Pedro Antonio Hurtado García

Bastante perdidos andamos todos. Nuestros dirigentes nos confunden ampliamente. El llamado “terremoto político” de Murcia, con continuidad en otras regiones del territorio patrio, complica el concepto de “tránsfuga”. Ya no sabemos si lo es el que se cambia de partido o el que, manteniéndose en el mismo, renuncia a asumir los acuerdos de gobierno establecidos.

Una práctica basada en una ambición de poder sin precedentes, tornada en indisciplina y hambrienta de modificar los patrones de su propia formación, la misma que le ha dado a conocer, le ha proporcionado un cierto prestigio y relevancia social. Solamente, porque quiere más protagonismo, más fuerza y, en definitiva, más poder, argumento injustificable para dedicarse a manifestar que los tránsfugas son los que han respetado el pacto que el mismo protagonista asumió, estampando una firma que, ahora, se empeña en interpretar en diferente dirección.

¿Estamos locos o, sencillamente, queremos convertir en locura este momento político tan carente de gloria, falto de seriedad y huérfano de ideología?.

A nadie se le escapa que el llamado “terremoto político”, de expansión extensiva a gran parte del territorio nacional, estaba gestado, organizado, diseñado, meditado y pergeñado a nivel muy superior y a dos bandas (PSOE y C’s), pero el diseño ha quedado fallido al fracasar los más elementales cálculos, lo que ha ocasionado el que muchos de los partícipes, como esperaban con esta maniobra, continúen tratando de localizar “su sillón”, en vez de ocuparse y preocuparse de la ciudadanía que les ha puesto ahí.

Este tipo de operaciones, repletas de claras ansias de poder, exigen mayor precisión y rigor de cálculo. No basta con fundamentarlas en la corrupción, porque, ¿qué formación está exenta de esa condición?. Buenos días.