JAIME PARRA

Como casi todo el mundo, los voluntarios de Protección Civil se han tenido que reinventar durante la crisis sanitaria, han tenido que señalizar y cerrar zonas de recreo, repartir mascarillas en la calle o material escolar en los hogares, informar a la población de los cambios normativos, dar asistencia en domicilio a ancianos, tutelar a personas vulnerables, llevar la compra a casa de personas con necesidades especiales e incluso desinfectar algunos espacios.

Los voluntarios de Protección Civil de Bullas son un buen ejemplo de ello. Formada por cincuenta y seis personas, su coordinador desde hace seis años es Salvador Sánchez, quien recientemente ha recibido la Medalla de Servicios Distinguidos de la Asociación Nacional de Protección Civil en su categoría de oro, la máxima condecoración.

Ha sido habitual verlos en grandes catástrofes como el terremoto de Lorca o las inundaciones en Los Alcázares, o acudiendo a un rescate, o ayudando en un concierto o una carrera popular. Pero este 2020 un 90% de sus actuaciones, casi quinientas cincuenta, han estado relacionadas con el coronavirus.

Desde un mes antes del confinamiento han seguido un protocolo eficaz (y han tenido formación específica), ya que entre los voluntarios de Bullas no se ha dado ningún caso, lo que no quita que hayan vivido estos meses con “mucho respeto y un poco de miedo, nosotros estábamos trabajando en primera línea y éramos muy susceptibles de poder contagiarnos y llevar el virus a nuestras casas”.

El secreto de su éxito: “siempre actuamos en equipo”, explica Salvador Sánchez.

Han vivido momentos de tensión, ya que, sobre todo durante la primera ola, muchos vecinos se encontraban alterados. “Pero en todo momento hemos pensado que merecía la pena, que sin nosotros todo hubiera sido más duro. En líneas generales la gente ha sido muy agradecida y creemos que hemos salido reforzados en lo personal y públicamente”.