Pedro Antonio Hurtado García

Con esa muerte que no para, solamente no queda, de ellos, su inolvidable música, sobre todo cuando se trata de los “grandes”, artistas con mayúsculas, intérpretes valorados y gente para tener siempre en la memoria. Andrew James Weatherall (06-04-1963, Windsor-Berkshire-Inglaterra/17-02-2020, Londres-Inglaterra), músico, compositor, Dj, remezclador y productor, artísticamente conocido como Andrew Weatherall, se nos ha ido con solamente 56 años, siendo clave su quehacer en la historia de la música británica elaborada en los últimos 40 años. Su óbito tuvo lugar, de madrugada, en el “Whipps Cross Hospital”, de Londres, presentando, como causa, una embolia pulmonar en la que, lamentablemente, el coágulo sanguíneo llegó a su corazón, por lo que su muerte se produjo como pacífica, pero muy rápida.

Piedra angular.- El movimiento acid house fue esencial en su carrera, llegando a considerarse a Weatherall como la piedra angular de ese género musical, ya que fue uno de los más importantes pioneros de su aparición, catapultándole a convertirse en uno de los Dj’s más cotizados, solicitados y admirados, especialmente en la década de los años ’80 del pasado siglo XX. Destacan en sus remezclas canciones importantes relacionadas con bandas y solistas como “The Future Sound of London”, “My Bloody Valentine”, “Happy Mondays”, Björk, “The Orb” o “New Order”, así como también merece especial mención su ímprobo trabajo de producción en el álbum “Screamadelica”, dePrimal Scream”, de GlasgowEscocia-Reino Unido. Su lucimiento fue especial al incorporar samples, loops y configurar una revolucionaria y atrevida mezcla de rave, house y hard rock. Todo ello, le sirvió al referido disco para lograr el primer “Premio Mercury Music”, en 1992, lo que convirtió al álbum en uno de los más atractivos y valorados de los ‘90. Siempre pendiente de lo que acontecía en los clubs, en la calle y en todos los ambientes musicales, llegó a formar su propia banda, “The Bocca Juniors”, junto a Anna Haigh, Hugo Nicolson y Pete Heller, con los que, sin dejar transcurrir mucho tiempo, editó dos sencillos muy bien aceptados por público y crítica. Pero también formó las bandas “The Sabres of Paradise” (1993) y “Two Lone Swordsmen” (1996). En su oficio principal, continuó remezclando a artistas de todo tipo, condición y género, debutando, en 2006, como solista, gracias al “EP” titulado “The bullet catcher’s apprentice”. También un disco, en solitario, en 2009, bajo el título de “A pox on the pioneers”. Fue su álbum postrero “Qualia”, que data de 2017. En cualquier caso, su primer trabajo de estudio reconocido fue el remix titulado “Hallelujah”, pensado, diseñado y concebido para “Happy Mondays”. Todo ello, le llevó a que se le considerase como el “padrino” de la música electrónica, amén de que su trabajo también sirvió para que pudiera entenderse, hoy por hoy, la mayor parte del repertorio de la música indie

Desde muy jovencito.- Comenzó, en su adolescencia, asistiendo a sesiones de soul weekenders, fiestas disco y funk. Se marchó de su casa, a los 18 años, luego de graduarse en la escuela de gramática de su lugar de residencia. Afrontó una amplia colección de trabajos, entre los que pueden citarse carpintería, muebles y hasta obras de construcción. Llegado el final de los ’80, se instaló en Londres, aprovechando sus conocimientos musicales, para explotar su condición de Dj en fiestas y otros acontecimientos sociales propios para la celebración. Varios contratos en lugares muy estratégicos lo ensalzan como especialista en indie del norte, soul y otros géneros adecuados para esas fiestas, con ritmos bailables, divertidos y que, él, sabía colocar en los momentos oportunos para goce de la concurrencia. Todos esos conocimientos le sirvieron para iniciar oficio como periodista musical independiente, tarea para la que utilizaba su propio nombre, así como el seudónimo “Audrey Witherspoon”. Fundó la revista “Boy’s Own” al lado de Steve Mayes, Terry Farley y Cymon Eckel. Inicialmente, lo hicieron en ese formato o presentación que se dio en denominar “fanzine”, razón por la que incluían comentarios, noticias y entrevistas sobre música, sí, pero también moda, fútbol o la indumentaria que se enfundaban sus amigos, así como otros temas de actualidad que podían interesar a los melómanos.

Espíritu creativo.- Siempre activo e inquieto, organizaba fiestas, como “A love from outer space”, así como festivales, entre los que destaca el “Convenanza”, de Carcassone. Y, muy recientemente, había manifestado la probabilidad ilusionante de volver a convocar a “The Bocca Juniors” para sentirlos sonar y hacer vibrar al público. Es cierto, igualmente, que el indie británico no podrá, nunca, atender la deuda que con Weatherall tiene contraída a perpetuidad, sobre todo por la enorme apertura que este género vivió durante la década de los ’90. Su trabajo, además, configuró, en gran medida, el sonido de la primera mitad de los años ’90. Weatherall se hallaba apoyando la relación existente entre folk y trip hop, logrando hacer de la electrónica un arte y un fundamental recurso, situándola en la cima del más purista de los géneros con los que el productor mantuvo como trabajo. Andrew Weatherall se refirió siempre al humor como un antídoto importantísimo en su mundo ideológico musical. Se le conocía, además de con su nombre artístico, como “El Mayor”, “El Presidente” o “El Guv’nor”, que no eran más que tres de los numerosos “títulos” o apodos cariñosos que tenía asignados.

Vida de artista.- Descanse en paz un músico que dedicó su vida a este arte, que se hizo reconocer con un trabajo nada sencillo, que fue respetado, querido, considerado y valorado y que nos deja a una edad verdaderamente “prohibida”. Buenos días.