FÉLIX MARTÍNEZ/FILÓSOFO

Este artículo se encuentra bajo el patrocinio del Gobierno de España. Al menos es el instigador del mismo. En mi primer artículo, el cual presumiblemente se haya evaporado de las retinas del lector, os dije que estas líneas no hablarían de política: os mentí solo a medias. No era mi intención hacerlo, este artículo en un origen iba a tratar sobre lo mucho que Schopenhauer quería a su perro, así tal cual. Sin embargo, el viernes pasado la Comisión de Educación del Congreso, con los votos del PSOE, rechazó que la Ética fuera asignatura obligatoria en el currículum académico de cuarto de la ESO.

Estas líneas no van hacia los lectores de nuestro presente, acaso tampoco los del pasado, sino que van orientadas indefectiblemente hacia el porvenir. Las futuras generaciones se estarán preguntando: “¿qué es eso de la Ética que parece causar tanto revuelo?”. Pues expuesta de una manera general la ética sería la ciencia que se hace cargo del estudio del comportamiento humano tanto a nivel privado como a nivel público. No solo trataría sobre el bien o el mal, sino que abarca ámbitos tan dispares como la bioética, la ética normativa -que sería la que se encarga de establecer unos principios morales en base al deber-, la dianoética o las éticas aplicadas como por ejemplo a las empresas o al medioambiente. Prácticamente no encontramos en la historia de la filosofía occidental a ningún autor que no haya realizado estudios en esta disciplina, bien de manera directa o bien de manera indirecta y esto es por un motivo muy simple: todo posicionamiento es un actitud ética.

Me gustaría traeros una pequeña muestra de una de mis éticas fetiche: la enfocada en la eudaimonia, que quiere decir felicidad. Esta corriente ética nos muestra como lo que anhela el hombre, a lo que aspira, en definitiva, su telos, es la felicidad como un fin en sí mismo. Este es el problema fundamental al que se tiene que enfrentar la ética según Aristóteles. Creo humildemente que, como muestra, está bastante bien esta concepción de la ética. Hay una cantidad sumamente ingente de tratados y estudios en ética por lo que dejo a elección del lector que se acerque a aquella que más le pueda interesas, si es que acaso le interesa alguna, aunque le advierto que no se va a poder escapar de un posicionamiento ético u otro.

De otro lado, también cabría preguntarnos: ¿es necesaria la ética? ¿Podríamos vivir en un mundo sin ética? No digo un mundo alejado de la ética -aspecto que es susceptible de un amplio debate-, sino que me refiero al hecho de si sería posible la fundamentación de una sociedad excelsamente ética, pero sin la necesidad de que esta fuera una asignatura obligatoria. Sobre este último punto parece que circunda la cuestión básica de si la ética debe (normatividad) que ser necesaria o simplemente no mostrar a las mentes de los jóvenes la existencia de esta disciplina. ¿Qué pasaría si fuera otra asignatura? Con esta pregunta os emplazo hasta la semana que viene.