Pedro Antonio Martínez Robles

He tenido la ocurrencia de buscar en las redes, en mi teléfono móvil, “Nosotros”, aquel mítico bolero que en la década de los 60 cantaba Eydie Gorme con el Trío Los Panchos, y mientras lo escuchaba he cerrado los ojos, y me he visto en una tarde luminosa de invierno –porque también en invierno hay tardes luminosas–, junto a mi hermano Juan Carlos camino de la escuela que llamaban de Los Monaguillos, por estar en una sala aneja a la iglesia de La Merced. El camino de nuestra casa a la escuela era corto y pasaba, necesariamente, ante la puerta de la casa de juegos y entretenimientos que El Matabichos tenía en la plaza de El Convento, y allí, en una máquina electrónica de discos, sonaba entonces con frecuencia esa conmovedora canción. Y aquella tarde que ahora me viene a la memoria, al pasar, camino de la escuela, frente a este local de esparcimiento, debió llamarnos aquella magnética melodía del mismo modo que el canto de las sirenas reclamara a Ulises hacia los acantilados, de tal manera que decidimos interrumpir nuestro viaje hacia el obligado cumplimiento de nuestro compromiso escolar para pasar la tarde entre el ruido de los futbolines, las carambolas de billar y aquella canción que alguien se empeñaba en hacer sonar una y otra vez en aquella gran máquina de discos. Esa fue la única vez, que yo recuerde, que hice “novillos” en mi vida, con tan mala fortuna que vino a descubrirnos allí metidos mi primo Pepe Sevilla que, por algún motivo diferente, tampoco fue a la escuela aquella tarde. Mi primo no nos guardó el secreto de la pequeña fechoría y su delación llegó pronto a oídos de mi madre. No recuerdo ninguna reprimenda seria, sino, más bien, un pequeño toque de atención desde la siempre indulgente comprensión de mi madre; pero creo que la sensación de malestar que nos produjo aquel incumplimiento de nuestros deberes fue suficiente para no volver a caer en la tentación de faltar caprichosamente a la escuela.

He bailado decenas de veces ese bolero en los tiernos saraos de adolescencia y juventud, y es más: entre mi humilde colección de vinilos conservo el LP que contiene la canción “Nosotros”, interpretada por Eydie Gorme junto al Trío Los Panchos, y muy de tarde en tarde, en un ejercicio de nostalgia, la coloco sobre el giradiscos para escucharla una vez más mientras la cabeza se me va llenado de imágenes. En una ocasión le pregunté a mi hermano Francisco Javier, siendo éste aún muy pequeño, si no le gustaba una canción que en ese instante sonaba en la radio y que en mí, por algún motivo, despertaba mi pasión adolescente; él me respondió, con absoluta indiferencia infantil que no, que no sentía nada, que no le decía nada y que no sabía si le gustaba o no, y yo pensé: <<¡Claro! Eres tan pequeño que todavía no tienes historias que contar ni melodías que puedan acompañar a esas historias>>.

Por muchos años que puedan transcurrir, y mientras la memoria me permita almacenar el más mínimo recuerdo, tengo la absoluta certeza de que cada vez que suene cerca de mí ese viejo bolero, no sólo vendrán a mi cabeza las innumerables veces que haya podido escucharlo en los entrañables bailes de juventud, sino que, inevitablemente, volveré a recrear aquella lejana tarde de “novillos” con mi hermano Juan Carlos en los futbolines de El Matabichos, y la pequeña fechoría de aquella frustrada sensación de libertad, ya sin daño, que tanto pudo inquietarme entonces y tanto mueve hoy mi corazón.

 

26 de febrero de 2022