PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Su primer sencillo lo grabó, en 1959, en la prestigiosa discográfica, de Minneapolis, conocida como “Soma Records”. Y la canción que contenía, titulada “Suzie baby”, la compuso él mismo, aunque descaradamente influenciado por “Peggy Sue” que popularizara Buddy Holly. Más tarde, quedó ligado contractualmente con “Liberty Records”, firma discográfica que, en aquellos momentos, era una de las más codiciadas en Estados Unidos. “What do you want?” (“¿Qué quieres?”) fue la canción que lució en su siguiente single y que no era más que una versión del tema que ya interpretaba el afamado británico Adam Faith, pieza que escaló importantes posiciones en las listas de popularidad al inicio de la década de los años ’60. Pero tuvo que esperar a su cuarto “experimento” musical para oler a estrella y consolidarse como tal en el firmamento celestial de un consagrado pentagrama que le dio brillo y lujo para siempre. Y fue el tema titulado “Devil or Angel” (“Ángel o demonio”) con el que lo consiguiera, sin dejar de ser una versión que, en realidad, pertenecía al grupo conocido como “The Clovers”. Luego, vino “Rubber ball” (“Pelota de goma”), lo que le supuso la consolidación definitiva entre “los elegidos” a nivel internacional.


Descubridor de Bob Dylan y creador e impulsor de los vídeos musicales
Se coló en el grupo de los pioneros que impulsaron los vídeos musicales. Estuvo propuesto al prestigioso “North Dakota Roughrider Award”, destacando su intensa amistad y asociación musical con el legendario y flamante Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, el siempre “extraño” cantautor de Minnesota, al que nuestro protagonista, todavía no desvelado, le concedió la alternativa de su verdadero descubrimiento en forma de oportunidad vital cuando Dylan era, todavía, extraordinariamente joven y “se escondía” tras uno de sus muchos seudónimos que le revelaba como Elston Gunn. Fue, entonces, cuando le incluyó, como pianista, en la formación musical que le acompañaba en sus actuaciones. A su lado, gozó Bob Dylan de lo que nunca pudo negar como su primer devaneo musical de altura en Minnesota, su tierra natal, razón y gesto por el que, después de muchos años, le testimonió su reconocimiento de gratitud, por la confianza en él depositada, al mencionarle en la película “No direction home”, de Martin Scorsese, así como en el transcurso de un concierto celebrado en el susodicho estado de Minnesota, en 2013, proclamando que era “la más bella persona con la que había compartido un escenario”, lo que cobra especial valor al percibirse en la poco efusiva palabra del no menos hermético y vigente Premio Nobel de Literatura.
Retirado de los escenarios, por el “Alzhéimer”, desde 2011
De no ser por nuestros titulares, la imaginación de los lectores andaría suponiendo e interpretando, porque todavía no hemos revelado que nos referimos a Robert Thomas Velline (30-04-1943, Fargo-Dakota del Norte-Estados Unidos/24-10-2016, Rogers-Minnesota-Estados Unidos), conocido en el mundo artístico como Bobby Vee, americano actor, guitarrista y cantante de música popular, cultivador de géneros como la balada, el doo wop y el rock and roll, en el que mantuvo una muy destacada notoriedad a lo largo de su brillante trayectoria artística, un intérprete que falleció la pasada semana dejándonos un extraordinario legado musical, tal como vamos desgranando en esta crónica. La consecuencia de su fallecimiento, con 73 años, ha sido el implacable “Alzhéimer” que no perdona y que, antes o después, viene ganando la batalla a todos sus destinatarios, enfermedad, por otro lado, que le hizo abandonar los escenarios, por obvias razones, en el pasado 2011.
Sus canciones, siempre en los recopilatorios de calidad
Pocos discos recopilatorios del género y de la época, si se precian de ser de calidad, carecen de canciones del fallecido, un músico de altísimo nivel, a quien se le conocía como “El hombre de la voz melosa”. El mejor “certificado de buena conducta” del americano queda contemplado en una brillante carrera que lució algo más de 30 éxitos importantes en la década de los ’60, instalando una decena de ellos en el “Top 20” de la acreditadísima lista “Billboard”, aunque solamente uno de esos diez se encaramó al número uno de esa relación encargada de tomar la temperatura de atractivo y ventas a las grabaciones musicales: “Take good care of my baby”, una balada que, indefectiblemente, pasará a la historia de la música contemporánea. Icono, igualmente, del “sonido jukebox”, tan prototípico en esa frontera extraordinariamente difícil de señalar entre el pop clásico, el soul blanco, los guiños al doo-wop o la más tierna balada rockanrolera.
Fiel exponente y lujoso representante del prestigioso pop norteamericano
Sus inicios, al amparo de la industria del “Brill Building”, son parte importante de su esencia artística. Por si alguien no le recuerda, refresquemos la memoria diciendo que el Brill Building es un gigantesca construcción localizada en Nueva York, concretamente en Times Square, en el 1619 de Broadway, un emblema que representa el máximo esplendor de la música pop, desde 1958 a 1963. En la conocida como “Gran Manzana”, en sus dependencias, que todavía figuran impenitentes abrazadas por otros muchos rascacielos, fueron numerosos los compositores que crearon el llamado “Brill Building Sound”, como otro de los muchos altares de los que goza la música. Y, ahí, surgieron los efectos incorregiblemente dulcificados de su aterciopelada voz, como cromos de una colección melodramática y apetecible tan propia de los ’60: “Punish her”, “Yesterday and you”, “Come back when you grow up”, “Stayin’ in”, “The night has a thousand eyes”, entre otras muchas, son brillantes y memorables composiciones que nos trasladan a la más dorada de las épocas del prestigioso pop norteamericano. Y, en esa etapa y concepto, Bobby Vee es uno de los más fieles exponentes y lujosos representantes. Para quien esto escribe, la música de este artista no tiene desperdicio alguno y es válida para bailar, en unos casos, para escuchar, en otros y, siempre, para divertir, porque Vee ha sido un auténtico mago en el manejo de sus privilegiadas cuerdas vocales y cuyos discos cuidamos coro “oro en paño” al considerarlos un auténtico tesoro.
La simultaneidad de la desgracia y el triunfo
Hay mucha más historia, trayectoria y éxitos de Bobby, pero acabamos con una paradójica anécdota. Cuando solamente contaba con 15 años, junto a su entonces improvisada, pero posteriormente afamada y legendaria banda, mundialmente conocida como “The Shadows”, reemplazó a Buddy Holly en su anunciado concierto de Moorhead, en Minnesota, tras haber fallecido en aquel lamentable accidente de avión que también le costó la vida al jovencísimo Ritchie Valens, el “versionador” de “La Bamba”, así como a Big Bopper, creador de “Chantilly Lace”, el tema que llegó a ser “número uno”, en 1958, año anterior al de su fallecimiento. La actuación de Bobby Vee cosechó excelentes críticas que le catapultaron a la consolidación de su singladura artística. Es el paradójico ejemplo en el que se funden desgracia y triunfo simultáneamente. Con tintes de homenaje, en 1963, grabó la emotiva “Remember Buddy Holly” y no ocultó, durante años, su enorme admiración por el desaparecido, al que imitaba, encantado, en determinadas interpretaciones vocales que le hubiera ilusionado que fueran suyas y que, en definitiva, eran canciones repletas de buen gusto y colmadas de ese pop cuidado y emblemático que Vee conseguía hacer sublime y celestial. Descanse en paz un verdadero creador de magisterio musical como lo fue este inolvidable artista. Buenos días.