Francisco Carreño Sandoval
Cuando funcionan las instituciones, fluye la inversión y el consumo. La situación actual es consecuencia del estado de desánimo que nos invade, no creemos en nuestro entorno gestionado por esta estructura política, hemos creado un monstruo queEstado de derecho nos devora y se han demonizado bajo burdas consignas políticas e ideológicas principios básicos de funcionamiento de la convivencia.
¿Cómo es posible haber llegado a esto? Y sobre todo para los que conservamos una mínima esperanza, ¿cómo salir de aquí?.
Alguien dijo que todo empieza por una buena pregunta, y ¿porqué no nos las hacemos?. No reflexionamos sobre lo que nos acontece diariamente, en nuestra vida cotidiana estamos embriagados y predispuestos a aceptar todo, como un mal mayor a pesar de financiar y mantener nosotros la estructura de sociedad.
He recibido esta mañana una carta certificada de un Ayuntamiento, contenía con premura la presentación de una cantidad de documentación que se puede tardar varios días en recabar, incluso una de la peticiones eran los recibos del IBI (contribución) pagados en tiempo y forma, el propio Ayuntamiento me pide el IBI (¿). Pensaba en las personas con menos capacidad de reacción, la preocupación y ansiedad que les puede generar esta manera de proceder, tener que contratar servicios de gestión porque no lo entienden, no tienen tiempo o salud o no pueden abandonar su trabajo para resolver estos apremios. Reaccioné llamando por teléfono porque me parecía absurdo y resulta, tras averiguaciones, que la carta se expedía a todo el mundo, porque se presumía, hubiera cumplido o no con el trámite burocrático, que al incumplirlo la mayoría, fijaba el funcionario un 90%, yo era también sospechoso de incumplir a pesar de haber procedido correctamente en el pasado. ¿Puede ser más malévolo y perverso el planteamiento?.
Pero, ¿cómo es posible prejuzgar en un Estado de Derecho?, en un país desarrollado, en una democracia occidental y que nuestras administraciones públicas puedan actuar de esta manera. Algo falla, hemos ido demasiado lejos dejando hacer a nuestros administradores. Si pudiéramos decirles que mañana no vuelvan. En lugar de proteger, ayudar, estimular. gestionar eficientemente al administrado, se actúa presumiendo que te pareces a la mayoría, por aquello de la ley de los grandes números. Me recuerda lo sucedido con la banca y que nos ha llevado a esta situación de crisis financiera. En lugar de cumplir con el principio básico del negocio bancario, desde hace centurias, estudiar y medir de manera individual el nivel de riesgo del deudor se pensaba en compensar por la ley de los grandes números.
Quién puede creer, tener fe en el cumplimiento de los contratos, los mercantiles y los sociales con estas maneras de proceder, ¿cómo recuperar la confianza en la convivencia y que consecuencias tendría no hacerlo?.