Pedro Antonio Hurtado García

Nuestra sección de obituarios habitual está, casi siempre, enfocada a artistas del mundillo musical, pero nunca hemos dejado olvidados a grandes periodistas y excelentes comunicadores a los que, como recordarán nuestros lectores, por poner solamente algunos ejemplos, dedicamos nuestra página: Jesús Hermida, Constantino Romero, Concha García Campoy y otros muchos tan queridos y admirados como el comunicador que el pasado fin de semana nos dijo adiós para siempre: Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador (04-07-1935, Montevideo-Uruguay/07-06-2019, Madrid-España). Ese amante, alquimista, mago y enamorado del medio televiso al que tanto deben, y debemos, artistas, periodistas, profesionales de la comunicación, técnicos de realización y demás oficios derivados del mundo audiovisual, así como espectadores sencillos, simples y humildes, que pudimos comenzar a otorgar importancia al medio televisivo gracias a la magia, la intensidad, la imaginación y la capacidad comunicadora de los programas de Chicho, quien, a veces, firmaba sus guiones con el seudónimo de Luis Peñafiel.

Un Goya.-Siempre se declaró como hombre de la televisión y el teatro que había hecho incursiones en el cine. Cuando recibió el Goya, ya en un estado de salud muy debilitado, todavía le sobró humor para decir aquello de “este Goya ha estado muy bien otorgado”. Y es que, bromas al margen, ciertamente era así, porque, él, descubrió valores en la comunicación que otros no supieron ver.

El “1, 2, 3…”.-Además de sus infatigables “Historias para no dormir”, siempre vistas con cierto recelo de miedo por sus impactantes contenidos, ya que el sobresalto podía venir en cualquier momento, cabe referirnos a su programa estrella que entresacamos de lo mucho y bueno que hizo para la televisión y el teatro y, tal como decíamos, un poquito, también, para el cine. Ese programa estrella era el incombustible “1, 2, 3…” que, temporada tras temporada, reunía, en torno al televisor, a toda la familia, en la noche de los viernes, día de la semana preferentemente elegido por la televisión pública para su emisión, pese a que se ofrecía en aquellos años en los que la competencia, en la pequeña pantalla, no existía más que entre la propia emisora pública, a través de su primera y su segunda cadena.

Sorprendente.-Allí, en ese concurso, pudimos descubrir al mago televisivo, al visionario, al mítico, al insuperable Chicho que gozaba de una imaginación extraordinaria para, cada semana, sorprendernos con un nuevo decorado, un argumento diferente, un motivo como hilo conductor y un ambiente creado con mimo, trabajo, los escasos medios de la época y la deficiente tecnología que imperaba en aquellos años, pero con una mentalidad, una ilusión, unas ganas y un ánimo de agradar al espectador que solamente sabía ofrecer Chicho y todo su equipo, al que contagiaba esa ilusión y ese compromiso en el que se embarcaba todo el colectivo humano que participaba en la creación del programa.

Generosidad.-Concedió oportunidades profesionales a muchísima gente, pero unas oportunidades extraordinariamente valiosas y, desde luego, verdaderamente impagables, pues son esas que se otorgan cuando no hay recorrido trazado, cuando la experiencia es nula y cuando nada se ha hecho para merecerlo. Pero, él, sabía en quienes depositaba su generosidad y confianza y no solamente les concedía la oportunidad, sino que, además, se responsabilizaba de “apadrinarles”, tal como hizo con esa larga nómina de afamados humoristas, actores, actrices, presentadores y comunicadores de todo tipo que han salido de “su factoría”: Victoria Abril, Lydia Bosch, Paula Vázquez, Silvia Marsó, Nina y las muchas azafatas triunfadoras que dejamos en el tintero. Humoristas como Bigote Arrocet, Ángel Garó, “Dúo Sacapuntas”, Beatriz Carvajal, Juan Tamariz, Fedra Lorente o Paco Arévalo. Presentadores como Kiko Ledgard, Mayra Gómez Kemp, Jordi Estadella, Josep María Bachs, Miriam Díaz Arocao Luis Roderas, así como los personajes que formaban el equipo de “control económico”: los “Súper Cicutas”; técnicos que destacaban por sus valores al crear ambientes irrepetibles en unos momentos en los que la televisión era, todavía, en blanco y negro, pues no olvidemos que el programa se creó en el año 1972, gracias a los conocimientos, a la imaginación, el ingenio y la forma de asumir riesgos del fallecido Ibáñez Serrador.

Frases inolvidables.-Quedaron para la historia y para el soniquete popular frases como “22, 22, 22…” o “la plaza estaba ‘abarrotá’”, del “Dúo Sacapuntas”; el “no, hijo, nooooo”, de Antonio Ozores; “…y eso dueleeeee”, de Fedra Lorente “La Bombi”, amén de otras socorridas muletillas que todavía recordamos y observamos como se practican, a pesar de que han pasado los años de manera tan amplia como innegable. Hubo una calabaza que se hizo famosa con el nombre de “Ruperta” y que decepcionaba a los concursantes cuando les tocaba, mientras que cobró especial relevancia inmobiliaria Torrevieja, La Manga del Mar Menor y la oriolana urbanización “Punta Prima”, gracias a los chalets que regalaba el programa en esos lugares.

Con 83 años, su factoría “ha echado la persiana”, su imaginación se ha apagado, su trayectoria ha encontrado fin como consecuencia de una enfermedad infecciosa que ha terminado con la vida de un director cinematográfico, un realizador de televisión, actor, guionista, director teatral y mejor persona, al que todos debemos mucho, porque nos brindó espacios del siglo XXI cuando transcurría la segunda mitad del siglo XX. Y es que era un adelantado incorregible y un genio incuestionable. Podríamos escribir páginas y más páginas en base a su amplio bagaje profesional, pero el espacio se acaba y solamente nos queda invitarles a que digan con nosotros algo que, seguro, les sonará: “…Y hasta aquí, puedo leer”. Buenos días.