Pedro Antonio Hurtado García

Que lo estamos pasando mal con el coronavirus es una obviedad. Se nos está empalagando, aunque parece que se perciben sombras de esperanza para dominarlo, a tenor de los últimos datos.

Es ejemplar el comportamiento del pueblo español, salvo las lógicas excepciones de algún que otro “loco”, desaprensivo, maleducado o impresentable. Todo el mundo en casa. Viajes, los imprescindibles. Prudencia y disciplina, toda. Los sanitarios, no solamente se ganan el aplauso diario, sino que tenemos que quitarnos el sombrero ante ellos. ¿Alguien se ha imaginado que ese colectivo tirara la toalla?. No podemos ni pensarlo.

Los sacrificados camioneros, una bendición para mantener abastecidos los equipamientos sanitarios y centros de alimentación. Para los empleados de supermercados, también al filo del riesgo, una gratitud marcada e incuestionable.

Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, tratando de ser comprensivos, didácticos y con enorme paciencia, sancionando, exclusivamente, cuando el caso así lo exige, pero nada más. Para los empleados del servicio de basuras, otro reconocimiento intenso, así como a todos los colectivos que no hace falta relacionar por imposibilidad de espacio, pero que todos sabemos quiénes son. Gracias, gracias, gracias y mil veces gracias.

No tanto a nuestros representantes políticos, de cualquier signo, a quienes se les detecta que, sin comparecer en sus escaños, continúan percibiendo y sin suspender la asignación de unas ilógicas dietas, al no haber materializado un gasto que solamente se produce con actividad plena y que, para tratar de “justificarlas”, alegan que pensaban donarlas. ¿No será para beneficiarse, también, de la fiscalidad que las donaciones tienen conferidas?. Qué pena que haya que estar, continuamente, “vigilando al vigilante”, justo lo contrario del relevante y reconocido ejemplo ciudadano narrado. Buenos días.