Ya en la calle el nº 1034

Vidas contadas a pie de calle en unos momentos devastadores

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Pedro M. Martínez Bermúdez/Escritor

Paloma Sánchez-Garnica, licenciada en Derecho y Geografía e Historia, ha publicado novelas, como El gran Arcano (2006), La brisa de Oriente (2009), El alma de las piedras (2010), Las tres heridas (2010), La sonata del silencio (2012), que fue convertida en serie para TVE. Presentará en la Feria del Libro de Caravaca su última obra, “Últimos días en Berlín”, la cual quedó finalista en el Premio Planeta 2021.

Usted viene a presentar en Caravaca su última obra, “Últimos días en Berlín”, ¿podría hacernos un pequeño resumen de la trama?

Es una historia de vidas contadas a pie de calle en unos momentos devastadores pero     fundamentales para el siglo XX, los años 30, previos a la Segunda Guerra Mundial. La historia termina justo después de este conflicto bélico, pero sin entrar a hablar de las trincheras ni en el horror del Holocausto. Hay un triangulo amoroso, dos mujeres que se enamoran apasionadamente de un hombre, hay amistades que se funden en momentos muy complicados. Es una historia que va a mantener al lector pegado a cada página.

¿Qué le dio la inspiración para la trama?

La historia salió de la curiosidad. Yo escribo para aprender y, después de escribir “La    Sospecha de Sofía”, sentía interés en saber cómo se había llegado a ese punto en Alemania. Quería entender qué ocurrió, qué le pasó a la sociedad alemana para que siguieran a un “salvapatrias” y a una ideología tan perversa como el Nazismo. Se cruzó la lectura de         “Archipiélago Gulag” de Aleksandr Solzhenitsyn y mi curiosidad volvió a engullirme en el lado soviético y al final decidir contar una historia de una moneda con dos caras, la del   totalitarismo del Nazismo y la del Stalinismo.

¿Cree que podemos sufrir sistema dictatoriales de igual magnitud en el futuro?

 Claro que podemos. Debemos de estar alerta ya que podríamos llegar a pensar que, como sociedad estructurada, avanzada, basada en el Estado de Derecho y la democracia, los horrores del pasado no nos pueden suceder. Hay que atender mucho al aviso de Primo Levy, el cual decía que comprender el horror del Nazismo es imposible pero conocerlo es un deber, porque ocurrió y, por lo tanto, puede volver a ocurrir.

Hay una gran cantidad de personajes, desde exiliados rusos, oficiales nazis, trabajadores de la Embajada de España…, ¿cuál de ellos fue el más difícil de crear?

Los personajes soviéticos porque se ha escrito mucho sobre los nazis, se les ha juzgado a nivel internacional por los historiadores, los alemanes dejaron todo documentado. Pero, como dijo Stalin, “a los vencedores no se nos pide rendir cuentas”. El mundo soviético ha sido muy opaco, ha habido mucho secreto. Sabemos lo que fue el Gulag gracias a esa    grandiosa obra de Solzhenitsyn, la cual desarrolló con gran dificultad. También me costó mucho la mentalidad rusa, muy diferente a la alemana, tuve que centrarme y analizar más a esos personajes.

Uno de ellos, Claudia Khaler, simpatizante nazi y casada con un comandante de las SS., verá cómo sus creencias cambian tras conocer a Yuri Santacruz, una persona de otro país. ¿Cree que el mestizaje con otras culturas es esencial para hacer un mundo mejor?

Absolutamente, estoy convencida, es la base de la tolerancia. De hecho, Claudia, como   muchos alemanes, pensaban que el Nazismo era la solución para una Alemania rota, desilusionada, vulnerable. Sin embargo, el amor hacia Yuri es el punto en el que Claudia empieza a darse cuenta de las incongruencias que uno lleva con sus principios morales, que a veces se aplastan con estas ideologías y otras veces surgen y se dejan ver a pesar de ese convencimiento. Va evolucionando y siendo consciente de la perversidad del Nazismo. Claudia es un ejemplo de como muchos alemanes se dieron cuenta, aún habiendo otros que         siguieron el halo de Hitler y sus ideario.

Va a asistir a la Feria del Libro de Caravaca, ¿cree que la organización de esta clase de eventos, donde se puede entablar un contacto directo con los autores, es una herramienta eficaz a la hora de fomentar el uso de la lectura entre las personas?

Por supuesto, y más desde hace dos años. Antes estaba bien, pero cuando nos quitan la posibilidad de salir, de asistir a estos eventos, de vernos cara a cara con los lectores, es cuando lo valoramos. Es una buena forma de sacar los libros a la calle para que podamos  pasear en una primavera cálida e ir viendo y ojeando obras y, además, que los autores podamos llegar hasta nuestros lectores y sentir esa gratitud mutua. Por una parte, los lectores, por una obra que les ha conmovido. Por otro lado, la de los escritores por la lectura de la obra, sin la cual mis personajes no tendrían sentido.

 ¿Qué libro tiene ahora en su mesilla de noche?

 Anoche terminé de leer “Nos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre.

 ¿Qué autores y obras le han influenciado a lo largo de su vida?

Muchos, ya que soy lectora desde que era niña. Con 12 o 13 años me encantaban “Los 5”,  “Los 7 secretos”. Después de la adolescencia me marcó “Malena es un nombre de tango” de Almudena Grandes, “La Ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza. A partir de ahí, mi vida ha sido la lectura. Me fascina Benito Pérez Galdós, leí y releí “La Regenta”. Descubrí a      Stefan Zweig gracias a un librero, ¡cuántas cosas me han descubierto los libreros de este país!

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Escribir mi novena novela. Estoy en proceso de documentación y leyendo mucho. El trabajo de escritor es parecido a la de un arquitecto.  Estoy en ese terreno baldío viendo dónde pongo los cimientos para luego ver cómo va subiendo piso a piso hasta observar cómo se termina el edificio

  Vivimos en una era dominada por las pantallas, tanto televisión, móviles, etc. ¿Usted prefiere la lectura de un libro físico o bien la que nos permite los lectores de ebooks?

             Yo soy de libro, libro y libro y además de tapa dura. Los ebooks me parecen bien, incluso los   audiolibros, los cuales acercan la lectura a gente que no tiene tiempo. Comparo los libros digitales con aplicaciones como skype, uno está hablando con una persona que puede estar       lejos, pero cuando haces click desaparece. Sin embargo, hablar con una persona físicamente es ver el entorno, puedes abrazarle. Eso mismo ocurre con los libros. Cuando apagas el lector de ebook, ya no está el título ni el autor. Sin embargo, el libro que terminé de leer anoche, lo tengo, lo palpo, lo he hecho mío, ya pasa a ser parte de mi patrimonio mental.

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