Juan Gutiérrez García

Este año se cumple el V Centenario del Castillo de Mula. Con carta fechada en Cuevas de Almanzora el 5 de mayo de 1520, el primer Marqués de los Vélez ordenaba a Luis Fajardo, alcaide de la fortaleza y maestro alarife, activar las obras de reforma del castillo dándole la configuración actual. Pero no solo se cumplen 500 años de las obras del castillo, también del levantamiento anti-señorial del pueblo contra la tiranía de Pedro Fajardo Chacón aprovechando la Rebelión Comunera en Castilla. El 1 de julio de este año, en un altar improvisado en la Puerta de Yéchar (Placeta Puntarrón), los muleños hacen jurar al marqués respetar sus costumbres y privilegios a cambio de entregarle el control del castillo y reconocerle como señor de la villa. Esta sublevación marcó las relaciones, ya malas de por sí, entre el marqués y la oligarquía muleña con un sinfín de largos y penosos pleitos hasta el remate de los señoríos en el siglo XIX. Hoy día, la Plataforma Ciudadana Mula por su Castillo mantiene ese espíritu rebelde de sus antepasados contra el «poder señorial» para recuperar la propiedad de la fortaleza que nunca debió ser enajenada de la villa de Mula.

Antecedentes históricos

Desde muchos siglos atrás, Mula fue una de las plazas fuertes dentro de la Kora de Tudmir, después Reino de Murcia. En el año 713 aparece en el documento árabe más antiguo de España conocido como Pacto de Tudmir firmado por el conde visigodo Teodomiro y el jefe árabe Abd al-Azīz. En este tratado, el hijo de Musa Ibn Nusair se compromete a respetar la vida de los cristianos, sus familias, religión y posesiones a cambio de que estos paguen ciertos tributos y le entreguen el mando de las siete ciudades más importantes de su condado: Uryula [Orihuela], Mūla [Mula], Lūrqa [Lorca], Lqant [Alicante] y tres más de dudosa ubicación.

Pero no tenemos noticias del Castillo de Mula hasta principios del siglo X, cuando fue entrado por Lub ben Muhammad, según nos dice una crónica árabe del siglo XIV. Un siglo después volvemos a tener noticias del Castillo de Mula cuando en 1078 Ibn Ammar, ministro del emir de la taifa de Sevilla al-Mutamid, tiene cercada la ciudad de Murcia. Ante la dificultad de conquistarla por la ayuda y suministro de vitualla que le proporcionaba Mula, las tropas del emir sevillano al mando del caudillo Ibn Rasiq toman la plaza muleña en la cual quedaría como alcaide de su castillo tras la conquista de Murcia.

A mediados del siglo XIII, Mula es reconquistada por las tropas cristianas al mando del Infante D. Alfonso de Castilla. Dice la Primera Crónica General que «Mula es villa de grant fortaleza et bien çercada, et el castiello della es commo alcaçar alto et fuerte et bien torrado». Tras largos meses de asedio, en el amanecer del 23 de mayo de 1244, el infante mandaba tomar la villa a sangre y fuego tras negarse el arráez de Mula, al-Bohacen Belcli, a rendirse diciendo a los mensajeros que «ganarían la villa cuando la mula pariese». Fue repoblada por ochenta hidalgos venidos entre sus tropas.

A finales del siglo XIII, el castillo de Mula libraba la batalla más memorable de su historia tras la invasión del Reino de Murcia por el rey de Aragón en 1296. El 28 de mayo de este año, Jaime II ponía cerco sobre Mula, tras negociar con el alcaide, este rinde la plaza y le reconoce como soberano tres días después. Pero esta alianza no duraría mucho tiempo, los muleños leales a Castilla no reconocerían la soberanía de Aragón y se sublevan en marzo de 1298. Seis años después, Mula era la única villa del Reino de Murcia que seguía resistiendo heroicamente el largo y penoso asedio sometido por las tropas aragonesas. Finalmente, en abril de 1304 consiguen derribar la puerta de levante y conquistar esa parte de la villa pero no consiguen avanzar. Unos días después de este asalto los reyes de Castilla y Aragón acuerdan la paz repartiéndose el Reino de Murcia en el tratado de Torrellas firmado meses después. Herido en su orgullo por no poder conquistar Mula, el ejército aragonés prende fuego a esa parte de la población en su retirada. Sin duda, la resistencia numantina de los muleños propició la vuelta del Reino de Murcia a la Corona de Castilla.

Todas estas hazañas no las tuvo en cuenta el rey Juan II cuando enajenó la villa de Mula de la Corona de Castilla el 12 de septiembre de 1430, para entregársela en señorío al Adelantado del Reino de Murcia, Alonso Yáñez Fajardo II. A partir de aquí, los enfrentamientos armados por el control del poder entre el concejo y el señor nos dejarían las rebeliones de 1452-57 y 1520. Más tarde vendrían los incesante pleitos a lo largo del tiempo, incluso más allá de la extinción de esta estirpe con la muerte sin sucesión del XI marqués de los Vélez al final del siglo XVIII.

La fortaleza

El Castillo de Mula corona la cresta de un cabezo rocoso descomunal que protege la villa de los vientos del norte. De planta irregular, la fortaleza consta de tres cuerpos construidos en sillería en su mayor parte: plaza de armas, torre de homenaje y torre del aljibe. De época musulmana, se conserva al mediodía algunos torreones y lienzos de la antigua muralla que protegía la población y una cerca o contramuralla conocida como albacar. Al norte sigue en pie parte de las murallas de la antigua alcazaba levantada en tapial con distinto aparejo, según la época, formando parte de la actual fortaleza a modo de patio de armas. Desde el adarve de estas murallas se accede al interior de baluarte por medio de un puente levadizo.

Con el paso del tiempo, el primitivo alcázar musulmán de tapial fue transformado en un castillo cristiano de piedra con las reparaciones que se iban haciendo al ser Mula tierra de fronteras con Granada. La estructura actual y definitiva se llevó a cabo en 1520-27 de la mano del primer marqués de los Vélez. Su fábrica pétrea de recios muros ha permitido que su estructura renacentista de corte medieval llegue casi integra hasta nuestros días.

Esta reforma se distingue claramente por la diferencia en la técnica del tracista en arcos y bóvedas y por las marcas de cantero en los sillares labrados en este periodo que determinan la obra llevada a cabo por orden del marqués. Así lo recoge la inscripción que mandó poner el Adelantado en el dintel de la puerta de acceso al homenaje. «El Marqués Pedro Faxardo Primero, erigió esta Torre y marcial castillo, edificado en otro tiempo por Antonino Pío Augusto, y le reedificó de fundamento, imperando Carlos Cesar Rey de las Españas su Señor». Algunos piensan que el marqués hizo poner esta lápida aludiendo al Imperio Romano para salvar la prohibición que había de levantar nuevos castillos. En realidad, esta prohibición venía de Juan II un siglo antes y en ese periodo se construyeron más de 500 castillos. Es más, en el siglo XVI se levantan o reconstruyen más de 100 castillos y apenas si son derrocados una decena. De hecho, una década antes el marqués construye los castillos de Vélez Blanco y Cuevas de Almanzora sin poner ninguna lápida semejante. La tradición dice que el marqués hizo construir la fortaleza para someter a sus vasallos. Los castillos eran símbolos de poderío y un noble sin castillos era menos poderoso en la Corte.

En esta reconstrucción, primero se derriba el muro norte de la plaza de armas, la torre de la veleta y parte de la torre puntada del ala oeste para construir la gran nave de los veladores con gruesa bóveda de cañón para resistir el peso de la artillería colocada en su azotea. También se ciega el viejo aljibe adosado al muro oeste del homenaje. Para ello, se levanta de nuevo el muro norte reforzado para el arranque de la bóveda. Asímismo, se construye la nueva torre de la veleta para ubicar la escalera de acceso a la azotea. Tanto la torre como el muro son sobre elevados para hacer el paseo de ronda con tribuna que protege de la lluvia la claraboya de la escalera. Al fondo de la nave se halla la sala de mando y bajo esta se encuentra la mazmorra a la cual se accede por una escotilla situada justo en el vano de la puerta que nos introduce en el zaguán de la torre de la veleta.

El acceso al homenaje se hace desde la plaza de armas por medio de un puente levadizo sobre el patio interior. La torre de homenaje del siglo XV es elevada una planta más para aposentos del señor o alcaide de la fortaleza. Esta sala es conocida como la de la reja por tener una en su ventanal mirador con bancos laterales labrados con la sillería de muro. Al igual que la nave, la bóveda es de cañón. Los parapetos de la azotea están poblados de troneras para cañón y sus adarves coronados de almenas sobre matacanes volados; con una tronera circular en sus merlones. La planta intermedia es conocida como la del archivo y en la baja se encuentra la poterna de escape. Estas dos plantas son de bóvedas rebajadas apoyadas sobre ménsulas corridas. Finalmente se levanta la torre del aljibe adosada al muro este del homenaje, la cual serviría de almacén y poterna de escape en caso de asedio. Cuenta con dos plantas más el aljibe. Es la única torre con cubierta de piedra. Cinco siglos después de esta reforma, la fortaleza está pidiendo a gritos una restauración urgente por la dignidad de la villa de Mula.