JAIME PARRA

Hay pocas actividades tan positivas para hacer en familia como el taekwondo, porque no sólo te ayuda a desarrollar la parte física y mental, sino que, juntarse para entrenar, puede unir a padres e hijos con un objetivo común: aprender la disciplina del taekwondo.

Iraide Sánchez

Ahora, además de la práctica de este deporte y arte marcial en familia, también han llegado a España competiciones donde competir en familia: padres e hijos, hermanos, incluso primos con primos y abuelos con nietos… siempre que haya una consanguineidad hasta segundo grado.

En Caravaca de la Cruz el Gimnasio Sin, dirigido por el maestro Sun Ho Sin Han, se ha convertido en pionero en la comarca del Noroeste en comenzar a preparar a sus alumnos para este nuevo tipo de competición.

Gabriel e Iraide

Quien nos lo explica es Gabriel Sánchez Freire, alumno del gimnasio y a su vez maestro de taekwondo en Moratalla y Cehegín, donde el arte marcial coreana vive un momento de esplendor cada año con mayor número de alumnos y con exhibiciones que congregan gran afluencia de público.

Gabriel Sánchez y su mujer Ana Isabel Rubio (como él, cinturón negro y que se ha reincorporado a la práctica del taekwondo tras dos embarazos) lograron en Pareja el oro en el Open de Lorca celebrado el 2 de octubre. Mientras que sus hijos, el benjamín Gabriel y la alevín Iraide, fueron oro cada uno en categoría individual y ya entrenan juntos para combatir en pareja.

El Gimnasio Sin lleva abierto en Caravaca más de veinticinco años y tanto Ana como Gabriel, ambos adolescentes, fueron de sus primeros alumnos.

“Conocí el taekwondo en televisión”, indica Gabriel, “mis padres me apuntaron de niño y lo que era una afición lo he convertido en una forma de vida y se lo he inculcado también a mi familia”.

A sus hijos Gabriel e Iraide los han apuntado aún a edad más temprana: ella acude con el maestro (“nos ha ayudado en todo momento a progresar en cada una de las etapas, porque cada edad tiene una etapa”) desde los tres años y él desde los dos y medio.

Gabriel recuerda de su primer combate la adrenalina subiendo y la falta de oxígeno; Ana los nervios, “pero fue fluyendo”, ya que “al final es la práctica del día a día lo que te hace cambiar de cinturón o ganar un combate.

La familia Sánchez-Rubio se plantea el taekwondo, deporte y arte marcial (donde se aprenden valores como el respeto y la integridad) a la vez, como una forma de vida mientras conviven como familia y como tal celebran éxitos y las derrotas les sirven para mejorar. Pero siempre con deportividad, ya que “quieren hacer las cosas bien y dejar un legado que lo sea también en honor de su maestro”.

Además, la práctica del deporte en familia, en palabras de Ana, hace que “pasemos más tiempo juntos y será un recuerdo para el día de mañana”.

Junto a su Maestro y otros compañeros

Un recuerdo para el futuro y un fortalecimiento de los lazos familiares en el presente, asegura el maestro Sun Ho Sin Han, quien cuenta con otros alumnos con lazos familiares de los que espera que, a pesar de que continúen compitiendo individualmente, se animen a probar en familia.

Porque al final y, aunque en las clases en el Gimnasio Sin los alumnos aprenden y se divierten, Iraide y Gabriel, los hijos de Ana y Gabriel, coinciden en que es en los campeonatos donde más disfrutan a pesar de su corta edad.

Campeonatos de los que el Gimnasio Sin suele regresar cargado de medallas, como el reciente y ya mencionado Open de Lorca, en el que obtuvieron once medallas, como las conseguidas entre otros por Alejandro, José Carlos Fernández Morenilla y Domas Gladkauskas.

Mientras entrevistamos a Gabriel y Ana, observan como Iraide no se pierde ni un movimiento de su hermano Gabriel en el tatami e interviene cuando necesita su ayuda con algún movimiento.

Pronto, ambos hermanos competirán juntos contra otra pareja de hermanos y, mirando al futuro lejano, quién sabe si Gabriel y Ana lo harán con sus nietos. Porque para esta familia de oro, como no han dejado de repetir, el taekwondo no es tan solo un deporte o un entretenimiento, sino que se ha convertido en una manera de vivir.