MARISA BERMÚDEZ/ABUL KHATAR

Otra año más nos encontramos a pocos días de nuestras tan ansiadas fiestas en honor a la Santísima y Vera Cruz, y otra vez volvemos a tener ese sentimiento de tristeza que nos encoge el corazón. Si hace unos años nos hubieran dicho que algún año los trabucos de Abul Khatar  no retumbarían en la cuesta de la Cruz, o que no habría tribunas rojas inundando la Gran Vía,  nos lo hubiésemos creído, es  un pensamiento que no cabía en la mente de ningún caravaqueño, pero ya van dos.

Marisa Bermúdez

Este año con la experiencia ya adquirida, afrontamos estos días con tristeza, resignación y responsabilidad, pero también con la ilusión y la esperanza de que el próximo año podamos estar llenando las calles de Caravaca de rojo Abul Khatar.

Es difícil despertar un tres de mayo y sentirlo como un día más, no tengo duda de que muchos soñaremos con marchas moras, cascabeles o espadas, y despertaremos con un nudo en la garganta sintiendo por un momento que todo esto solo es un mal sueño, y que la procesión está a punto de comenzar.

A menudo nosotras imaginamos y ansiamos el momento de “volver”,  incluso fantaseamos con la sensación de reunirnos de nuevo bajo el sonido de los trabucos, mientras suena la flama de Alá,  bajando de nuevo la cuesta de la Cruz; creo que viviremos ese momento con tanta ilusión o más, que la primer vez que desfilamos, pero una vez más toca esperar y cambiar las chapas, en mi caso, por mi baby para trabajar.

Este año, otra vez, viviremos de recuerdos, y yo me quedo con eso, ese hormigueo propio de los días previos, esos no parar ultimando detalles, esas noches ensayando una coreografía que parece imposible, ese segundo desfile más relajado y  lleno de risas, con cada una de las flores que alguien especial te regala, con esas sonrisas cómplices entre filas, porque nuestra voces están ya tan rotas que ni siquiera las escuchamos, ese velo que una compañera te arregla porque se había enganchado, esa última bajada de la cuesta bajo un gran lluvia, (ni ella nos lo pudo impedir), esa llegada al templete entre los aplausos del pueblo caravaqueño…, y todos esos momentos que aunque aquí no puedo contar, en mi mente estos días, sé que no pararán de sonar.

Todo esto hace que la espera merezca la pena, yo ahora solo deseo ese trueno final que indica que todo vuelve a empezar, para muy  pronto poder seguir escuchando  el sonido de las chapas de ABUL KHATAR.