Miguel Hernández Valverde.
En España existen más de cien VíVía Verde del Noroesteas Verdes (103) aprovechando los dos mil kilómetros que existen de antiguas líneas ferroviarias que no se utilizan.
Murcia dispone de 3 vías verdes (Campo Cartagena, Mazarrón y Noroeste), aunque sólo la del Noroeste es la que podríamos decir que se encuentra en normal rendimiento y funcionamiento.
Asturias se lleva la palma con once, la vecina Alicante cuenta con cinco propias y Almería también con tres. Por eso, creo que el nombre con el que debería conocerse esta Vía, si que importa.
Quizás sea de los pocos que defienden que la Vía Verde del Noroeste, debería dar paso a denominarse Camino de la Vera Cruz, y son varios los motivos para argumentar dicho cambio.
En primer lugar, dejaría de ‘competir’ en el plano promocional y turístico con otras regiones que ofrecen cuando menos un mismo producto, y en algunos casos con más experiencia, más kilómetros, y más infraestructura, y por lo tanto, se generaría, llamándose Camino de la Vera Cruz, una propuesta única y diferenciada, sólo comparable en la distancia con el Camino de Santiago.
En segundo lugar y si cabe mucho más determinante y fundamental, se evitaría el encorsetamiento que supone mantener en determinadas zonas urbanas un trazado que lejos de generar riqueza, sólo consigue vivir de espaldas a este proyecto, ya que para seguir manteniendo el marchamo de Vía Verde, con sus correspondientes subvenciones tanto locales como europeas, se obliga a seguir los antiguos caminos de hierro, dando lugar a situación tan disparatadas como esperpénticas.
Como muestra espero que sirvan estos ejemplos: Cehegín podría tener en el Camino de la Vera Cruz uno de sus pulmones comerciales, en cambio, al optar por ‘sacar’ al senderista o cicloturista que está realizando la Vía Verde, fuera del caso urbano, llevándolo por las afueras de la ciudad hasta las espaldas del mismo tanatorio, para despedirlo sin tan siquiera verle la cara, está haciendo un flaco favor a la ciudad en general y a su sector servicios o comercial en particular.
Hace unos meses, quedé con un familiar en la rotonda donde luce grandiosa la Cruz de Cehegín, eran las diez de la mañana, en ningún momento pudimos parar a tomar un simple café o comprar algún recuerdo a no ser que nos desviáramos del camino. Blanco y en botella.
Pero si Cehegín es una muestra más que palpable de la infrautilización de un recurso de esta naturaleza, Caravaca no se deja amedrentar. Cuando uno va llegando al final de la Vía Verde, y tras dejar atrás a tu derecha los majestuosos árboles que hacen pasillo a los vehículos que circulan con su aire acondicionado en verano, y ves que las sombras duermen durante el día al otro lado de la carretera, y maldices el día que al ingeniero que diseñó el trazado no se le ocurrió poner las vías en la margen izquierda, llegas entre concesionarios de vehículos y naves industriales casi al final de la Vía, y cuando vislumbras la estampa idílica de la Basílica Menor, zas, un bofetón te cruza la cara hacia la izquierda y te lleva entre talleres y sin aceras a la parte baja de la ciudad, en vez de tomar el barranco de San Jerónimo que te deja en el mismo corazón de la ciudad.
Lo mismo podríamos decir de poblaciones tan importantes como Mula o Bullas, pero espero que sirvan estos ejemplos.

Por eso, si algún responsable político lee este artículo, me gustaría que aunque fuera sólo como idea, se empezara a pensar en cambiar el nombre de la Vía Verde del Noroeste por el de Camino de la Vera Cruz, o cuando menos, que pudieran convivir de forma complementaria, el comercio y la industria turística se lo agradecerían.