es ya un hito de nuestra historia reciente.

Todo comenzó a gestarse en una de tantas reuniones de los componentes de la plataforma ciudadana Mula por su Castillo unos meses antes. El 13 de diciembre dejaban caer la noticia en su página de Facebook: ¿Y si abrazamos el castillo? El reto ya estaba lanzando. La idea fue muy bien acogida y pronto se extendió por la red. Incluso la prensa se hacía eco de la nueva osadía de la plataforma. En el anuncio se decía que sería para la próxima primavera y ponían una imagen simulando como sería el Abrazo. El desafío consistía en juntar más de mil personas para hacer una cadena humana que rodease la ladera del castillo.

Pronto comenzarían las dificultades por falta de fechas para elegir el día señalado. Por delante Navidad, Carnaval, Mercadillo Barroco y Semana Santa, por detrás las comuniones de mayo, San Isidro y el verano. En una asamblea ciudadana celebrada el 3 de febrero, se hacía público el día elegido, el 10 de abril.

Terminada la Semana Santa, comienza la cuenta atrás. Tan solo trece días por delante para llevar a cabo esta reivindicación pacífica con garantías. Pronto vieron la enorme dificultad de organizar el Abrazo y reunir las personas necesarias. Justo para ese fin de semana habían convocadas un sinfín de actividades culturales, sencillamente, la plataforma se había colao.* En primer lugar, hubo de suspender los eventos previstos que tenían pensado celebrar la noche anterior. Comienza una intensa campaña informativa sobre el Abrazo al Castillo: mesa en el mercado semanal, reparto de panfletos, entrevista en Radio Mula, presentación en la Consejería de Cultura, presentación en el salón de actos del Archivo Municipal por el Alcalde y la Corporación, visita a todos los colegios, coche pregonero…, no se deja cabo suelto.

Y llegó el día D. Los miembros de la plataforma estaban convocados una hora antes para recibir a todos los participantes en la Plaza del Ayuntamiento. Como ocurriera el día del Asalto al Castillo, los responsables políticos son de los primeros en llegar, alcalde, concejales, consejera de cultura, diputados regionales y otras personalidades.

Poco a poco, la plaza se va tiñendo de celeste. Gente con su mochila a cuestas, se les ve felices de participar en la reivindicación de su castillo. Pero, pasa el tiempo y el ritmo de asistencia no es el deseado, hay preocupación. Pasada con creces la hora de convocatoria, miembros de la plataforma suben a la barandilla de la Plaza para dar lectura a un comunicado. La perspectiva que tienen desde la altura es desoladora. Comentan entre ellos, hay menos gente que el día del Asalto, el fracaso estaba asegurado, no hay suficientes personas para abrazar el castillo.

Comienza la subida. En las Gradas del Carmen cambia el semblante de los organizadores. La marea celeste parece importante, hay más gente de la pensada. ¿De dónde han salido? La explicación pudo estar en que muchas personas estaban en los puestos del mercadillo y no en la Plaza. Esto levanta el ánimo de la plataforma.

Se llega al punto de división de los participantes, unos para la Senda del Tiempo, otros por el camino para unirse ambas filas en la explanada del castillo. A medida que pasan los minutos, pronto se dan cuenta que es imposible organizar tanta gente, les viene grande, en unos sitios sobra y en otros falta. Hubo momentos difíciles para formar este inmenso Abrazo al Castillo, momentos de venirse abajo. Por su mente rondaba el fracaso, la frustración, pero no podían desfallecer. Frente a ellos tenían la ilusión de mucha gente, familias enteras, madres con sus hijos, abuelas y abuelo con sus nietos, grupos de amigos, de amigas, la responsabilidad de trasladar valores a los niños y jóvenes que participaban. No, no podían fracasar.

En los momentos de desaliento, ante la imposibilidad de situar bien a la gente, se escuchan voces infundiéndoles ánimo y cariño: ¡tranquilos que lo vamos a conseguir! Hubo momentos en que corrían como locos por la difícil Senda del Tiempo. No correr que os vais a saltar los sesos, aconsejaban algunos ante su desesperación de no poder unir esas manos para abrazar nuestro castillo. Viendo la dificultad que les invadía, la gente comenzó a colaborar de forma activa colocándose donde hacía falta hasta formar esa preciosa cadena humana que cubría de celeste todo el perímetro marcado. Fue un momento emocionante, único, increíble.

No puedo pasar por alto algo que me conmovió. En el trascurso de este inolvidable día, en un peligroso tramo de la Senda del Tiempo, donde el sendero se estrecha en un cortado del terreno y sin protección alguna, una niña de la mano de su madre lloraba porque le daba miedo pasar por allí, la madre le infundía seguridad a su hija temblorosa. Al ver lo que ocurría, reaccionó un miembro de la plataforma: no, no, por favor, no le obligue a pasar por ahí, si le da miedo es mejor no pasar, pónganse aquí. Tras unas palabras de la madre y éste, la niña se tranquilizó y le regaló un pin de la plataforma. Debo reconocer que me emocioné al ver esa tierna escena. Que nadie obligue a los niños a pasar por aquí, gritaba a partir de ese instante.

Formada la cadena humana con más de un millar de personas que rodeaba el perímetro de la ladera, por fin se escuchó el esperado chupinazo del cohete que daba inicio al Abrazo al Castillo. Yo que andaba por ahí, me agarre a la mano de esa madre y de su pequeña hija, hice de puente entre la unión más fuerte y hermosa de la vida, me emocioné al sentir esas manos. Fue una liberación emocional, fue un instante de paz interior, de satisfacción personal por lo que representa el castillo para el pueblo de Mula, y por supuesto, por lo que significaba para la plataforma ciudadana este Abrazo al Castillo. Tras unos minutos, otro chupinazo ponía fin a esta hazaña rompiendo en aplausos todos los asistentes. Misión cumplida. Por fortuna, yo estuve allí.