MANUELA SEVILLA ARNAO

Calasparra, conocida como la Mesopotamia murciana “entre ríos”, está surcada por cuatro: el río Segura y sus afluentes Moratalla, Argos y Quípar, paradójicamente en una región árida y con escasez de agua. Pero solo el Pantano de Alfonso XIII está íntegramente dentro del término municipal de Calasparra, localidad rodeada del Pantano del Cenajo (Hellín, Socovos, Férez y Moratalla) y el Embalse del Argos (Cehegín).

El origen de este pantano viene determinado por las constantes inundaciones a lo largo de la historia ocurridas en la Vega del Río Segura, siendo la más famosa la riada de Santa Teresa en 1879, pero también por la crisis agropecuaria que asoló a toda Europa en el último tercio del S. XIX y que demandaba una reforma agraria. A lo largo de la historia varias personalidades propusieron su construcción. Fue Joaquín Costa, abogado y líder Regeneracionista, el primero que propuso una política nacional hidráulica y en especial del Río Segura, nombrando la desviación del Quípar. En 1884, por Real Orden, se creó una Comisión para el “Estudio de las Obras en defensa contra las inundaciones en el Valle del Segura” presidida por D. Ramón García Hernández, ingeniero y diputado, que designó a D. Luis Gaztelu, ingeniero y profesor de Cálculo, como parte de esta comisión. De aquí nació el proyecto presentado en 1886, en el que proponen la construcción de este Pantano, llamado del Quípar, con su correspondiente estudio. También nombraremos como personaje propulsor de este pantano a D. José María Cañizares, Secretario del Ayuntamiento de Calasparra y que colaboró activamente con datos geográficos y climáticos en este proyecto, así como representante de la Junta local de Calasparra en 1885, en el “Congreso contra las Inundaciones de la Región de Levante” con tres propuestas: “el canal de Rotas y las presas del Quípar y del Argos”.

En 1902 se iniciaron los trabajos del pantano acordándose cambiar el nombre en memoria de su majestad el Rey, llamándose Pantano de Alfonso XIII para lo que se colocó una lápida de mármol que estaba situada a la entrada del túnel, aunque los calasparreños lo seguimos llamando “Pantano del Quípar”. En 1903 se inauguraron los trabajos de la presa con la asistencia del Ministro de Agricultura y Obras Públicas, D. Rafael Gasset y Chinchilla, y los alcaldes de Calasparra, D Gabino Ruiz Soler, y de Cieza.

Durante todos estos años fueron numerosos los obreros que participaron en las obras del pantano, muchos de nuestro pueblo. En 1907 se contabilizan 275 obreros, muchos de ellos acompañados por sus familias, que vivían en cuevas originadas en las montañas kársticas y en almacenes construidos para albergarlos. También se realizó una ermita para el culto dominical. Ya finalizado el pantano, quiso el Rey Alfonso XIII visitarlo pero la mala fortuna, o mejor unos pocos kilómetros de carretera sin terminar de construir, fueron los que robaron a Calasparra todo el protagonismo de la llegada del rey al pantano del Quípar, pues al hacerlo por la Estación de Cieza en vez de por la Estación de Calasparra, entró por esta parte, quedando ligado el pantano a Cieza. Así lo sitúa la prensa de la época, sin nombrar ni una sola vez el pueblo de Calasparra.

El Rey salió de Madrid en la noche del 3 de Abril 1925, durmiendo plácidamente en el vagón real del tren correo. En la estación de Calasparra subieron al tren el Gobernador Civil, el Rector de la Universidad y el Alcalde, Sr. Pérez Ruiz, llegando a la estación de Cieza el día 4 a las 7.45 para visitar el embalse que lleva su nombre y la Central Hidroeléctrica de Almadenes.

Acompañaban al monarca su secretario personal, D. Emilio Torres, y D. Torcuato Luca de Tena, director del periódico ABC, entre otros. Fue recibido por autoridades civiles y militares (España estaba gobernada entonces por un Directorio Militar bajo la dictadura de Primo de Rivera y el beneplácito del propio Rey), vestía uniforme de Capitán General de Infantería, y seguidamente se dirigió hacia el Pantano, acompañado de un séquito de 14 automóviles entre los que estaban representados un largo etcétera de entidades y organismos oficiales

Nada más llegar al Pantano se le ofreció un “lunch”, desayuno al aire libre, debido a la temprana hora que era, servido por D. Gregorio Barnés, repostero del Casino de Murcia, en el pequeño islote dentro del embalse. Para la ocasión se realizó un pequeño cenador de cañizo, plantas y flores; al fondo se colocó un enorme plano del pantano, con una mesa adornada con flores rojas y amarillas, presidiendo el monarca con otros comensales civiles y militares. Después de este almuerzo, recorrió las galerías de desagüe e hizo funcionar sus compuertas, precisamente construidas por la empresa “La Maquinista Terrestre” de Miguel Zapata que en Calasparra por estas mismas fechas había construido el cable aéreo minero que llegaba a la Estación de Ferrocarril. Y así el Pantano del Quípar se convirtió en un pantano real ya que fue invitado a navegar en una embarcación a motor llamada “gasolinera” dando una amplia vuelta por las aguas calasparreñas (aquí no hubo caminito del rey, sino paseo fluvial). Seguidamente tomaron el camino hacia la central de los Almadenes, donde el monarca sería obsequiado por el Consejo Directivo de la empresa con un banquete en la sala de máquinas, otra vez comiendo encima del Río Segura literalmente. A su regreso de Los Almadenes, fue aclamado fervorosa y multitudinariamente cuando atravesó las calles de Cieza en dirección hacia Alicante (ABC 5/4/1925).

El entorno que vio el monarca fue espectacular, como hoy en día, considerado como uno de los humedales continentales más importantes de la Región de Murcia, pues alberga un gran número de aves acuáticas. Por ello toda el área del embalse y sus alrededores están declarados LIC (Lugar de Interés Comunitario) dentro de la zona ZEPA (Zona Especial de Protección de Aves) denominada “Sierra del Molino, Embalse del Quípar y Llanos del Cagitán”. Pero si hubiera entrado por Calasparra desde la Estación, con la vista de los arrozales, , el cable áereo transportando vagonetas por encima de su cabeza ,continuando por la carretera hacia Mula, habría cruzado por el Puente de Hierro, ya construido, y mirado a lo lejos las Salinas de la Ramona, terminando el camino en la misma coronación de la presa y toda España habría puesto en el mapa a Calasparra y su Pantano.

No volvería a estar tan cerca de Calasparra hasta el año 1931, camino del exilio, cuando salió de Madrid vía Albacete, pasando por la Venta del Olivo para llegar a Cartagena en su coche de alta gama, un Duesenberg de chasis largo, que veloz recorrió la carretera, admirando el paisaje que nunca más volvería a ver.