GLORIA LÓPEZ

 Se llama Sergio Martínez Muñoz y siempre ha sido el más gamberro del barrio. Tiene la mirada clara y la sonrisa pícara de quien sabe que los asuntos serios hay que tomarselos con humor y las cosas de risa muy en serio. No entiende a los que no entienden la ironía  ni día que no la practique. Supongo que serían esas ganas de reír las que conquistaron a la chica más guapa del barrio, la misma que le ha dado dos querubines (uno y una) y que lleva tatuados en su antebrazo, como recordatorio de por quién levanta cada mañana el peso de su mundo. Un mundo por el que lucha desde mucho antes de que éste se declarase en guerra. Defensor de las causas perdidas, corredor por los derechos de los pueblos oprimidos, abolicionista de las naciones con corona, hace tiempo que se apartó del sistema, eso sí… siempre por la izquierda. Jamás pensó en ser un héroe y mucho menos que el trabajo y su sistema capitalista lo convirtiera en uno. Pero la vida te da la oportunidad de ser justo quizás cuando menos te lo esperas. Y así, él que había trabajado en todo y en nada, viene a pillarle el fin del mundo de cajero en supermercado donde “hace de todo” ( y por todos, añadiría yo), y donde asegura ha perdido la poca fe que le quedaba en el ser humano, y de paso duda de la supervivencia como especie de la sociedad está donde vivimos. Pero lo dice con ironía, siempre con ironía.

¿Cómo se vivió en el supermercado la semana previa a la declaración del Estado de Alarma?

Normal. La gente no nos dimos por aludida y la afluencia de compradores era la normal. Fue el 14 de marzo cuando todo se desbordó y fue como la guerra.

¿Cuales han sido las medidas y la actitud de la empresa frente a los trabajadores?
Perfecta. En todo momento se han puesto las medidas de protección necesarias, se ha doblado turno para no sobrecargar a todos los compañeros,turnos pagados y siempre respetando las buenas conciones para trabajar todos. Además el compañerismo ha sido también ejemplar.  

¿Como fue la semana siguiente al estado de alarma?

Un caos, aquello se nos vino encima de un día para otro. Éramos los mismos, y había de todo, pero la gente se tiró en masa a comprar y no nos daba tiempo a reponer ni de atender en condiciones.

¿Y en cuanto al abastecimiento?

Nunca ha faltado de nada, ni va a faltar por muy largo que esto se nos haga. El problema es que no nos ha dado tiempo a reponer ante la abalancha de la gente. Nos ponemos nerviosos y compramos cantidades que no son normales ni siguiera para compras grandes. Y entre que te llegan y los repones… no hay tiempo, porque tienes que atender la puerta, la caja, el pan, los estantes…

¿Lo peor de estos días?

Los nervios, la ansiedad y el egoísmo de algunas personas. Hemos visto mayores, asiduos de la tienda que no han podido hacer su compra normal porque no había de cosas que ellos se llevan normalmente. Si fuésemos a comprar con solidaridad y un poco más generosos habría para todos. No puede ser que hay personas que van a estar comiendo migas de aquí hasta el inviernos del 2031… y luego venga una persona mayor a por un kilo y no tenga.

¿Respeta la gente las medidas tomadas ante la nueva situación?

No. Y ahora un poco más, la cosa está más calmada y se han tomado medidas (de hecho aquí no ha tenido que venir la policía) pero al principio… nada de nada. Quitarme el papel del wc de las manos descargandolo, empujarme para coger el pan, no mantener la distancia de seguridad en algunos sectores…No entienden que nosotros estamos trabajando para que no falte de nada, que lo hacemos lo más rápido y mejor posible. Y aguantar esa tensión todos los días, todos los turnos… te crea una ansiedad y un nerviosismo que te llevas a casa, por no hablar de la carga viral con la que tú te obsesionas que puedes estar transmitiendo.

¿Cómo es llegar a casa?

Pues intento seguir todas las medidas de protección para que mi familia no se vea afectada, de hecho entro casi desnudo por el pasillo, directo a la ducha… El agua te quita la carga viral, pero no la carga emocional. No te quita la ansiedad, los nervios de ese estado de estrés y el desánimo de ver lo egoístas que podemos llegar a ser. Dice la gente que está aburrida en sus casas, qué lástima… ya quisiera yo poder estar aburrido en mi casa… con mis hijos…

Ayer fui a comprar y Sergio me daba la vez para entrar, en mi turno y guardando todas las medidas de seguridad, y pude verle la sonrisa de pícaro reflejada en sus ojos, porque la mascarilla no puede tapar lo que solo es visible a los ojos del corazón. Quizás tú hayas perdido la fe que nunca tuviste en una sociedad más justa, pero yo la recupero cuando te veo luchando, día a día, a pesar de ella.

Al salir me guiñas un ojo y, desde la distancia de seguridad permitida, me gritas: ¿No te habrás dejado el papel del wc?