ROCÍO OLMOS/Concejal de IU-Verdes en Caravaca
La ingenuidad, bendito don, es lo que caracteriza a esos pequeños niños que llenan sus mochilas de libretas, libros, ilusiones y nuevos retos para este curso. Y, mientras los niños llenan dichas mochilas, los padres vacían sus bolsillos, desembolsando una buena cantidad de dinero para que su hijo tenga todo el material escolar. Obtener el bono libro es complicado, realmente complicado. Las becas quedaron en un bonito recuerdo de épocas pasadas.
Los niños vuelven al “cole”, si, los alumnos se encuentran con sus compañeros después de vacaciones, los alumnos se impregna del olor de las aulas, se vuelven a familiarizar con el sonido del timbre, del traqueteo de sillas y mesas, se vuelven a acostumbrar a una feliz rutina que nos anuncia la vuelta a la calma, pero…¿ qué pasa con los profesores? 
Entre recortes y restricciones, también comienza el curso escolar profesores y maestros, que tan bien viven según algunos. Muchos de ellos, han conseguido con un sacrificio y perseverancia inquebrantable, una plaza, lo que no quiere decir que tenga destino definitivo: es probable que ande pululando unos cuantos años entre un centro educativo y otro antes de conseguir el anhelado destino.
Otros maestros, que no tienen la plaza (a pesar de demostrar el mismo tesón y esfuerzo que los anteriores) se convierten en interinos que quedan para cubrir bajas, para andar por la región allá donde se le adjudique una sustitución. Y, créanme, que ser interino es  un privilegio: no importa tu destino, así sea Mazarrón, Yecla o  Cehegin…te sientes inmensamente feliz cuando observas tu nombre reflejado en aquel documento que te asegura unos días de trabajo…y por un momento, llegas a apreciar a la consejería de educación: un aprecio  un tanto efímero a la par que breve, muy breve.  
Y luego, tristemente, estamos aquellos totalmente trastocados por la crisis, aquellos cuya probabilidad de trabajar se convierte en mínima: y no, no es porque no sea necesario el profesorado, sino porque nuestro querido ministro de Educación se empeña en reducir las plantillas, en aumentar la ratio de las aulas, en dar privilegio a lo privado en detrimento de la escuela pública, en aumentar las tasas universitarias, en derrocar aquello de que la educación es un derecho para todos.
Sí, así empezamos este nuevo curso escolar, un curso marcado nueva y tristemente por los recortes, la pérdida de derechos y la quiebra de la igualdad de oportunidades. Pero no crean que estos conceptos ya tan familiares en los centros educativos no están respaldados…que se lo pregunten al  ya pasado  Consejero de educación, Constantino Sotoca, que ha tardado nada y menos en desmantelar la escuela pública.
No podemos dejar pasar en alto un curso escolar marcado por la “Ley Wert”, una ley cuya esencia  preocupa, ya que pone el foco de atención a la competitividad frente a la cooperación o formación de ciudadanos libres y críticos: una ley que parece entregar el sistema educativo a las manos del sistema productivo economicista siendo una amenaza para la escuela pública y de calidad. Una Ley que quiere forjarse sin tener en cuenta la opinión de profesores, padres y alumnos. Nace, pues, una ley con una grave falta de sentido democrático, que parece sólo les gusta a los políticos de la derecha.
Y  no puedo hablar más del inicio de curso porque muy a mi pesar, yo,  aún no he empezado, siendo un número más en la cola del paro.