NATI MONTES

Creo que la infancia se recuerda como una serie de fotogramas sueltos e inconexos, que nuestra memoria y nuestra imaginación rellenan como pueden. Desde siempre, uno de los hilos que he usado para coser esas escenas es la melodía del pasodoble Segrelles que los sanjuanistas han usado como himno oficioso.

NATI MONTES

Creo que la infancia se recuerda como una serie de fotogramas sueltos e inconexos, que nuestra memoria y nuestra imaginación rellenan como pueden. Desde siempre, uno de los hilos que he usado para coser esas escenas es la melodía del pasodoble Segrelles que los sanjuanistas han usado como himno oficioso.
Yo recuerdo (o imagino o relleno) mañanas del 2 de mayo, esperando con mi madre, mi hermano Amalio, mi hermana (un bebé), mi tía y Carmen La Zurrona (mi abuela de facto), en la esquina de Correos, escuchar el Qué huevos tiene este grupo… y ver a mi padre, al frente de su querido grupo.
Fueron pocas veces pues dejó de salir siendo yo muy pequeña. Y llegaron las lágrimas. Primero, las de mi madre, preparando los trajes para devolverlos al grupo. Y, luego, cada año, cada 2, cada 3 y cada 4 de mayo, las de mi padre, al ver la majestuosidad de San Juan desfilando, sin él.
El desfile lo perdió a él. Pero la fiesta jamás perdió al trovador, la voz del Romancero (perdonen otras voces esta soberbia mía) y esas notas (la, la, la, sol, fa, mi, re,…) con las que mi flauta dulce escolar y yo, lo acompañamos una vez (sí, todos tenemos un pasado…).
Y yo también gané a mi mentor festero, la persona que me ha inculcado un punto de vista hacia la Fiesta quizás no muy común. Y a amarla, no solo la fiesta en sí. También cada ritual, cada rincón. Todo. Sobre todo, el origen: el tributo apasionado a Nuestra Santísima Cruz.
No es una persona perfecta. No será el mejor padre del mundo pero lo quiero mucho. Y, por eso, agradezco al Bando Cristiano, su nombramiento como Cristiano del Año; que, para mayor regocijo se lo hayan concedido junto a su amigo Pepe El Cuchara y que todos hayamos entendido que es un homenaje también para sus queridos San Juanes. Me permito la licencia de extenderlo a mi madre, por ser… bueno, por lo que es.
Viva San Juan, Amalio. Viva San Juan.