MICAELA FERNÁNDEZ

Imponente coronando la ciudad de Mula se divisa desde la lejanía la característica estructura del castillo de Mula. Un símbolo que se mantiene más vivo que nunca y que los muleños quieren dejar de rozar para poder adentrarse en sus entrañas.

Se construye para amedrentar a un pueblo sublevado a los mandatos del marques. Durante sus inicios forma parte de la historia Región de Murcia contribuyendo a la victoria de batallas dándole la mano al pueblo guerrero. Ha sido testigo de los avatares y crecimiento de una generación tras otra de muleños viéndoles crecer y morir en el silencio de sus piedras robustas y sólidas.

Su historia más reciente forma parte del papel, papeles y derechos que le llevaron a alejarse nuevamente del pueblo y tras pasar por audiencias y juzgados quedar dormido durante varias décadas.

Sus puertas quedaron cerradas mientras el pueblo se sublevaba y rompía unos candados cada vez más sólidos. Las aventuras de batallas y secretos de una generación pasaron a ser el reto de quienes viven contra las normas. De ellos han quedado daños y pintadas en una parte de nuestra historia iluminada.

Aquellos que descienden de los que pelearon por quitarle las raíces al pueblo de Mula ahora quieren enmendar ese mal y devolver aquello que nunca deberían haberse llevado. Su dejadez ha sido la que más daño ha causado. La soledad, la falta de risas entre sus muros, las conversaciones silenciosas y el susurro del viento y la lluvia han generado grandes estragos que ahora, nuevamente habrá que enmendar.

En la historia de la Mula más reciente quedará la última batalla del pueblo para su castillo. Como una vez más y sin pedir nada a cambio volvía a defender y reclamar lo que era suyo. Y los muleños asaltaron el castillo y después, cariñosamente lo abrazaban, y en el silencio de una marea celeste le decían entre la emoción y la tristeza de quien se siente cerca que pronto todo volvería a ser como antes.

Para esa generación que jugaba entre sus entrañas, que ha podido ascender sus grandes escaleras hasta la torre del Homenaje, que lo ha visto como actor protagonista en la gran pantalla, a los que quedaron atrapados entre sus muros para siempre, a los que crearon historias y misterios que se mantienen todavía vivos. También a esa generación que nunca ha podido disfrutarlo, que lo ha visto siempre en la lejanía, que no conoce de sus salas, de sus pasarelas y ventanas. El castillo sigue ahí, en pie, coronando al pueblo de Mula y dando la bienvenida, imponente, desde la lejanía a todo aquel que se acerca a la ciudad.

Han pasado quinientos años desde que se iniciara la construcción del castillo de Mula. En este homenaje al paso de los siglos el castillo sigue creando cultura y formando parte de la historia antigua y reciente de Mula.

A través de estas páginas, realizadas con un gran cariño y la emoción del que recuerda, queremos acercarles una parte del castillo, un sentimiento, un símbolo, la historia y la pasión de quinientos años de vida, de quinientas razones para volver a visitarlo.