Franciso Fernández García

(Archivo municipal Caravaca de la Cruz)

Hace tiempo que tenía ganas de escribir La Salerito, en 1912sobre La Salerito, a la que considero uno de los personajes caravaqueños más atractivos del primer cuarto del siglo XX, por eso aprovecharé la circunstancia de que se cumple en estas fechas el 130 aniversario de su nacimiento para hacer un recorrido en dos entregas por parte de su trayectoria profesional, utilizando como base las numerosas noticias de prensa que a lo largo del tiempo he podido reunir y que se inician en 1911, con La Salerito a punto de cumplir 30 años y ya convertida en una estrella de renombre en el mundo de las variedades. De su etapa anterior, de la que conozco algunas facetas gracias al testimonio de Antonio Medina, uno de sus grandes amigos y gran apoyo en los años finales de su vida, tan solo reseñar que nació en el número 14 de la caravaqueña Cuesta del Castillo el 23 de julio de 1881, imponiéndosele el nombre de Antonia Brígida, sus padres eran Fernando Martínez y Maravillas Burruezo. Siendo joven marchó a Madrid entrando a servir en la casa de un acaudalado matrimonio caravaqueño, al parecer mantuvo relaciones con el marido y se quedó embarazada, por lo que tuvo que dejar el empleo y la casa; fue entonces cuando decidió dedicarse al mundo del espectáculo en el que podía explotar tanto sus cualidades artísticas como su belleza, gracia y salero, de ahí su nombre artístico.

 

Sus comienzos no fueron fáciles, pero poco a poco fue afianzándose consiguiendo el favor del público y triunfando en todos los lugares donde se presentaba, «El mayor elogio que pudiéramos tributar a La Salerito, es afirmar que su arte encanta por igual al público de uno y otro sexo, toda vez que en su repertorio cuenta con bellas canciones y genuinos bailes». De esta primera época existe un folleto publicitario de una actuación en Caravaca, en un teatro provisional instalado en el Trinquete de la Corredera, en el que advierte de la moralidad del espectáculo; eran los tiempos de la sicalipsis y La Salerito quería desmarcarse de esta tendencia. En la publicidad se anunciaba el estreno de las canciones “Pena, pena”, “Malagueñas” y “Granadinas”, que pronto se convertirían en éxitos, no hay que olvidar que además de sus actuaciones en público, La Salerito desarrolló una relevante carrera discográfica para el sello Columbia, para el que realizó diversas grabaciones.

Las noticias más antiguas que he encontrado están fechadas a principios de 1911 y se refieren a sus actuaciones en Cuba, en las ciudades de Remedios, Cienfuegos, Veracruz y La Habana, dentro de la larga tournée que estaba efectuando por Centroamérica y en la que también visitó México. En La Habana actuó en dos teatros, el Variedades y el Actualidades, cosechando en ambos grandes triunfos, al igual que en el resto de ciudades, convenciendo tanto al público como a la crítica: «la hermosa y notable cupletista y bailarina La Salerito posee en el arte cualidades supremas para triunfar por todas partes».

En marzo anunció su regreso a España, pero antes hizo escala en Costa Rica, contratada para actuar en el Teatro Variedades de San José, donde obtuvo tal éxito que fue preciso prolongar su estancia, demorando su regreso a España y teniendo que aplazar varias actuaciones que tenía concertadas en Levante y Andalucía. En este viaje incorporó nuevas canciones a su repertorio, pasando a anunciarse como cupletista-bailarina, género flamenco, canciones cubanas, jotas y monólogos; «sus canciones cubanas, que interpreta magistralmente, van haciéndose populares».

Llegó a España a finales de julio, la prensa recogió la noticia señalando el éxito y las cualidades de la cantante caravaqueña: «Su larga campaña por las Repúblicas Mexicana y Cubana confirmaron en alto grado su fama adquirida en España, y si como bailarina de flamenco supo conquistar incesantemente ovaciones, como cupletista logró puesto preeminente entre las mas celebradas estrellas del género. La Salerito no es una bailarina mas, ni una de tantas coupletistas; se destaca por la originalidad de sus canciones, por el clasicismo de sus típicos bailes, en los que introduce modificaciones que luego son seguidas, como reglas, por sus imitadores». Antes de lanzarse a recorrer España y cumplir con sus múltiples compromisos regresó a su ciudad natal, presentándose ante sus paisanos el 15 de agosto en el Teatro Thuillier. Permaneció en Caravaca hasta mediados de septiembre, realizando el día 11 y con el aforo completo una función a beneficio de la Stma. y Vera Cruz.

A continuación marchó a Sevilla, contratada para el aristocrático Salón Llorens, recién ampliado y remodelado. Allí volvió a triunfar, «evidenciando desde el primer instante ser justa su fama; triunfó en toda la línea y en premio a su meritísima labor escuchó atronadoras ovaciones de entusiasmo». Tras Sevilla continuó su periplo andaluz en el Teatro Mora de Huelva y en el Salón Venus de Gibraltar. A mediados de noviembre llegó a Madrid para actuar en el Petit Palais, donde debutó «con un éxito de los mayores» el día 18, gustando mucho sus canciones cubanas y andaluzas, que a menudo tenía que repetir ante la insistencia del público. En Madrid consiguió «grandes triunfos todas las noches», pero tuvo de dejarlo y viajar a Valencia, donde tenía comprometidas varias fechas en el Salón Novedades. En Valencia se repite el éxito, por lo que prolonga su estancia hasta mediados de diciembre, «con delirio se la aplaude desde el día de su debut». Seguidamente regresa a Caravaca, permaneciendo los días de navidad actuando en el Salón Novedades «gustando como siempre al público».

A principios de enero de 1912 se presentó en el Teatro Principal de Castellón, donde el público la esperaba con impaciencia, viajando después a Barcelona contratada por la empresa del Teatro Gayarre. También en la ciudad condal conquistó al público, «¿Gracia?, ¿Gusto?, ¿Arte?, ¿Voz?, ¿Lujo?… De todo hay en esa personilla». Su indiscutible éxito hizo que fuera prorrogada durante un mes más, pero como los empresarios se disputaban su presencia decidió cambiar aceptando la mejor oferta: «La Empresa de La Buena Sombra que, cuando se trata de arte no escatima dinero, ha ido a La Salerito y, billete tras billete, se la ha llevado con el interés que uno mira una cosa grande, y en este music-hall tienen ustedes a Antonia Martínez, la Salerito como estrella y proporcionando unos llenos, que ni en la iglesia en misa de doce».

A finales de febrero, tras haber sido prorrogada dos veces, abandonó Barcelona ya que tenía comprometidas otras actuaciones en Madrid, pero antes pasó unos días en Caravaca donde actuó en el Salón Novedades; recibiendo en la función de despedida, «valiosos regalos e innumerables canastillas de flores, La Salerito, emocionada, dirigió breves palabras al auditorio lamentando no poder continuar entre nosotros por tener que cumplir un contrato en un Teatro de esa Corte». Se presentó en la capital el 11 de marzo en el Salón Madrid, donde continuó con su impresionante racha de triunfos: «tan hermosa como elegante artista es objeto a diario de ruidosas y merecidas ovaciones». Una semana mas tarde organizó una fiesta taurina en la Plaza de Toros de Carabanchel bajo la dirección de su marido, el novillero Platerito de Córdoba, a la que asistieron gentes del mundo del espectáculo, artistas, periodistas y escritores.