Pedro Antonio Hurtado García

Foto.- R. Mellado-Jazz San Javier

Podemos dar fe los aficionados que hemos disfrutado de tantas y tantas ediciones del “Festival Internacional de Jazz de San Javier”, donde, además de pisar ese escenario en varias ocasiones, le fue concedido el premio del certamen, en la edición de 2018, una velada en la que el artista estuvo verdaderamente magistral, tal como informamos de ello en nuestro número del 02-08-2018, aunque, aquello no era más que otra de sus numerosas distinciones, ya que, entre otras muchas, tiene 23 “Premios Grammy”, galardones de los que disfrutó, de su nominación, en más de medio centenar de ocasiones. ¡¡¡Todo un récord!!!. Armando Anthony Corea (12-06-1941, Chelsea-Massachusetts-EE.UU./09-02-2021, Tampa-Florida-EE.UU.) virtuoso pianista conocido, artísticamente, como Chick Corea, además de compositor y envidiado referente del jazz clásico y de vanguardia.

Éxitos iniciales.- Sus primeros éxitos internacionales, en los años ’60 del pasado siglo XX, surgieron por el acierto de instalarse en la corriente denominada “jazz fusión”, convirtiéndose en pionero y maestro de la misma para, llegada la década de los ’70, ofrecer destellos de veteranía y consolidarse, ahí, como un auténtico líder de encomiable sencillez que hacía, de cada actuación, una diversión para el propio artista, perceptible desde cualquier butaca. Miembro de la banda de Miles Davis, se codeó con los mejores de su época y fue codiciado y admirado por todos. Unido a otros virtuosos de su dimensión, también creó la banda “Return to Forever”, grupo defensor del jazz fusión, con la participación de Flora Purim, Joe Farrell, Stanley Clarke y Airto Moreira. No obstante, en las dos décadas siguientes, ’80 y ’90, retomó sus colaboraciones con músicos de enorme talla, tales como el pianista, tecladista y compositor Herbie Hancock; el pianista y músico de jazz Keith Jarrett o el músico, compositor, educador y vibrafonista de jazz, Gary Burton. Corea es considerado uno de los más influyentes pianistas posteriores a Bill Evans (1929-1980) o McCoy Tyner (1938-2020).

Obras maestras.- El de la Chelsea americana compuso grandes partituras de jazz y, aunque sus discos se cuentan por decenas y hasta centenares, entre colaboraciones, directos, recopilatorios y demás, los especialistas y su fiel público coinciden en destacar maravillosas obras como “Spain”, “Armando’s rhumba”, “La fiesta”, “Windows” o “500 miles high”, relación que podría ser interminable. En su “Facebook”, el artista ha dejado este inmejorable mensaje de despedida que reproducimos íntegramente: “Quiero dar las gracias a todos los que me han ayudado, en mi viaje, a mantener ardiendo el fuego de la música. El mundo no solo necesita más artistas, sino también un montón de diversión. A todos mis músicos amigos, que han representado mi familia: ha sido un honor y una bendición aprender y tocar con vosotros. Mi misión siempre fue llevar, adonde pudiera, la alegría de la creatividad. Y, haberlo logrado con los artistas que he admirado, se convirtió en la riqueza de mi vida”, escribió este músico que se mantuvo activo hasta el final de sus días. La muerte le ha sobrevenido a consecuencia de una extraña derivación de cáncer que se le diagnosticó poquito tiempo antes de su óbito, producido a cuatro meses de alcanzar la condición de octogenario.

Desde los cuatro años.- El artista comenzó a tocar el piano cuando solamente tenía cuatro años, lo que certifica que dedicó su vida al instrumento menos portátil de todos, ese que le afinaban y preparaban mimosamente en cada escenario en el que actuaba, junto a sus músicos, a los que siempre calificó de guerreros por soportar tanta carretera, tanto hotel y no menos horas invertidas en desplazamientos, un peregrinar que aseguraba que quedaba totalmente olvidado en cuanto se pisaba el escenario y se percibían los aplausos ansiosos y expectantes de unos aficionados que sabían lo que querían, valorando y agradeciendo, así, el que fueran capaces de deambular con tan prestigiosa y delicada música por tantos escenarios del mundo, práctica exclusiva para artistas de su dimensión, quienes lo mismo actúan en grandes recintos que en escenarios de teatros cerrados y mucho más reducidos. Artesanos de la música con los que se entendía magníficamente, creadores de sonidos de diversas denominaciones, pero que, él, se empeñaba en llamarles, sencillamente, música. Sus primeras influencias estuvieron representadas por Bud Powell y Horace Silver. Dotó su experiencia al amparo de sus composiciones, con lo que comenzó a participar en bandas como las del trompetista Blue Mitchell, el percusionista y director orquestal cubano Mongo Santamaría, el flautista Herbie Mann, el percusionista Willie Bobo y el saxofonista Stan Getz, creando, para todos ellos, grandes composiciones, pero llegó 1966 y realizó su primera grabación como protagonista: “Tones for Joan’s Bones”.

Relacionado con genios.- Otras relaciones musicales fueron las mantenidas con el saxofonista Michael Brecker, el baterista de jazz Roy Haynes, el bajista y contrabajista de jazz Miroslav Vitouš, homenajes al pianista y compositor estadounidense Thelonious Monk (1917-1982), así como su acercamiento al clásico con más genios. Ahí quedan sus “The Electric Band”, con el bajista y contrabajista de jazz John Patitucci, el guitarrista de jazz fusion y blues Scott Henderson, el virtuoso guitarrista australiano de jazz/rock/fusión Frank Gambale, el saxofonista Eric Marienthal y el baterista Dave Weckl. También formó “Akoustic Band” con Patitucci y Weckl. Y, quedando muchos artistas colaboradores en el tintero, no podemos olvidarnos de nuestro siempre genial Paco de Lucía, buen amigo de Corea y con el que le encantaba tocar al estadounidense, porque observaba gloria y buen gusto en sus dedos.

Precursor del piano eléctrico.- Apoyó a la respetadísima cantante estadounidense de jazz, Sarah Vaughan. Se inició, posteriormente, en el piano eléctrico, del que fue precursor, gracias a la insistencia, casi persecutoria, del propio Miles Davis, reputado trompetista estadounidense y compositor de jazz. Tras su compromiso con Davis, comenzó Chick Corea a prodigarse en el jazz de vanguardia, acompañado por su grupo, “Circle”. Luego, creó el cuarteto formado junto a Barry Altschul, Anthony Braxton y Dave Holland y, así, numerosos proyectos más de este activo músico, creador y trabajador incansable hasta el final de sus días, sin olvidarnos de su relación musical con el guitarrista Bill Connors, el baterista de jazz Lenny White, el también guitarrista y tecladista Earl Klugh, el sensacional Al di Meola que vendría a reemplazar a Connors en la guitarra cuando corría 1974, momento en el que “fabricaban” una música claramente jazzística y de marcadas improvisaciones, pero con claras reminiscencias rockeras, sello distintivo de la “factoría” de Chick Corea, quien usó, además, su apoteósica “big band” con los mejores talentos, incluído Stanley Clarke.

Descanse en paz un pianista de leyenda que pasará a la historia de la música contemporánea por méritos propios, por tenacidad y por muchos otros valores que atesoraba el estadounidense. Buenos días.