Jesús Rodríguez Sánchez/Asociación Descubriendo Moratalla

“Sentir, que es un soplo la vida

Que veinte años no es nada”

Alfredo Le Pera

Desde que los humanos decidieron plantar semillas de aquellas especies vegetales que les interesaba consumir, o encerrar animales susceptibles de ser aprovechados como alimento, nuestra especie, no ha parado de transformar la Naturaleza a su conveniencia, y cada vez con más capacidad de convertir unos hábitats en otros. En algunos casos consideramos que “ayudamos” a la diversidad creando nuevos espacios, o añadiendo otros que se parecen a los originales; la huella que estamos dejando sobre nuestro entorno no deja de crecer y hacerse más profunda.

La ganadería ha necesitado cada vez más espacio con pastos que aprovechar, y eso lo ha conseguido, sobre todo, a costa de bosques y zonas de matorral. La agricultura, de otra manera, también ha arrebatado espacios en esos mismos lugares y, además, en las vegas de los ríos por ser más productivas.

En algún momento creo, nos dimos cuenta de que, ese proceso debía ser regulado y poner límites a una explotación que podía volverse en nuestra contra. Además, mucho más recientemente, se incorporó al proceso transformador del medio la industria, con la explotación y elaboración de las materias primas que, con frecuencia, produce desechos o materia inútil que hay que depositar en algún sitio. El proceso que llamamos “crecimiento sin límites”, podría decirse que dura ya unos 10.000 años, aproximadamente hasta el final del siglo pasado. Porque es a principios de éste cuando, al menos en la Unión Europea y con la herramienta de varias Directivas (Hábitats, Aves, Agua, etc.) se intenta poner freno a lo acontecido en los milenios anteriores.

En la comarca Noroeste se propusieron varios LICs (Lugar de Interés Comunitario) y ZEPAs (Zona de Especial Protección de Aves) dentro de la Red Natura 2000, que si bien no fueron acogidas ni bien ni mal por las gentes de la zona; hubo que esperar a la exposición pública del borrador del Plan de Gestión, para que los sectores sociales afectados de forma más directa se pronunciasen y, como era de esperar por experiencias anteriores, reaccionaron en contra de algo que, era absolutamente imprescindible, teniendo en cuenta que ni la tierra ni el agua se pueden estirar indefinidamente.

Precisamente, todo este proceso de regulación de la explotación de los recursos naturales está siendo desarrollado en los últimos veinte años. Los recursos naturales que principalmente se han explotado en el Noroeste son: el agua, la tierra y los bosques.

De manera específica podemos hacer un breve recorrido por cada uno de los recursos antes citados.

EL AGUA: Debemos diferenciar las aguas superficiales de las subterráneas; de las primeras se puede asegurar que en la memoria de los mayores principalmente, fuentes y manantiales han visto reducido su caudal tanto por causas naturales como antrópicas, que tienen que ver con el abuso que ahora veremos; además, su manejo mediante tuberías y canales supone un claro perjuicio para la flora y la fauna que necesita este recurso, anfibios especialmente. Del uso al abuso en la utilización de las aguas subterráneas solo hay un paso, la cantidad; en la comarca del Noroeste, el número de pozos que extraen aguas subterráneas para regar nuevas zonas, no ha dejado de crecer y en estos veinte años hemos podido ver como muchas áreas cerealistas, se han convertido en regadíos y que muchas plantaciones de almendros, olivos o viñas, todos cultivos de secano, han visto extender a sus pies miles de kilómetros de tuberías que les llevan agua procedentes de pozos cercanos.

LA TIERRA: El laboreo en la agricultura ha cambiado mucho en este periodo, el aumento del tamaño de los tractores necesita de la eliminación de obstáculos, terrenos baldíos y ribazos que nivelaban el terreno; el aumento del número de labores; los cultivos arbóreos intensivos; el ampliar el horario de trabajo, especialmente de cosechadoras y ocasionalmente los tractores. Todo ello ha ido reduciendo las posibilidades de supervivencia de la microfauna que habita estos medios, lo que explica que cada vez sea más difícil observar aves en nuestros campos, animales que, por cierto, son excelentes indicadores de la calidad ambiental.

LOS BOSQUES: La menor utilización de los recursos forestales, unido a la casi desaparición de la ganadería en los montes, ha provocado un cambio sustancial en los bosques, mayor número de árboles, recuperación del matorral en zonas antes sobrepastoreadas, pero no se aún a donde nos conduce esto. Si tengo claro que también la fauna que habita este medio está cambiando.

En resumen, ya tenemos legislación, ahora necesitamos con urgencia frenar el evidente deterioro de los espacios naturales, de los que tienen figuras de protección y de los que no, para que aquellos no se conviertan en islas inútiles.