Pedro Antonio Muñoz Pérez  (pedroamupe@gmail.com)

Tuve el honor y el placer de colaborar con este periódico prácticamente desde su fundación (1997) hasta el año 2003, en el que interrumpí por voluntad propia el envío de mis artículos. La aparición de la pandemia y la consiguiente agitación anímica que me produjo provocaron mi reincidencia y, como siempre, encontré la puerta abierta y el mismo foro incondicional y sin restricciones donde exponer mis ideas y el resultado de mis investigaciones. El Noroeste sigue siendo un periódico fresco y heterodoxo en su línea editorial (en el sentido de no plegarse a ninguna consigna o presión, ni mucho menos censura), un panel donde se recoge la actualidad de la comarca y también se manifiestan el latido cultural y las opiniones de un tejido social creativo y dinámico que se resiste al ostracismo provocado por la hegemonía de la capital, cuya influencia llega a resultar asfixiante en una región tan pequeña.

Ha tenido y tiene esta publicación una panoplia de colaboradores tan heterogénea como diversa y variopinta es la población de esta comarca, donde se concitan el carácter sobrio de lo serrano y la amenidad de las vegas fértiles en los valles de los ríos. Hay mucho literato (o escribidor vocacional), alguno consagrado, que prodiga su ingenio en piezas breves, frecuentemente arraigadas en los recuerdos o impresiones que deja esta tierra en sus oriundos, y también no pocos opinadores que vierten en sus artículos su particular visión sobre temas de actualidad. Historiadores, estudiosos o simples aficionados a rebuscar en el pasado contribuyen al conocimiento de los rasgos definitorios de estas tierras. Divulgadores científicos, de diferentes áreas profesionales, comparten página con expertos en temas monográficos como la música, la literatura o el cine, en una miscelánea cultural que han titulado Deitania. Todos tienen cabida en este foro, sin excepción ni cortapisas, pese al empecinamiento de algunos suspicaces disconformes, incapaces de reconocer el ejercicio de la libertad de prensa, cegados por los prejuicios de su propio sectarismo, que han pretendido, con poco afán de objetividad y a la espera del éxito sospechoso del rumor, asociar el nombre de este periódico a un determinado sesgo ideológico. No hay caso: en El Noroeste, información, opinión y divulgación cohabitan en equilibrio dando lugar a un producto muy digno. Tal vez, el vicio insano de la envidia, o la inveterada tradición cainita de la competencia por difamación, hayan pretendido ensañarse con un medio, extrañamente independiente, perdurable en estos tiempos tan difíciles y complejos en el mundo de los medios de comunicación. A pesar de ello, coexisten numerosas publicaciones en múltiples formatos sin que sean necesariamente excluyentes, incluso una misma cabecera que se edita en papel tiene su correspondiente edición digital. Esto enriquece la oferta y favorece el acceso del público a la información plural, por tanto se entienden menos los recelos y la obsesión por la etiqueta. Que cada cual busque lo que más le convenga.

Precisamente, justo en la transición entre los siglos XIX y XX, la prensa local caravaqueña tuvo una eclosión extraordinaria (*). Coincidiendo con el panorama social que provocaba la alternancia entre liberales y conservadores en el sistema político de la Restauración, surgieron numerosas publicaciones periódicas de diverso cuño y con diferentes adscripciones ideológicas, según fuera el grupo o el cacique que las patrocinara. Y a ellas quiero referirme para ponderar si aún hay que confiar en el valor de la prensa escrita en estos tiempos de pantallas y contenidos digitales.

Veamos: desde 1877, año de aparición y finiquito de “El Argos”, hasta 1936, en el que la Escuela Graduada de La Santa Cruz creó la revista “La Infancia Escolar”, se sucedieron diez publicaciones diferentes: La Luz, La Luz de la Comarca, El Baluarte, El Siglo Nuevo, La Idea, Heraldo de Caravaca, El Hacha, Caravaca, Nueva Era e Industrias, aparte de las dos citadas. Detrás de la mayoría de estos medios, se encontraban los miembros de la burguesía más o menos ilustrada, la única clase social capaz de financiarlos y a quienes iba destinado su contenido, ya que la mayor parte de los ciudadanos era analfabeta.

De todos estos periódicos, el más duradero fue “La Luz de la Comarca” (42 años), en cuya cabecera se advierte cierto paralelismo con El Noroeste, ya que su contenido y espacio de difusión tenían, obviamente, un carácter comarcal.

En mis incursiones en el mundo de la investigación, he tenido la oportunidad de frecuentar las hemerotecas digitales y la del archivo municipal de Caravaca y les puedo asegurar que, aparte del indudable valor documental de estos periódicos antiguos, resulta muy refrescante sumergirse en sus páginas, una experiencia muy estimulante, tan diferente a la del resto de repositorios archivísticos. Ahí está aún fresca la vida, se siente el latido de la actualidad, está presente lo cotidiano, se aprecia incluso la anécdota y el chafardeo. Uno se entretiene leyendo las “notas de sociedad” y descubre los nombres de los protagonistas y los detalles de acontecimientos en apariencia irrelevantes, pero que vistos desde la distancia del tiempo cobran una interesante dimensión testimonial.

Y así será dentro de un siglo. Quienes se acerquen con ánimo de conocimiento a desentrañar la esencia de esta época tendrán en El Noroeste el mejor recurso para validar su investigación. Para entender cómo se vivió en la comarca esta encrucijada entre siglos y milenios, los futuros investigadores encontrarán en las páginas de este periódico el testimonio fidedigno de las personas, los hechos e incluso del impacto de los avances sociales y técnicos, también de las cuitas y crisis de todo tipo, en los estados de ánimo reflejados en los artículos de opinión. Las imágenes y la información sin distorsiones, aunque sujetas a interpretación, como así debe ser.

El Noroeste no es un negocio sino una inversión de futuro. La intención de su editor no es (no puede ser) crematística. Es un milagro (y un elegante ejercicio de cabezonería y altruismo) haber salvado el paréntesis atípico del confinamiento sin naufragar. El periódico se ha mantenido más o menos indemne en edición digital. Los anunciantes y patrocinadores institucionales han colaborado en esta misión casi de salvamento y socorrismo. No duden de que su contribución solidaria habrá sido provechosa. El Noroeste tiene materia, espíritu y vocación de hemeroteca. Por eso vuelve al papel. Nuestros nietos, biznietos, tataranietos y choznos sabrán agradecer este esfuerzo por mantener a flote este humilde, pero indispensable, medio de comunicación. Pónganse guapos y no descuiden su conducta, los ciudadanos y ciudadanas (**) del año 2175 nos están observando.

*Más info en: Marín Ruiz de Assín, D. «La prensa periódica en el Noroeste hasta 1939», en González Castaño, J. La prensa local en la Región de Murcia (1706-1939), pp. 83-88, Instituto de la Comunicación, Murcia, 1996.

Y en el artículo de Francisco Fernández García: https://elnoroestedigital.com/la-prensa-periodica-en-las-comarcas-del-noroeste-y-rio-mula/

**Nota: téngase en cuenta la utilización del masculino genérico en el resto del artículo.