Francisco Ortuño Parra

Lo más grave de la situación política actual es que el partido popular (también el partido ciudadanos de otra manera) está contribuyendo a normalizar a VOX como un partido igual que todos los demás, cuando en realidad no lo es.

Conviene tener claro que el modelo político que inspira sus propuestas es el régimen autoritario y dictatorial que se estableció en España tras un cruento golpe de estado militar que, por su fracaso, provocó una guerra “incivil” entre españoles y tras la cual hubo una sanguinaria represión en la que fueron asesinados muchos miles de españoles cuyo único delito era pensar diferente. Esta es la ideología política que defiende VOX.

Nos quieren distraer echándose las culpas los unos a los otros, con la unidad de España, con el tema de Cataluña, con la familia, con los toros, con la caza, etc… (a ver si contemplando los árboles no vemos el bosque).

No es válido el argumento de que hay votantes que lo apoyan: también el partido nazi en Alemania y el partido fascista en Italia aprovecharon el sistema democrático para instaurar regímenes autoritarios  de terror y muerte (y no olvidemos que fueron poco a poco), porque  su objetivo no confesado es acabar con la democracia: VOX no es un partido democrático. Es un lobo disfrazado de cordero.

Los sistemas democráticos  deben generar los anticuerpos necesarios para defenderse de los que quieren acabar con un funcionamiento democrático.

También conviene tener presente que  allí donde se ha presentado VOX  no se han  presentado las varias concreciones de Falange Española que sí se han venido presentando en elecciones anteriores. Así se puede entender  por qué estos señores y señoras no quieren que tengamos memoria de la Historia, evidentemente para que no podamos establecer los paralelismos que nos explican por qué pasa lo que pasa.

Entiendo que el partido ciudadanos no lo tiene fácil, pero pienso que si se quiere homologar con el pensamiento liberal europeo no puede, bajo ningún concepto, colaborar con quienes pretenden resolver los conflictos que plantea el funcionamiento democrático con medidas y prácticas dictatoriales, intolerantes, racistas, xenófobas, integristas e involucionistas. Si quiere seguir usando el calificativo “democrático”  no debe aliarse con antidemócratas.

Paco Ortuño (Aguilas)