PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

El argumento de nuestros dirigentes, ante las dudas creadas por la vacuna “AstraZeneca”, es que “son mayores los beneficios aportados que el riesgo que genera”, con lo que se está asumiendo que ese riesgo existe claramente y, además, ha sido comprobado en diversos ciudadanos destinatarios del fármaco. Piensen en los muchos pacientes que presentan problemas circulatorios, los sometidos al uso de “Sintrom” y otros peligros de trombosis.

¿Es necesario asumir riesgos existiendo otras marcas?. Conocemos países europeos que administran vacuna “a la carta”, como Serbia. Sus habitantes gozan de ese privilegio, ¿por qué no, nosotros?.

Lo anteriormente impensable para ciertas edades, ahora, es la “solución milagrosa”. Por favor, no nos tomen más el pelo y piensen que, si las vacunas estuvieran en las farmacias, seguramente, cada uno elegiríamos la que más nos apeteciera en defensa de nuestra seguridad y ante las dudosas informaciones que, en tal sentido, se han generado.

“Son muy pocos los casos que se han dado”, argumentan los responsables, pero, ¡oiga!, ¿no será mejor si evitamos toda posibilidad de riesgo?. ¿Que la pone Inglaterra?. Que la ponga. Para eso es de Cambridge-Oxford e intereses habrá por tal motivo. Pero no caigamos en el “mal de muchos, consuelo de tontos”. Inconcebible resulta que, por añadidura, se anuncien llegadas de “AstraZeneca” en cantidades muy superiores a las demás, jugando, adicionalmente, a camuflar el nombre de la inglesa… ¿para despistar?. ¡Qué despotismo!.

Déjennos elegir, porque, al final, el consumo generado, en materia dineraria, va a ser muy similar con una u otra vacuna. Abandonen intereses, compromisos políticos u otras cuestiones, sobre las que no deseamos dudar, sino que, simplemente, queremos vacunarnos en paz, cuanto antes y sentirnos protegidos. Buenos días.